Sobre la risa en el discurso aforístico

aforismo

Reseña publicada en la revista Signos Lingüísticos. 

IRMA MUNGUÍA ZATARAIN Y GILDA ROCHA (2011), EL HUMOR Y LA RISA EN EL DISCURSO AFORÍSTICO, MÉXICO, EDICIONES SIN NOMBRE/ CONSEJO NACIONAL DE CIENCIA Y TECNOLOGÍA/UNIVERSIDAD DE SONORA (COL. RELÁMPAGO LA RISA)

Ante un género fugaz y lúdico como es el aforismo, es relevante preguntarse cuáles son las estrategias con las que una breve frase, como un dardo que perfora en las capas más endurecidas de las conciencias, hace caer ideas defendidas por muchos; el aforismo se asemeja a esas voces contestatarias que con humor, en los bordes del discurso autoritario, lanzan verdades en la penumbra. Nacidas por la inconformidad y el desencanto, estas sentencias se acompañan de la risa que con estruendo desnuda la hipocresía, la doble moral y la seriedad con las que en ocasiones se nos intenta explicar el mundo. Precisamente con este ánimo transgresor y risueño ha sido escrito El humor y la risa en el discurso aforístico, ensayo que, además de recuperar un interesante corpus, da cuenta de las astucias a las que acuden estos textos en los cuales se muestran nuevos y desafiantes puntos de vista, capaces de hacer endebles las convenciones y creencias sociales más arraigadas.

Publicado por Ediciones Sin Nombre, la Universidad de Sonora y avalado y financiado por el Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología, El humor y la risa en el discurso aforístico es el tercer título de Relámpago la risa, colección que vio la luz en 2011 y que es coordinada por las investigadoras Martha Elena Munguía Zatarain y Claudia Gidi, ambas adscritas al Instituto de Investigaciones Lingüístico-Literarias de la Universidad Veracruzana. Con cuatro opúsculos publicados, Relámpago la risa forma parte del proyecto “Manifestaciones estéticas de la risa”, que tiene como objetivo el estudio y la edición de textos relacionados con este tópico. La apuesta fundamental de esta colección es la recuperación de obras que por alguna razón han pasado inadvertidas, así como la publicación de ensayos breves y traducciones —todos ellos desde un horizonte humorístico— que permitan entender la risa como un elemento transgresor y catártico que extiende la comprensión de nuestra cul- tura desde otras latitudes.

Las autoras de este ensayo, Irma Munguía Zatarain, profesora de Lingüística en la Universidad Autónoma Metropolitana, y Gilda Rocha Romero, profesora de Literatura en la Universidad Pedagógica Nacional, regresan en esta obra a un género del que ya han realizado importantes estudios: en 1992 publicaron Aforismos: Una selección libre, y en 2007 el Diccionario antológico de aforismos. Ahora bien, lo que distingue a este trabajo de los anteriores es que la selección y el comentario de cada uno de los textos breves se elaboró en el horizonte del humor, desde una perspectiva irónica, paródica y lúdica, acentuando la crítica que elabora el aforismo de manera juguetona y persuasiva con las opiniones generales, los prejuicios arraigados en la sociedad y los decires más populares. Un solo ejemplo de lo anterior es la frase “La pereza es la madre de todos los vicios”, que es profanada y recompuesta por el siguiente aforismo de Wilde: “La pereza es la madre de la perfección”.

