“Contrayerba”

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“Pero contrayerba es mucho más que una planta medicinal: es el remedio para salvar de cualquier ponzoña y tóxico. Es la protección para conservar lo nuestro. Es nuestra fuente y reserva de conocimientos propios para ustedes, niños.” (97). Y es también mucho más que un libro bilingüe de relatos, es testimonio literario de personajes que aún permanecen vivos en la memoria de un pueblo y representan grupos sociales que a lo largo de los años han sido marginados, a pesar de que algunos de ellos se mantienen firmes en su conocimiento y tradición.

            U yóol xkaambal jaw xíiw es el título original en maya de Contrayerba de Ana Patricia Martínez Huchim, conjunto de diversos relatos unificado a través de la figura de Soledad Cahum Dzib. El texto inicial, titulado “Frenesí”, da pie a la narración del personaje Soledad, quien al escuchar los aullidos de su perro en una madrugada lluviosa, decide colocarse las lagañas del perro en los ojos para ver aquello “que los humanos no eran capaces” (75). Así, desfilan ante sus ojos los espíritus de varias ancianas de quienes a continuación escribirá la historia: la hierbatera Fidelia Xiu y abuela del travieso “Tusit”, la espiritista Alma Sagrario Pixan Ol, la comadrona Concepción Yah Sihil, la xloca o prostituta Virginia, la turulata “Divagación”, la anciana limosnera Caridad Tah Otzil, la sorda doña xKóok y la culebrera Remedios Tzab Can.

A través de estos personajes, Martínez Huchim despliega múltiples facetas en la vida de las mujeres mayas. Si bien en cada relato se narra una historia de vida particular, también es cierto que a través de esa individualidad se pone de manifiesto la situación de muchas mujeres dedicadas a oficios que sirven a su comunidad, pero por los cuales también han llegado a ser estigmatizadas o no muy bien remuneradas. Tal es el caso de la hierbatera Fidelia Xiu, cuyo pago por aplicar sus conocimientos para asistir a sus pacientes iba desde “algunos centavos” o “animales de patio”, hasta un “Dios se lo pague”, que era la mayoría de las veces; o el caso de la comadrona Concepción Yah Sihil, quien además de procurar un buen nacimiento tenía que lidiar con la familia de las parturientas o tolerar los reclamos e insultos del padre cuando la criatura no nacía varón. Y una situación un poco más extrema vive la espiritista Alma Sagrario Pixan Ol, pues aunque su fama era mucha e incluso la gente iba a verla desde localidades vecinas, su destino es la cárcel, debido al rumor de que un niño había muerto a manos de un curandero.

Otros personajes como la sorda doña xKóok o Caridad Tah Otzil, la anciana que pide limosa, sintetizan la consigna de los ancianos portadores de la memoria de nuestros ancestros, pero también las dificultades de tener que sobrevivir con una edad avanzada y de cumplir con el sino que dentro de muchas comunidades aún les depara: “Llegará el día que salgas a mendigar, como es el destino de todos los ancianos pobres” (109).

La xloca Virginia representa un círculo social aún más marginado: el de las prostitutas. Si bien la historia de Virginia, o “Virgen” como la apodan, es rica en episodios curiosos y divertidos, también entraña una fuerte demanda a la forma como son percibidas, juzgadas y tratadas las sexoservidoras. El prejuicio y la discriminación son las que al final de su triste historia le hacen afirmar a la gente: “-Era una xloca, se lo merecía” (102). En otro tono, pero también evidenciando otra forma de rechazo hacia la mujer que no encuentra un lugar dentro de los parámetros socialmente aceptados para las mujeres, se encuentra la turulata “Divagación”. Su historia es la de una mujer que años atrás se había enamorado perdidamente de un soldado y, ante el abandono de éste, decide portar las ropas de él; se dedica a deambular por las calles del pueblo y a continuar con su vida muy al interior de sí misma, aunque a la vista de los otros sea sólo una loca.

Escritas en un fustán blanco con “tinta” de achiote, encontramos el testimonio de vida de estas mujeres, con sus altibajos, amores, pasiones, momentos de felicidad, tristeza y muerte. Quizá ellas ahora no sean más que el espíritu que deambula o la historia que aún se cuenta por las tardes en los pueblos, pero haber conocido así esas vidas representa un antídoto para nuestra indiferencia, la alternativa para forjarnos un camino distinto, tal como lo expresa la culebrera Remedios Tzab Can:

“-Doña Reme, cuando sea grande haré una vacuna que se llamará contrayerba- exclamó un día la niña Esperanza, al ver a la vieja tan apesadumbrada.

-Lo sé, hija, lo sé; sin embargo tú transitarás nuevos caminos y nuevos conocimientos, donde tendrás la alternativa de prolongar o no nuestros saberes. Tendrás que probar el veneno de diversas alimañas: propias y ajenas. Si sobrevives, tendrás defensas para andar un camino único, el tuyo,

-¿Qué debo hacer para sobrevivir?

Doña Remedios le extendió uno de los reptiles:

-Conócelos, convive entre ellos y te darán la contra” (97).

U yóol xkaambal jaw xíiw. Contrayerba de Ana Patricia Martínez Huchim fue editado por la Comisión Nacional para el Desarrollo de los Pueblos Indígenas (CDI) en noviembre de 2013 y se puede adquirir en la librería de SEDECULTA (C. 18 no. 204, entre 25 y 23, Col. García Ginerés, frente al parque de Las Américas, Mérida, Yuc. Lun-vier. de 9 a 17 hrs, sáb. de 9 a 13 hrs.)


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