La feliz expresión del Loco

ImageUna de las representaciones del ser humano, rica por su fuerte carga simbólica y por las sucesivas reinterpretaciones que de ella se han hecho a lo largo ya de varios siglos, es la del Tarot. La mayoría de los estudiosos que se ha adentrado en el tema coincide en que los orígenes de la serie de imágenes que conforman la baraja denominada Tarot son desconocidos. Algunos los ubican como una fusión de los juegos de cartas que circulaban hacia el siglo XIV con las figuras de los Arcanos Mayores que habían sido llevados a Europa por los árabes del norte de África. La popularidad de estos juegos tuvo un gran auge en el siglo XV; incluso, una de las barajas más antiguas aún conservada data precisamente de este siglo y es la llamada Visconti-Sforza, pues se especula que fue un regalo para la boda de Bianca María Visconti, hija del duque de Milán, con Francesco Sforza[1] (Waite 10-11).

Más allá de sus orígenes inciertos, el poder del Tarot llega hasta nuestros días, renovado por siglos y siglos de interpretación, estudio, asimilación y adhesión de símbolos y correspondencias que, desde luego, siguen guardando su significación prístina. De acuerdo con uno de los estudiosos más emblemáticos de las artes ocultas durante el siglo XIX, Gerard Encausse Papus, en el Tarot se sintetiza la clave absoluta de la Ciencia Oculta. Su tratado El tarot de los Bohemios propone un extraordinario cruce entre la tradición cabalística, el significado de cada uno de los signos del alfabeto hebreo[2], las operaciones numéricas como representación de lo divino y la interpretación de las figuras que constituyen los Arcanos Mayores y Menores. El estudio de Papus es tan sólo una de las muchas posibilidades de interpretación de los conocimientos que subyacen a las distintas versiones que se han hecho de la baraja desde hace siglos, pues semejantes a la lectura de Papus existen múltiples tratados que exploran el Tarot según sus vínculos con la alquimia, la astrología, el hermetismo, la masonería, etc.

Dicho en términos muy generales y a modo de introducción, el Tarot se divide en dos partes: la de los Arcanos Mayores y la de los Arcanos Menores. La primera se caracteriza, no sólo por encerrar una carga simbólica más poderosa, sino por representar facetas fundamentales en la vida del ser humano, como son el nacimiento o inicio de un nuevo camino, la infancia o etapa de inmadurez en que resultan determinantes las figuras de autoridad y guía, la etapa de adolescencia o de toma de decisiones, la de las situaciones críticas, la de resultados favorables o triunfos, y la de renacimiento como final o cierre de un ciclo. Por su parte, los Arcanos Menores representan tendencias en la personalidad, características individuales en situaciones mucho más específicas, así como el vínculo que como seres humanos tenemos con los elementos de la naturaleza (el agua como símbolo del ámbito emocional, el fuego del creativo, la tierra del de lo físico o material, y el aire como el de lo mental).

Image   La síntesis de la naturaleza humana encuentra una de sus representaciones más extraordinarias precisamente en la figura del Loco. Según la versión y el tipo de Tarot que uno consulte, el Arcano Mayor de El Loco puede presentarse como la primera de toda la serie o como la número 21, situada entre El Juicio y El Mundo, aunque el valor numérico que en ambos casos le corresponde es el cero. También conocida como la carta de El Tonto, esta imagen resume la naturaleza del ser humano es su manifestación más primitiva, caótica y genuina. Papus anota en su ya citado estudio que la letra hebrea schin es la que le corresponde al Loco y representa “una flecha, un objeto que persigue una meta” y por lo mismo, simboliza la duración relativa y del movimiento alternativo (Papus 187). El impulso inicial que nos mueve a la acción, cualquiera que ésta sea, se manifiesta en el Loco a través del tópico del viaje; en la mayoría de sus representaciones veremos que se trata de un personaje en movimiento, que lleva un hatillo a modo de equipaje, las ropas viejas o raídas, pero sin preocupación alguna en el rostro. Sin embargo, en esta caracterización cabe también la incertidumbre y el riesgo, tal como apuntaré más adelante.

