Pinón, serpiente de estrellas

Yurupary La leyenda de Yurupary es una de esas obras hispanoamericanas que corrieron con una suerte extraña y algo triste. Se trata del relato, escrito en verso, de un mito indígena de Sudamérica cuya versión más conocida nos ha llegado como traducción de una traducción del original, hoy desaparecido: del nheengatú al italiano, y del italiano al español . El nheengatú es la lengua que, durante los virreinatos, los jesuitas evangelizadores promovieron como medio de comunicación entre europeos e indígenas, y que aún hoy se habla en algunas partes de la Amazonia. Betty Osorio sostiene que el nombre de Yurupary “fue acuñado por los jesuitas para cubrir una amplia gama de conceptos que se pueden identificar con el demonio católico” (s/p). Y Héctor Orjuela, uno de los más diligentes estudiosos de la obra, considera otros tres significados: “generado de la fruta”, “salido de la boca del río” y “boca sellada”. Sea como sea, la de Yurupary no es sólo una leyenda, sino un mito fundacional que todavía organiza la existencia de los nativos del Vaupés.
Hasta donde se sabe, el brasileño Maximiano José Roberto transcribió la leyenda que se conservaba en los relatos orales de la región colombiano-brasileña del Vaupés, y en algún momento impreciso de la segunda mitad del siglo XIX este manuscrito en nheengatú pasó de las manos del caboclo a las del conde Ermanno Stradelli, su amigo y admirador. Stradelli tradujo al italiano el texto y lo publicó en 1890, en el Bolletino de la Società Geografica Italiana de Roma, con el título Leggenda dell´Jurupary. Según Orjuela, la edición de Stradelli despertó la envidia de João Barbosa Rodrigues, quien habría intentado hacerse antes con el manuscrito en nheengatú; Barbosa acusó al conde de plagiario, y dio a las prensas una versión ligeramente distinta. Otros aseguran que M. J. Roberto le entregó otra versión manuscrita de Barbosa, a partir de la cual éste hizo su publicación (Osorio s/p). Igual se ha dicho que Pastor Restrepo Lince tradujo al español la Leggenda, aunque no he podido confirmar la publicación. Así, tuvo que pasar un siglo desde la edición italiana para que la leyenda de Yurupary se vertiera en español. La traducción, publicada por el Instituto Caro y Cuervo en 1983, corrió a cargo de Susana N. Salessi, y Orjuela escribió el prólogo. Las citas que transcribo provienen de esta edición. Asimismo, hago un atento llamado a la comprensión del lector, y de manera muy especial a la de la lectora, porque se trata de un mito agrícola-religioso que celebra la fertilidad de la naturaleza, incluido el ser humano. Dejo para un segundo texto el comentario sobre Yurupary, y a continuación comento lo relativo a Pinón, su antecesor.
La historia de Yurupary es la del reformador-legislador responsable por la transición del sistema matriarcal (originario) a un patriarcado bastante severo, pero involucra también un mito fundacional, protagonizado por Pinón (“serpiente”). A éste le corresponde la consolidación de un pueblo, a partir de un conjunto de tribus dispersas. Pinón no aparece hasta la mitad del relato: siendo adulto, Yurupary les cuenta a sus compañeros su historia. El mito de Pinón inicia diciendo: “En el principio del mundo el Señor de todas las cosas apareció sobre la tierra y dejó allí un pueblo tan feliz, que pasaba la vida sólo bailando, comiendo y durmiendo”. En ese entonces se practicaba una monogamia rigurosa, a grado tal que no se permitía que “nadie bailara con una mujer que no fuera la suya, so pena de tener que quitarse la vida por su propia mano, o de ser quemado vivo”. Como es de suponer, la vida del pueblo se organizaba en función de la pareja hombre-mujer: cada vez que alguien nacía, sus padres le procuraban una pareja. Sin embargo, el equilibrio se alteró cuando el número mujeres superó el de varones, con lo cual varias jovencitas,  imposibilitadas para entrar en la dinámica social, permanecían solteras y en aislamiento. Una joven soltera, llamada Dinari, “cansada ya de esperar a que el tiempo le diese esposo, resolvió huir y buscar la muerte en la soledad de la selva como único remedio a la desgracia, ya que no conocía otro poblado donde pudiera refugiarse”. Siguió el camino del Sol hasta que cayó la noche, y luego fue descubierta por un grupo de jóvenes, entre los cuales iba uno que quedó prendado de ella. Cuando Dinari admite su pena, el joven responde:

