La cuestión de los animales

NGS Picture ID:130937La humanidad siempre se ha preguntado cuál es el lugar que deben ocupar las otras especies con respecto al hombre, si los animales poseen conciencia, cómo es su alma, si son autómatas biológicos, si tienen derechos o solo les debemos obligaciones y, sobre todo, si el hombre es superior por estar hecho a imagen y semejanza de los dioses. En esta última perspectiva se encuentran las aseveraciones de varios pensadores: Francisco Petrarca expresaba que el hombre debe revestirse de humanidad y deponer su animalidad; Cicerón decía que, al no estar sometido a la esclavitud de los instintos como los animales, podemos elevar el espíritu y la razón hasta los rangos de los seres celestiales; San Agustín invitaba al hombre a aspirar a lo más alto, ya que se encontraba entre las bestias y los ángeles.

A lo largo de la historia de esta discusión, algunos filósofos, como Descartes, han asegurado que los animales son equiparables a las máquinas, incapaces de vida psíquica, de racionalidad y de sentir dolor; otros han censurado con fuerza prácticas como la caza, Tomás Moro, por ejemplo, veía en esta actividad una fuente de ocio y violencia, y por esto cuando imaginó una sociedad perfecta en Utopía no dudó en eliminarla por ser indigna de los hombres libres.

Aunque el pensamiento occidental distingue de manera tajante al hombre de las bestias por considerar a estas últimas carentes de razón, el discurso en defensa de los animales es extenso. Pitágoras no consumía carne y creía ver reencarnados a sus amigos en los animales, por esto, cuenta Diógenes Laercio, defendió a un perrito que era golpeado brutalmente, pues en su chillido le parecía escuchar la voz de un viejo conocido. Marguerite Yourcenar se acercó al drama de los animales y habló de este tema que para muchos es molesto y hasta subversivo. En su autobiografía El laberinto del mundo se imaginó recién nacida siendo alimentada por la leche de una “bestia nutricia”, mención que le permite discurrir sobre el sufrimiento que padecen las especies al servicio del hombre:

símbolo animal de la tierra fecunda, que da a los hombres no sólo su leche, sino más tarde, cuando ya sus mamas se hayan agotado definitivamente, su pobre carne (…) Morirá de una muerte casi siempre atroz, arrancada de sus prados habituales, tras un viaje largo en el vagón para animales, que no dejará de sacudirla hasta llegar al matadero; a menudo dolorida, sedienta, asustada, en todo caso, por aquellas sacudidas y ruidos tan nuevos para ella. O bien la empujarán a pleno sol, a lo largo de un camino, unos hombres que la pincharán con sus largas aijadas y la maltratarán si se resiste; llegará jadeante al lugar de ejecución, con la cuerda al cuello, en ocasiones con un ojo reventado, y la entregarán en manos de los matarifes, gente que se ha vuelto brutal a fuerza de ejercer su miserable oficio y que empezarán a despedazarla cuando aún no esté muerta del todo (32).

En otros pasajes de su obra, Yourcenar invita a rebelarse contra la indiferencia y la crueldad, a erradicar la costumbre de matar y cambiar el rumbo de la vida. En un espíritu análogo, Fernando Vallejo recupera la palabra prójimo, la cual sustenta buena parte del discurso bíblico, para hablar de las otras especies que, afirma, son nuestros compañeros en el horror de la vida. Contestatario y quizá impertinente para algunas conciencias, la obra y vida pública de Vallejo son un alegato en contra del sufrimiento animal. Sus aportaciones económicas a distintas asociaciones que velan por los perros callejeros, sus afirmaciones sobre la causa animalista y su misantropía encienden a más de uno. Entre las anécdotas más significativas podemos traer a colación lo que respondió cuando un reportero le preguntó si no era un exceso destinar tanto dinero (el premio de ciento cincuenta mil dólares de la Feria Internacional del Libro de Guadalajara) a los animales, si hay tanta gente necesitada: “Esa es una cretinada –contestó- ¿Usted cuántos niños ha recogido y cuánto de su sueldo les da a los pobres?”[1].