Tanto Papus como el autor anónimo de Los arcanos mayores del Tarot[3] se basan en el Tarot de Marsella, sólo que el autor de este último tratado amplía su interpretación de la letra schin a otros significados: “Decíase que era la letra del Loco, a lo que se añadía en tono confidencial: El nombre esotérico del arcano <<el Loco>> es <<Amor>> (633). A la par con esta adhesión, el autor anónimo extiende la simbología del Loco hacia varias facetas encarnadas en arquetipos y personajes literarios como: Orfeo, Fausto, Hamlet, Don Quijote. Para este estudioso del Tarot, estos personajes representan varias de las facetas del Loco, puestos que sus historias parten de la unión de los contrarios y se ven obligados a experimentar un prueba/aprendizaje consecuencia de las decisiones tomadas. “Es el arcano de la coniunctio oppositorum, el matrimonio de los contrarios a saber, el de la intelectualidad discursiva y la espiritualidad iluminadora o, en otros términos, la obra alquímica de la unión de la sabiduría humana, que es locura para Dios, con la sabiduría divina, que es locura para los hombres, de suerte que de ahí no salga una doble locura, sino una sabiduría única, constituida tanto por lo que está arriba como por lo que está abajo” (Balthasar 647).

Una versión mucho más reciente del Tarot y que repercutió ampliamente en el desarrollo de la baraja durante el siglo XX, fue la surgida en el siglo XIX a raíz de las aportaciones de The Hermetic Order of the Golden Dawn, fundada en Londres en 1888 y a la cual pertenecieron personalidades como William Butler Yeats, Gerald Kelly, el Dr. Wynn Wescott, Samuel Liddell Mathers (MacGregor Mathers) y Aleister Crowley, entre otros. Aunque la disolución de esta sociedad de eruditos dedicados al estudio de la cábala, la astrología, la numerología, la alquimia y el Tarot se dio muy rápido, la Golden Dawn fue el punto de partida del cual surgieron muchos grupos esotéricos y la difusión de los conocimientos implícitos en la simbología del Tarot. Entre los ritos de iniciación de la Golden Dawn estaba el diseño de una baraja de Tarot por cada uno de sus integrantes; de este ejercicio surgió el Tarot de Arthur Edward Waite que, al paso de los años, ha sobrevivido como el más significativo de la sociedad y el que gozó de mayor difusión (Waite 25). El mismo Waite, en su tratado publicado en 1910, La clave pictórica del Tarot, afirma: “El Tarot es una representación simbólica de ideas universales, en las cuales está basada la mente y el comportamiento humano y, en este sentido, contiene una doctrina secreta, a la cual es posible acceder, pues de hecho está ya en la conciencia de todos nosotros, aunque el hombre ordinario pase por la vida sin reconocerla. Esta doctrina ha existido siempre, es decir, siempre ha habido una minoría capaz de acceder a ella, y ha sido registrada y transmitida a través de obras y tradiciones secretas como la Alquimia y la Cábala” (Waite 25).

Image   Aunque en el Tarot de Waite el Loco guarda muchas semejanzas con el de la baraja de Marsella, tiene otras peculiaridades. También se trata de un hombre viajero, con su pequeña valija de pertenencias al hombro, con el semblante apacible, en medio de un paisaje abierto con montañas, una flor en la mano izquierda, el sol brillando a su espalda y un perrito jovial saltando a su lado. El matiz del opuesto está aquí representado por la posición del Loco, ya que se encuentra a la orilla de un precipicio y sus pasos parecen dirigirse sin mayor preocupación a la caída certera. El “principio creador” simbolizado por la flecha según Papus, encuentra aquí la contundencia de ese estadio primitivo, caótico, impulsivo, que es el ser humano cuando nace dentro de él la inquietud por empezar un nuevo recorrido. El resultado puede ser fallido o exitoso; en el Loco caben ambas posibilidades. Por eso, como apuntaba antes, el cero es el número de esta figura, es el número esencial, “la nada de la cual surge todo” (Waite 44), la “chispa que hace que todo lo demás se mueva, es el espíritu, el aliento divino que da vida e inspira el primer paso hacia la realización y la consumación” (Waite 43), aunque admita la posibilidad del fracaso o el ridículo.