Las catedráticas inician su estudio definiendo el aforismo como un género mnemotécnico cultivado desde la antigüedad, cercano a los textos filosóficos. Con el humor como base, construye “revoltosas verdades” las cuales cuestionan el saber monolítico y solemne que rige buena parte de los discursos y dirige nuestra comprensión del mundo. En el aforismo se escuchan voces críticas que desacreditan “el engreimiento sombrío de los moralistas que no ríen” inscrito en la tradición; se distingue de otros géneros como la sentencia, las greguerías, los clichés o las “citas citables”, textos con los cuales comparte características como la brevedad, pero que tiene como diferencia primordial su nacimiento desde un ánimo transgresor, corrosivo y no didáctico. Esta escritura disidente, la cual no solo habla de temas universales sino que también se acerca a temas de la cotidianidad, incomoda a las conciencias más anquilosadas y puede ser obligada a callar, pero siempre resurge gracias a su naturaleza, que permite su fácil adherencia en la memoria cultural. La aguda selección realizada por las autoras salta a la vista en este trabajo, ya que es necesario poseer un oído y sensibilidad finos para detectar esas frases que pueden significar por sí mismas más allá de los textos que las generaron, lo cual es otra cualidad importante de este género; si bien todo texto literario demanda participación, este requiere —de manera acentuada— de complicidad humorística y de un espíritu lúdico capaz de sustraer estos poderosos enunciados, entreverados en obras de mayor extensión. Munguía y Rocha afirman que los discursos de los cuales provienen los aforismos son variados: poetas, ensayistas y novelistas quienes ostentan diversos estilos en los que enuncian “en breves secuencias ideas tan condensadas, profundas e ingeniosas que el lector se detiene en ellas”. El corpus aforístico está conformado por frases que poseen cierta “independencia semántica” y que pueden vivir con fuerza en otros contextos, a pesar de no haber sido ideadas para este fin.

Aunque las investigadoras dejan claro que la finalidad de su ensayo no es elaborar una teoría en torno al humor, la risa o la ironía, explican que “las tres nociones cumplen, en el discurso aforístico, una función similar para aludir a aquellos comportamientos que, mediante la actitud lúdica, se oponen a la seriedad oficial”. Sin embargo, el ánimo festivo del que se puebla lo aforístico no se deslinda de lo serio o lo trágico, pues la risa también implica la tristeza, el rechazo o la melancolía: la contemplación de lo ridículo también puede suscitar congoja. De lo que sí se aleja este ensayo es de manifestaciones como la mofa, el sarcasmo y la sátira con finalidad didáctica, así como de aquellas perspectivas que colocan al autor en un ámbito acrítico o de superioridad moral, lejano al objeto de burla, porque una de las intenciones primordiales del discurso aforístico es esa dimensión ética ajena a los dogmas y al sentido común que hace viable la construcción de nuevos horizontes.

Qué puede ser más desacralizador y severo para las buenas conciencias que el alegato “La venganza es maldad en legítima defensa” o la reivindicación del ángel caído de nuestra cultura occidental “¿Y cómo escapar del demonio que miramos con los ojos fascinados?”. Las convenciones, las ideologías y los códigos morales atraviesan las capas de las sociedades e imponen jerarquías y tradiciones resistentes a los cambios, con nula tolerancia hacia cualquier voz que se aparte de ellas o vislumbre otras formas de entender el mundo; pero lo que es una supuesta indefensión, es ocupado por los autores del aforismo, quienes aprovechan esta parálisis caricaturizando todo aquello que se considera positivo en el ser humano como la bondad, la paciencia o la fe, mientras que los atributos negativos son exaltados irónicamente.

A partir de una revisión de varios temas presentes en el aforismo, las autoras elaboran una selección de enunciados que son muestra del humor presente en el género, por ejemplo, de “valores culturales consagrados” como el amor, del cual comentan: “los aforismos que ironizan sobre este tema utilizan su lado frágil para exhibirlo, para rebajarlo y generar risa”. Es así como el amor en vez de sublime, se convierte en un medio para evitar la soledad como afirma Pessoa: “Amar es cansarse de estar solo”. El amor también es satirizado al verlo como una fruslería —“El amor es la religión más barata”— o como una aventura que siempre está amenazada por el tedio —“En amor lo de menos son los insultos; lo grave es cuando empiezan los bostezos”—. La verdad y la sinceridad son otros de los blancos elegidos, pues se les considera como un fingimiento y por ello se tiende a negar su existencia o a demeritarla: “Es terrible para un hombre descubrir de repente que, en toda su vida, no ha dicho más que la verdad” afirma Wilde, mientras que Emerson dice que “Todo hombre es sincero a solas; en cuanto aparece una segunda persona aparece la hipocresía”. Además de la negación y el trato humorístico de los valores, los aforismos enaltecen los vicios humanos desnudando verdades que pueden parecer incómodas, inclusive hechos como el suicidio, la lujuria, la vanidad o la embriaguez resultan poco reprobables gracias al humor: “Desembarazarse de la vida es privarse de la satisfacción de reírse de ella”, “Es mejor morir de vodka que de aburrimiento”, “Hacer el bien a tu enemigo es el mejor modo de complacer tu vanidad”.

