De regreso al origen

ImageLa muerte ya no se me presenta como el final de la vida, sino como un principio para volver a ser, un mirarse en eco hasta lo insondable, un regreso al lugar del que nunca he partido: el origen. La realidad más inmediata insiste en la certeza de que nada es certero, en la poesía de Aurora Reyes esta realidad incierta y efímera es trascendida por Coatlicue, figura medular erigida bajo el aspecto mítico de la diosa madre, creadora y devoradora, que dispone todo el escenario espaciotemporal para que los humanos transitemos por la vida advirtiendo apenas breves indicios de su magnífica e inconcebible omnipotencia.

La obra poética de Aurora Reyes, reunida en una última publicación cuatro años antes de su muerte en 1985 bajo el título de Espiral en retorno, presenta aquellos indicios de la diosa madre que la autora fue reconociendo en un México posrevolucionario en busca de una identidad, en su lucha por una sociedad justa, en su trabajo docente y como miembro del partido comunista mexicano; indicios también plasmados en su obra pictórica, que la ubica como la primera muralista mexicana, y desde la cual denuncia los abusos de que son objeto los campesinos indígenas y las mujeres. Aunque la demanda por una sociedad equitativa y libre fue una de las mayores preocupaciones en la vida de Aurora Reyes, en su poesía se encuentra siempre latente algo que va más allá del Hombre de México o de la Teogonía campesina, hay un hálito mítico, ancestral, que canta con distintas voces su llamado de regreso al origen.

Coatlicue o Coatlantonan, “falda de serpientes”, diosa de las flores, figura que dentro de la mitología de los dioses prehispánicos ha desempeñado distintos papeles en relación con otras deidades, representa en el universo poético de Aurora Reyes ese origen del que todo parte y a donde todo lo que vive habrá de regresar. Esta divinidad de las flores, de la magnolia, Yololxóchitl, da a luz a Huitzilopochtli, quien al nacer asesina a sus propios hermanos, los “cuatrocientos huitznahua”, que amenazaban la vida de la diosa. Coatlicue habita y es también figura esencial en el mito del regreso a la región de Aztlán, patria original de los aztecas, a donde el rey Moctezuma Ilhuicamina envía una expedición de sesenta magos al escuchar que la madre de Huitzilopochtli se encuentra viva. Los magos emprenden el recorrido, primero reuniéndose con Huitzilopochtli, luego convirtiéndose en pájaros y animales diversos a fin de ser introducidos por aquél al país de los ancestros; finalmente, llegan a la cima de la montaña donde habita la diosa madre, le dan noticias sobre las victorias de su hijo, ella les pide que digan a Huitzilopochtli que regrese como había prometido e inician el descenso de regreso a Tenochtitlán. A lo largo de este trayecto, los magos advierten que en Aztlán la gente permanece siempre viva y joven y, de la misma forma mágica como ascendieron a aquella región, retornan a informar a Moctezuma sobre el viaje.

La figura de Coatlicue simboliza entonces el regreso a un origen. Por una parte puede entenderse como el regreso a las raíces prehispánicas que un país renaciente como el México posrevolucionario pretendía retomar e incluir en la construcción de una identidad; y por otra parte, la vitalidad eterna de la región de Aztlán como aquello que trasciende lo temporal y reside en el origen prístino de todas las cosas.

Desde este mirar hacia las raíces prehispánicas, encontramos en Espiral en retorno una estructura casi ritual que inicia con la “Oración a la palabra” en la que el enunciante lírico solícita permiso para aproximarse reverentemente al instrumento del que se servirá para acceder a lo divino: “Asísteme ¡magnolia de armonía!/ dame tu exactitud y tu tersura,/ enséñame tu idioma y su eficacia./ La soledad, los mágicos dominios./ Anunciación y flor amanecida,/ de silencio a silencio:…¡la Palabra!”

A partir de este poema se inicia un recorrido por las diversas caras de Coatlicue presentada desde su yo finito, bajo el aspecto de lo onírico, el amor, la infancia, la naturaleza, la patria y finalmente, la muerte. En poemas como “Pulso del sueño” el espacio se construye con base en características concretas para expresar lo inefable del origen: “En mi mano dormida fuiste tacto./ Cinco raíces nuevas./ Rama hiciste mis brazos,/ fruto hiciste mi cuerpo./ Fue tu voz en mi sangre, perfecta.”. Esta creación perfecta que siente y es percibida desde sí misma, nunca termina de ser explicada, pues habrá de permanecer como ese misterio al que no nos corresponde acceder en nuestra calidad de humanos: “Tu amor, en cada día recién nacido,/ prisionero inviolable me devora;/ por tu frente de fiebre me conduces/ a parajes de nube y de ceguera.”

El mundo de ensueño también tiene lugar al contemplar el momento hipotético en que por fin se accederá a lo trascendente. El poema titulado “Forma de mi ausencia” es fundamental en este sentido: “Cuando alcance tu abismo definitivamente,/ libertando los pueblos de mi sueño,/ descubriendo las albas ignoradas… habré encontrado el sitio de mi nombre,/ recobrado la forma de mi ausencia,/ la memoria anterior de mi esqueleto…” Es éste un encuentro que se presiente en el laberinto del caracol, en el barro que somos, en la música del agua, el mar, en un grito de silencio y en todo aquello que no cabe dentro de una palabra.

En “La máscara desnuda”, poema último de Espiral en retorno, la muerte deja de ser el fin fatal y último para convertirse en una danza, en una celebración por la proximidad de esa “ola petrificada del agua de la vidaque habrá de conducirnos nuevamente al seno de Coatlicue, “útero infinito que repite la vida/ en las arquitecturas del sueño y la armonía”. Para Aurora Reyes, esta gran visión del principio del todo queda plasmada cuatro años antes de su muerte como evidencia de que después de todo existe la certeza de algo que nos trasciende.

Bibliografía

González Torres, Yolotl, Diccionario de mitología y religión, Larousse, México, 1991.

Ibarra García, Laura, ¿Cómo reconstruyeron su pasado las sociedades prehispánicas? Una explicación desde la teoría histórico-genética, Espiral, Estudios sobre Estado y Sociedad, Vol. IV. No. 10. Sept/Dic. De 1997

López Moreno, Roberto, Ocharán, Leticia, La sangre dividida, CONACULTA, Programa Cultural de las Fronteras, México, 1990.

Reyes, Aurora, Espiral en retorno, Delegación del Departamento del D.F. en Coyoacán, México, 1981.


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