—Si está en mis manos poner fin a tu dolor, dímelo, porque si fuera necesario ir a donde se acaba el mundo, para buscar tu tranquilidad, yo y mis compañeros iríamos hasta donde termina el mundo para ahorrarte las lágrimas que viertes y que siento me queman el corazón. Casémonos y seamos felices; pero si quieres volver a los tuyos, yo te conduciría de regreso; sin embargo mi corazón se quedaría contigo.

Dinari aceptó gustosa la propuesta de matrimonio y entró a formar parte de la tribu de los iacamy (“pájaro trompeta”), si bien antes tuvo que convertirse en ave, gracias al poder mágico de una hierba en combinación con el agua del río. Muy pronto los esposos notan que Dinari está embarazada y, felices, comienzan la construcción de su nido. En cuestión de tres lunas (meses), tiempo habitual de gestación de los hombres-pájaro, descubren que, debido a un problema en la transformación de Dinari, ésta no pondrá huevos, sino que alumbrará a unos gemelos humanos. Para salvar a sus hijos, los esposos deciden convertirse en humanos, y lo consiguen recurriendo nuevamente a los poderes de la hierba y a las aguas del río. A los nueve meses, Dinari dio a luz: “la niña tenía un puñado de estrellas en la frente, y el varón una serpiente, con las mismas estrellas, de la frente a los pies”. Sospechando una posible infidelidad de Dinari, el padre de los gemelos consulta a los ancianos. El más viejo de ellos lo reprende:

—Dime la verdad. ¿No te juntaste nunca con Dinari después de haberle dado su forma primitiva?
—Muchas veces.
—¿Que posición asumía entonces tu mujer?
—Con la cara vuelta al cielo.
—Ahora lo sabemos todo. Ella sentía más placer en su forma primitiva que en la nuestra, y fue en una de esas ocasiones cuando concibió, teniendo ante sus ojos las estrellas del cielo, que dejaron su imagen en los dos niños como recuerdo de un momento pleno de ternura. ¿Y es por esto que la acusas y que la quieres abandonar? Vuelve a tu casa, muéstrate amoroso con tus hijos y con tu mujer, que en esto consiste la felicidad de los esposos; y no acuses más a tu mujer sin haber visto con tus propios ojos.

Satisfecho con la respuesta, el padre de los gemelos se convierte de nuevo en iacamy y vuela de regreso a casa. Sin embargo, no corre con buena suerte.
Dinari les había ocultado a los gemelos la identidad y naturaleza del padre. Cuando los gemelos ya son adolescentes

…el varón le pregunta a su madre la razón por la que ella cría esos pájaros “que sólo servían para incomodar a los que duermen en la noche”. La madre guarda silencio respecto a aquellas aves, no sin antes pedirle encarecidamente a su hijo que nunca las dañara. “El muchacho no preguntó nada más, se puso a hacer dos arcos y todas las flechas que pudo, para en la ausencia de la madre [que debía marchar lejos a buscar alimentos] probarlas contra los iacamy”.

