Mr Gwyn (No somos personajes, somos historias)

copista

En octubre de 2012, el autor estadounidense Philip Roth (1933) anunció su retiro de las letras: “he estudiado, he enseñado, he escrito y he leído. He dejado fuera casi todo lo demás. Ya no siento ese fanatismo por escribir que sentía antes”[1]. Casi como un presagio de la decisión de Roth, el autor ficticio Jasper Gwyn —personaje creado por Alessandro Baricco (1958)—, decide abandonar la escritura y en un artículo informa de cincuenta y dos cosas que no volverá a hacer jamás, entre las que se incluyen no publicar ni volver a escribir libros.

Mientras Baricco explora las vicisitudes de la escritura en la novela Mr Gwyn, Roth narra la historia de un novelista en Las vidas de Zuckerman, cuyo protagonista, Nathan Zuckerman se convierte en una especie de álter ego del propio Roth y en el destinatario de otro de sus libros: Los hechos (Autobiografía de un novelista), obra en la que el autor se desnuda frente a sus personajes, que nos revela secretos importantes sobre el acto de la escritura y que pone en jaque los límites entre la verdad y la ficción.

A pesar de las coincidencias mencionadas, la escritura es vista desde dos perspectivas muy distintas en la obra de Baricco y en la de Roth: en Los hechos, uno de los personajes —María, la esposa de Nathan Zuckerman—, llega a la conclusión de que el autor es un gran manipulador, que convierte en material literario a toda persona que entra en su vida; la vida de un escritor —explica el crítico José María Pozuelo Yvancos a propósito de esta novela de Roth—, es vivida para y en función de los libros que ha de escribir (Pozuelo, 208).

En contraste con esta conclusión, lejos de la parafernalia y el espectáculo que ronda al mundo literario, Mr Gwyn hace de la escritura un oficio al servicio de los otros, una tarea que puede llevarlos de vuelta a casa… Rebeca, coprotagonista de la novela de Baricco, explica que todos tenemos una determinada idea de eso que somos —a veces solo esbozada, confusa— y que hacemos coincidir con un determinado personaje imaginario en el que nos reconocemos, “pero —concluye Rebeca— no somos personajes, somos historias (…) Somos el bosque por donde camina, el malo que incordia, el barullo que hay alrededor, toda la gente que pasa, el color de las cosas, los ruidos” (Baricco, 175). Somos la página de un libro que nadie ha escrito, “y que en vano buscamos en las estanterías de nuestra mente” (175).

mr.gwynA diferencia del silencio de Roth, tras un par de meses, el ficticio Jasper Gwyn extraña escribir y decide hacerse copista (o retratista) de personas, el oficio que mejor se adecúa a sus necesidades, lejos de “las miserias en las que se veía envuelto el oficio de escritor” (Baricco, 65). Para realizar su nuevo trabajo, Gwyn idea un método singular que requiere de una atmósfera específica: un pequeño almacén; una cinta musical que dura cincuenta horas y que emula ruidos cotidianos; 18 bombillas que duran prendidas 32 días, llamadas Catalina de Medici, hechas especialmente para la ocasión por un celoso artesano. El copista demanda una cosa más: en un mes, la persona que va a ser retratada debe desnudarse y vagar por el almacén sin hablar y sin tomar en cuenta al observador, quien hacia el final, cuando las bombillas estén a punto de apagarse, le hará alguna pregunta que le ayude a dar una última pincelada al retrato.

La primera en ser copiada es Rebeca, una chica gorda y hermosa, secretaria de Tom Bruce Shepperd —agente y amigo íntimo de Gwyn—, que acepta esta empresa a pesar de que ni el propio Jasper Gwyn sabe bien cómo concluirá; la única certeza del copista es que llevará al retratado a casa, a reencontrarse consigo mismo. Aunque son el centro de la novela, del contenido de los retratos casi nada se dice, como si esa vivencia, tan privada, que exige posar sin máscaras, solo pudiera ser escudriñada por los interesados, incluso si estos son entes de ficción.

Mr Gwyn se cimenta en el encuentro afortunado de gente, de libros… en coincidencias que van dándole sentido a la existencia de los personajes; es un encomio a la escritura, al compromiso del creador y a los oficios ejercidos con pasión, como el esmero del artesano que fabrica las bombillas Catalina de Medici; es un elogio a la capacidad de entregarse al silencio, despojarse de los antifaces; una demostración de que abandonarlo todo, cuando el encuentro con uno mismo así lo exige, es también un acto de valentía, como el de Roth y Mr Gwyn: tan solo una interrupción del camino planeado, pues, como avisa el epígrafe que inaugura la novela, “Tout commence par une interruption”.

Baricco, Alessandro. Mr Gwyn. Barcelona: Alianza, 2012.

Pozuelo Yvancos, José María. De la autobiografía. Barcelona: Crítica, 2006.


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