Algo se remueve cuando hablamos de nuestra relación con los animales: “Sé que hablar de este tema polariza al a gente, y los argumentos fáciles únicamente empeoran las cosas” (Coetzee, 71), avisa la autora ficticia Elizabeth Costello, en la novela del mismo nombre escrita por el sudafricano J. M. Coetzee. En vez de dividir entre justos y pecadores, salvados y condenados, Costello explica que hablará del sufrimiento de los animales e intentará dirigirse a sus escuchas de una manera serena, sin ánimo de causar polémica o iniciar discusiones estériles, sino en un afán de traspasar ciertos argumentos y aportar algo de luz. A pesar de su advertencia, la audiencia se siente ofendida cuando la autora compara las matanzas de animales en los rastros con las masacres judías cometidas por los nazis.

Juan José Arreola también describió los horrores, la violencia en la que viven los animales, y la contradicción que representó, desde la infancia, su relación con otras especies: “Nosotros veíamos nacer a los pollitos, sabíamos cómo cortaban el cascaron del huevo, con una especie de diamantito que tienen en el pico (…) Y luego llegaba la matanza, les cortaban la cabeza, a las gallinas y guajolotes se las torcían” (del Paso, 46). Esa mezcla entre bondad y sangre fría terminó por representar otros conflictos del hombre para el autor: “Esto ilustra la dicotomía radical que sufro, un afán muy grande de pureza al que se opone mi radical impureza, mi desorden, la lujuria que me poseyó desde los primeros años hasta esta vejez última” (47).

Al tratar el tema de los animales, Arreola prefiere, en vez de la denuncia, recuperar la tradición de fabulistas -que va de Esopo, la Fontaine y llega hasta algunos autores modernos- y concluye: “El animal es un espejo del hombre (…) En los animales aparecemos caricaturizados, y la caricatura es una de las formas artísticas que más nos ayuda a conocernos” (47). Desde esta perspectiva, imagina que la razón, la caza de “inalcanzables frutas metafísicas” y los laberintos del pensamiento fueron evitado por los monos, que decidieron su destino “oponiéndose a la tentación de ser hombres. No cayeron en la empresa racional y siguen todavía en el paraíso” (Arreola, 103).

Los discursos que nos han enseñado cómo está constituido el mundo tienden a omitir otras posibilidades de existencia, por eso resulta acertada la divertida pregunta que enuncia la actriz Isabella Rossellini en uno de los cortometrajes animados de la serie titulada Green porno, la cual explora, en varias entregas, algunos de los rituales de seducción animal: ¿Cómo llevó Noé a todos los animales de la tierra si solo podían abordar el arca un macho y una hembra de cada especie? ¿Qué ocurrió con los animales hermafroditas, los transexuales, los transgénero, los bisexuales, los homosexuales? ¿Cómo se salvaron ciertos caracoles, lombrices y lagartijas? Cuando uno descubre las prácticas amatorias de especies como los delfines, los animales, esas víctimas de la explotación y la indiferencia, parecen más cercanos, más parecidos a nosotros, en espera de que les sea devuelta la dignidad que, con ayuda de la razón, se les ha arrebatado.

Bibliografía

Arreola, Juan José. Narrativa completa. México: Alfaguara: 2002.

Coetzee, J.M. Elizabeth Costello. México: Random House Mondadori, 2006.

Diógenes Laercio. Vidas, opiniones y sentencias de los filósofos más ilustres. Madrid: Imprenta Real, 1792.

García Gibert, Javier. Sobre el viejo humanismo. España: Marcial Pons, 2010.

Moro, Tomás. Utopía. Madrid: Akal, 2011.

Paso, Fernando del. Memoria y olvido. Vida de Juan José Arreola. México: FCE, 1994.

Yourcenar, Marguerite. El laberinto del mundo. México: Alfaguara, 2013.

“El alma de los brutos”, artículo consultado en http://www.filosofia.org/mon/brutos.htm


Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s