Pinón desoye la petición de su madre, y cuando Dinari se marcha a buscar comida, él y su hermana Meenspuin (“fuego de estrellas”) disparan las flechas contra los iacamy, matando, sin saberlo, a casi todos los miembros de su tribu y a su propio padre, que recién volvía de pedir consejo a los sabios. Al regresar, Dinari recibe con gran dolor la noticia, y “no quiso ya quedarse más en esa tierra, donde fue tan feliz y donde era ahora tan desgraciada”. La desaparición de la tribu de los iacamy, a la cual los tres pertenecían, no le deja más salida a Dinari que regresar con su gente.
Tras días de camino, al fin divisan el pueblo. Entonces Dinari se echa a llorar. Los gemelos intentan consolarla, y ella les explica lo que ocurrirá, dadas las costumbres de esa gente: “Yo iré a la casa de las inútiles, tú a la de los solteros y tu hermana a la de las solteras, de donde ninguno de ustedes podrá salir hasta que encuentre consorte, y yo cuando venga la muerte”. En este momento Pinón revela por primera vez su condición superior, pues le asegura a su madre que no permitirá que eso ocurra y para reforzar sus palabras arroja una enorme piedra sobre el pueblo. Asustada, la gente salió a ver qué pasaba. “Nadie podía comprender lo que había ocurrido, hasta cuando vieron en la cima de la montaña dos grupos de estrellas brillantes que caminaban hacia ellos”; los dos grupos de estrellas no eran otra cosa que los gemelos. Todos estaban fascinados y temerosos por la fuerza y belleza de Pinón: “Sus estrellas brillaban de tal manera que hacían parpadear a quienes sobre ellas fijaban la vista y muchos se ponían las manos delante de los ojos para no encandilarse”. Así, les permiten a los forasteros no atenerse a las normas válidas para los habitantes del pueblo. Pinón se integró a la vida política y social del pueblo, y pronto sus palabras fueron alterando los usos y costumbres. Tras la llegada de los tres extranjeros, la rigidez de las antiguas leyes fue mudando hasta permitir a las viudas casarse cuantas veces pudieran.
Sin embargo, la labor del joven no estaba consumada, pues, recuérdese, estamos hablando de un mito que explica la consolidación de un pueblo y que celebra la fertilidad. “Pinón, que era ya un hermoso joven, pero a quien nadie consideraba capaz de ofender el pudor de las jóvenes que vivían en su casa, infringió las leyes de los bianacas, uniéndose no sólo con las vírgenes bajo su cuidado, sino también con todas las viudas, sin que se le escapara ninguna; y todas quedaron fecundadas”. Los líderes bianacas vieron con buenos ojos la unión de Pinón y sus numerosas mujeres, considerando que su descendencia lograría imponerse a cualquier enemigo potencial, asegurando con esto la supervivencia del pueblo.
En contraste, cuando Meenspuin experimenta el despertar sexual, su madre y su hermano exhiben una conducta radicalmente distinta.

—Mamá, sufro de un mal que al manifestarse me da un deseo que no sé explicar.
—¿Qué es lo que sientes?
—Cuando mi mal comienza es una picazón, un malestar que me da y que no produce dolor, y este dolor que no duele me corre después por todo el cuerpo con voluntad de morderme toda, hasta que al fin me siento desfallecer y lloro. Cuando duermo veo siempre cerca de mi hamaca a unos jóvenes hermosos que unas veces quieren besarme, otras abrazarme, y yo no puedo huir.
—Conozco el mal que tienes y hoy mismo te daré una medicina para calmarte los dolores.

Pero la medicina no basta para salvaguardar la castidad de la chica. Pinón le pide a su madre autorización para tomar cartas en el asunto, y ella acepta sin imaginar lo que ocurriría.
Pinón y Meenspuin parten al alba, dejando a Dinari en compañía de las amantes de su hijo, quienes le contaban historias para distraerla de su tristeza y soledad. Mientras, “Para asegurar la virginidad de la hermana, Pinon la condujo a la Sierra de las Piedras Blancas, y para alcanzar las puertas del cielo abrió un pasaje por el cual subieron hasta el país de las estrellas; allí dejó a Meenspuin, a quien otros llaman Seucy”. A Pinón le lleva un mes volver al pueblo, y a su regreso se entera de que su madre desapareció misteriosamente. Una día, tras la partida de sus hijos, Dinari, desconsolada, salió en busca de ellos; entonces “la madre de los peces la había conducido a las profundidades del río, y nadie lo sabía”. Con este acontecimiento inicia una tercera etapa de la vida de Pinón, que involucra la expansión de su tribu hacia las cuatro direcciones de la Tierra.
Pinón organiza a los hombres del pueblo para que salgan en busca de Dianri, y les ordena no regresar hasta dar con ella o hasta topar con las raíces del cielo. Él mismo determina encontrar a su madre o perderse en el intento. Y se llevó consigo a su hija, la más hermosa, que había nacido con una estrella pálida en la frente.

