Grotesco y fantasía floral

Portada floralHace algunos días, a raíz de una casualidad afortunada, me encontré en la red la versión digital de A Floral Fantasy in an Old English Garden del escritor inglés Walter Crane (1845–1915), un famoso autor de libros para niños. La obra, cuyo título podríamos traducir como Una fantasía floral en un viejo jardín inglés, fue publicada en 1899 y es un prodigio de ingenio colorido. Aunque el libro se compone de ilustraciones y versos, reservo para otro momento el comentario de éstos y aquí dedico mi atención a las ilustraciones; en concreto, de ellas me interesa destacar el aspecto que las liga a la estética grotesca, una de las orientaciones artísticas peor comprendidas hasta la fecha: la disolución de fronteras.

Como es sabido, la palabra “grotesco” viene de “gruta” y, en primera instancia, sirvió para designar las figuras halladas a fines del siglo XV en el interior de algunas cuevas de Roma. Muy pronto, el término se popularizó y ganó otros significados. En la actualidad la RAE consigna los siguientes: ridículo, extravagante, irregular, grosero y de mal gusto. Así, lo que resalta es su aspecto negativo. Sin embargo, en el plano de las artes, el grotesco es una manifestación artística de la libertad y tiene sentido positivo, además de que ofrece a la imaginación posibilidades ilimitadas. El grotesco artístico es capaz de eliminar las fronteras entre lo alto y lo bajo, entre lo humano y lo no-humano (plantas, piedras, el resto de los animales, dioses, quimeras, etc.), entre pasado y futuro, entre lo real y la libre creación, etc. La amplia y diversa familia del grotesco está integrada por seres como las sirenas, los sátiros, los centauros, los blemias, la Grýla, las gryllas antiguas y medievales (también llamadas “grillos” o “grylloi”), los alebrijes, etc.

Para ilustrar cómo se da esta singular mixtura en el caso específico de Una fantasía floral, veamos algunas láminas en donde, pese al traslape de mundos y figuras ciertamente extravagantes e irregulares, no asoma lo ridículo ni lo grosero.

Mujer-flor  Caballero-flor

Armadura Dragón-flor

En este mundo unitario -hecho de una sola y misma pieza- no hay dogmatismos, ni caben la duda o la crítica. Esta libertad es, a mi modo de ver, la gran protagonista de Una fantasía floral. En este hermoso jardín de papel desfilan personajes disímiles: El Tiempo, las cuatro estaciones, Venus, Narciso (que es también una flor) y un sinnúmero de flores que toman la forma de varones, mujeres, dragones y caballos. Todos ellos comparten lugar y espacio (recordemos la importancia del jardín como espacio propicio para las utopías). En la siguiente imagen, una de las últimas del libro, se sintetiza la propuesta de Una fantasía floral: en sus páginas la totalidad de las criaturas de la naturaleza se dan la mano -o la pata- como iguales.

 Mano-pata


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