La obra no deja a un lado otras temáticas propias de la escritura aforística, como la recurrencia a tratar los sucesos de lo cotidiano, lejos de la solemnidad con la que son presentados los temas universales y que generan una reflexión trascendente, “profunda y renovada sobre la vida”. En este tenor, lo mismo se afirma que “Las cosquillas son las hormigas del cuerpo”, como se exalta el paso de las estaciones en “Las hojas secas son tarjetas de visita del otoño”.

El discurso aforístico también encuentra en la parodia otro medio para la irreverencia y el humor a través de la cita o comentario de personajes, lugares, obras de arte y acontecimientos célebres que, en innumerables ocasiones, han sido apropiados por el discurso oficial. Aunado a esto, otro de los blancos de la parodia en el aforismo es la alusión de textos bíblicos, máximas y refranes, que “expresan las verdades populares, religiosas y científicas”. El dicho“Las penas con pan son menos” es vapuleado irónicamente por el siguiente aforismo: “Las penas con pan son menos. Muy bien. Pero si las penas provienen precisamente de que no hay pan, ¿entonces qué?”. De igual manera, los evangelios bíblicos pueden ser parodiados, como en este aforismo de Borges que afirma “Dichosos los que saben que el sufrimiento no es una corona de gloria”. La parodia igualmente hace de las suyas en el discurso científico, en específico juega con su propensión a definir los fenómenos y las cosas, por ejemplo, la solemnidad de la frase “El hombre es un animal racional” es reba- jada por el aforismo “El hombre es el único animal que tiene mala leche”. Asimismo, a partir de la parodia de las formas del razonamiento lógico, los aforistas expresan absurdos silogismos como “Nadie acepta consejos; pero cualquiera aceptará dinero; por tanto, el dinero vale más que los consejos”.

En el último apartado del ensayo, Munguía y Rocha dan muestra de cómo el aforismo “hace brillar al lenguaje con juegos” léxicos y sintácticos entre los que se encuentran la enumeración, la hipérbole, las comparaciones absurdas, los retruécanos, las aliteraciones, las metáforas o las contradicciones, entre otros; con intención risueña estos usos especiales del lenguaje “permiten construir imágenes afortunadas” de los temas más variados, por ejemplo, el siguiente aforismo de Gómez de la Serna que ironiza acerca de la virtud y la moral exacerbadas: “Era tan moral que perseguía las conjunciones copulativas”. Finalmente, las autoras hacen notar que estos textos, en una estrategia para generar humor, formulan preguntas que muchas veces no tienen una respuesta posible y que parodian el discurso científico, simulando inocencia o cuestionando de manera subversiva o absurda. Hacia el final del apartado que habla de los juegos del lenguaje, se señala que el aforismo recurre a la enunciación de exclamaciones o frases inacabadas, “cuyo sentido se apoya justamente en que evocan o sugieren ideas inusuales, extravagantes, contradictorias o excepcionales”, como esta que clama “¡Si se pudiera ordeñar hasta al chivo expiatorio!”.

Ya se había mencionado que uno de los aciertos de El humor y la risa en el discurso aforístico es la selección elaborada por las catedráticas; cabe destacar que dentro de los aforismos reunidos, existen algunos que fueron extraídos y citados como tales por otros autores, cuestión que enriquecerá las posibilida- des de aquel lector que, curioso, vaya a la búsqueda de las fuentes. Para concluir su ensayo, Munguía y Rocha escriben un epílogo que resume buena parte de las ideas centrales de su trabajo, dejando muy claro que el humor y el ánimo festivo establecen una alianza natural con el discurso aforístico, que a su vez posee estrategias humorísticas mucho más numerosas que las analizadas; queda este último comentario como una invitación para continuar el estudio del género, territorio que crece en “la ruptura”, donde la risa es su fertilizante y donde la “crítica así, por devastadora que sea, penetra de manera persuasiva y lúdica en la conciencia”. El aforismo, como ocurre muchas veces con el humor y con la risa, que no es fácil sino profunda y reflexiva, es un género mordaz, a veces incómodo, pero que permite extender nuestras valoraciones sobre el mundo.

Signos Lingüísticos, Vol. VII, núm. 14, julio-diciembre 2011, 175-180.

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