Aquel día cada uno tomó tristemente el camino que le había sido indicado, y Pinon, llevando en brazos a su hermosa hija, siguió por uno de los espacios en blanco, que había reservado para sí abandonando a sus mujeres que lloraban; muchas corrían detrás de él tratando de hacerle abandonar su idea, pero no pudieron convencerlo. Su amor de hijo era superior a su amor por ellas.

Pasaron los años y las generaciones, y nunca se volvió a tener noticia de Dinari ni de Pinón, quien seguía fecundando a las mujeres que encontraba a su paso; y lo mismo hicieron los hombres que él había enviado por el mundo. Además, como antes hiciera con su hermana, Pinón llevó a su hija Jacy-tatá al país de las estrellas, dejándola allí, intocable para siempre.
Tiempo después, a Pinón le llegó la noticia de que había un payé u hombre sabio con poderes mágicos que podía ayudarle a encontrar a su madre. El payé le dijo que Dinari había sido convertida en pez, y que vivía en un lago muy cercano al cielo, pues estaba en la cima de una montaña del Poniente. La historia de Pinón ―y la narración de Yurupary― se cierra cuando descubre que puede revertir el estado de su madre, y se compromete a aprender la sabiduría y los secretos del payé.

—¿Puedo sacarla de allí?
—Puedes hacerlo, pero es necesario que aprendas conmigo el secreto del payé, que fumes de mi tabaco, que aspires de mi polvo, y que ayunes una luna entera, y entonces conseguirás todo.
—Te he dicho que estoy pronto a obedecerte en todo, porque quiero que me facilites los medios para recuperar a mi madre.
—En realidad todos estos payés que existen hoy, continuó Yurupary, fueron todos discípulos de Pinon, y él fue el segundo payé del mundo.
El último día que estuvo sobre la tierra, fue el día cuando fecundó a las madres de ustedes, de quienes incluso yo desciendo, y cuando liberó a su madre y la condujo al cielo donde viven todos.

Como ya dije, dejo para otro momento la historia de Yurupary, una figura que completa la labor iniciada por Pinón.
Desde mi perspectiva, lo más interesante del mito de Pinón es que nos permite observar un mito multifacético de innegables raíces prehispánicas, aunque moteado y tergiversado por una visión de mundo posterior. Esto se explica porque, a final de cuentas, La leyenda de Yurupary es de factura decimonónica, y antes corrió de boca en boca, por lo cual cabe suponer que se fue ajustando a los valores de cada tiempo. La historia de Pinón se funda en tres valores básicos para la organización de una sociedad determinada: el amor filial, la castidad de la mujer y la productividad (sexual y simbólica) del varón, considerado el motor de la vida.

Bibliografía
Osorio, Betty. “El mito de Yurupary: memoria ancestral como resistencia histórica”, en Revista de Estudios Sociales 23 (2006): 105-111: http://res.uniandes.edu.co/view.php/518/view.php
Roberto, M. J. La leyenda de Yurupary. Tr. Susana N. Salessi. Ed. Héctor Orjuela. Colombia: Instituto Caro y Cuervo, 1983.


9 respuestas a “Pinón, serpiente de estrellas

    1. Hola, Sebastián. Bueno, no reseñé toda la obra. Falta comentar la parte que trata sobre Yurupary. Quizá podrías encontrar más interesante esa parte… o quizá no, jeje. Ciertamente no es una obra para todos los públicos 😉 Saludos.

    1. Buen día, Juan. Gracias por su comentario. En caso de que haya sido pregunta, con mucho gusto podríamos ofrecerle enlaces para que descargue varias de obras fundamentales para conocer y estudiar el arte verbal mesoamericano, maya, andino y guaraní. ¡Saludos!

  1. Ami me parece muy buena y interesante pues aki nos muestran muchas cosas, me toca leer la parte de pinon y sacar una reflexion para una tarea de lengua castellana

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s