Gog de Giovanni Papini

paoiniCuando en 1969 Jorge Luis Borges escribió el cuento titulado “El otro”, el autor había olvidado que en su infancia leyó alguna vez “Dos imágenes en un estanque”, un escrito del italiano Giovanni Papini (1881-1956). “El olvido bien puede ser una forma profunda de la memoria”, explicó tiempo después el argentino, pues el argumento de su relato repetía la fábula de Papini. Hay más coincidencias entre ambos autores: así como Borges imaginó el universo como una biblioteca interminable, Papini soñó escribir una enciclopedia total que contuviera la materia de todas las enciclopedias de todos los países y de todas las lenguas; una obra que uniera, en una sola obra, el conocimiento disperso y repartido. Papini vislumbró la enciclopedia universal:

“Copiaba, resumía, traducía, hojeaba, con el más furioso ahínco. De día en la biblioteca, con letra fea, apresurada, deformada, con tachaduras y abreviaturas; por la noche a la luz tenebrosa de la vela, con la caligrafía más hermosa de que era capaz, con tina negra y roja, con el papel secante bajo la mano izquierda” (Papini, XI).

Sin embargo, pasado un tiempo, esta increíble empresa fue abandonada cuando “La razón  —advirtió el autor— acudió en ayuda del cansancio” (XI).

Autodidacta y lector voraz, Papini fue un individuo contradictorio: ateo recalcitrante en su juventud, teólogo y católico ferviente después; hombre polémico que justificó el fascismo y le dedicó su Historia de la Literatura Italiana a Benito Mussolini; bueno y afectuoso con sus amistades; fiero contra sus adversarios; autor, entre otras obras, de Gog: una colección de textos breves humorísticos publicados en 1931 —teñidos, en ocasiones, por el desencanto y el pesimismo—, que caricaturizan el declive espiritual de occidente y de la que me ocuparé brevemente en las siguientes líneas.

En un juego con los limites de la ficción, Papini avisa, al inicio de la obra, que no es el autor de la historia, sino un simple transcriptor de las memorias de Gog, un hombre enfermo y monstruoso que el escritor conoció en un manicomio. Como hicieran los mejores autores del Renacimiento, Papini se disculpa por dar a conocer un documento “espantoso”, y afirma no coincidir ni aprobar los sentimientos de Gog y de sus interlocutores. Si se atreve a publicar el texto es porque —asegura— en la historia de ese “cínico, sádico, maniático, hiperbólico semisalvaje”, en ese descendiente de caníbales, vio el símbolo de la “falsa y bestial (…) civilización cosmopolita” (5).

Tras saquear de manera legal millones de dólares y amasar una fortuna considerable, Gog se dedicó por un tiempo a satisfacer deseos y caprichos inverosímiles. Aburrido de las voluptuosidades y excesos, invirtió su fortuna en conocer a los personajes más influyentes o interesantes de su tiempo. El documento que Papini dice consignar no es más que el recuento de dichas entrevistas con Henry Ford, Einstein, Freud, Edison, G.B. Shaw, Gandhi, Lenin, H. G. Wells, un caníbal, el promotor de una nueva religión más acorde a los tiempos modernos (la Egolatría), etc.

Cuando se encuentra con Henry Ford, por ejemplo, Gog caricaturiza el consumismo y el capitalismo rapaz: “Mis fábricas surtirán por eso a los cinco continentes. En muchas partes del mundo el automóvil y el aeroplano no son todavía de uso general. Con la potencia de la publicidad y del control bancario obligaremos a todos los pueblos a usarlos (…) Los clientes extranjeros pagarán con el objeto producidos por sus padres y que nosotros no podemos fabricar: cuadros, estatuas, joyas, tapices, libros y muebles antiguos, reliquias históricas, manuscritos y autógrafos” (12). Como si fuera un presagio del discurso  de los hombres más ricos de este siglo, Ford define su sistema como altruista y filántropo al servicio de la producción sin límites.

Las visitas a ciertos personajes no solo le permiten a Papini analizar de forma grotesca, humorística y, en ocasiones, pesimista,  ciertos males que todavía nos aquejan, algunos fragmentos son un análisis sarcástico de las obras más importantes del siglo XX. Por ejemplo, Freud le confiesa a Gog que sus escritos, más que tratados científicos, son ensayos literarios: “Literato por instinto y médico a la fuerza, concebí la idea de transformar una rama de la medicina —la psiquiatría— en literatura. Fui y soy poeta y novelista bajo la figura de hombre de ciencia” (54).

La mirada cínica y lunática de Gog destruye cualquier idealismo, por esto no hay perspectiva ni lugar aludidos que Papini no derrumbe, con una única esperanza, según avisa el autor: “la de hacer servir el mal de Gog para el bien común” (6).

Bibliografía

Borges, Jorge Luis. “Prólogo a Ya no quiero ser lo que soy”, consultado en: http://www.difusioncultural.uam.mx/casadeltiempo/90_jul_ago_2006/casa_del_tiempo_num90-91_100.pdf

Papini, Giovanni. Gog. México: Porrúa, 2005.


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