En una versión aún más reciente, ya de pleno siglo XX, el Tarot Mítico de Juliet Sharman-Burke y Liz Green, encontramos un cruce no menos sugerente entre las figuras tradicionales del Tarot de Marsella y de Waite, y la mitología clásica. Aquí el Loco también es la figura inicial de la serie de los Arcanos Mayores, sólo que está representada por Dionisos. Si bien no identificamos la figura del viajero como tal, el personaje se encuentra también al borde del precipicio, danzando alegre, vestido con pieles de animales, coronado con hojas de parra y unos pequeños cuernos, en medio de un paisaje montañoso y en actitud risueña, mirando hacia lo alto. El juego de símbolos está aquí dado entre las previas caracterizaciones del Loco como el impulso primitivo del hombre por arrojarse a la acción y el dios Dionisos, el nacido dos veces (del muslo de Zeus y del inframundo presidido por Hades y Perséfone), el que vagaba por el mundo distribuyendo el vino entre los humanos y era seguido por sátiros, animales y muchachas (Sharman-Burke y Green 23). En este sincretismo entre el Loco y Dionisos, la significación de la figura se extiende hacia las facetas irracionales/intuitivas de la naturaleza humana, a esa necesidad de cambio que nos impulsa a revelarnos, movernos, explotar nuestra creatividad, arrojarnos a lo desconocido o danzar a orillas del precipicio sin hacer balance de las consecuencias.

Image    Como quiera que se le haya representado a lo largo de los siglos, el Loco sigue siendo la manifestación en bruto de lo primitivo, intuitivo, irracional, impulsivo, espontáneo y arriesgado que el ser humano es; la expresión feliz de lo que desde un principio nos mueve a hacer cosas extraordinarias o cometer terribles errores.

Bibliografía

Balthasar, Hans Urs von (Introd.). Los Arcanos Mayores del Tarot. 2da. Ed. Barcelona: Herder, 2003.

Papus, Gerard Encausse. Tarot de Marsella. (Tarot de los Bohemios). México: Berbera, 2008.

Sharman-Burke, Juliet y Liz Green. El Tarot mítico. 11ª. Ed. Madrid: EDAF, 2005.

Waite, Edith. El Tarot universal de Waite. 3era. Ed. Málaga: Sirio, 2006.

White, Julian M. El Tarot de Marsella. 2da. Ed. Málaga: Sirio, 2007.


[1] Para más información sobre los orígenes, tipos de baraja, historia y evolución del Tarot ver la bibliografía al final de este texto.

[2] Recordemos que el alfabeto hebreo es considerado no sólo un sistema de escritura, sino un conjunto de signos que por sí solos y en interrelación constituyen “una expresión de todos los hechos y de todas las fuerzas de la creación, organizadas en la estructura conocida como el Árbol de la Vida, compuesta por diez esferas o Sephirot, las cuales están conectadas por veintidós senderos de sabiduría, cada uno de ellos designado por una letra hebrea” (Waite 22). Por esto no es de extrañar que en la mayoría de los Tarots antiguos y actuales prevalezca el vínculo de cada uno de los Arcanos Mayores con cada una de las letras del alfabeto hebreo.

[3] Por razones personales el autor de este ingente tratado sobre los Arcanos Mayores ha decidido ocultar su nombre. El texto se encuentra precedido por una introducción de Hans Urs von Balthasar.


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