El tratamiento artístico de la costumbre

Danza campesinaEl año pasado la Université de Pau et des Pays de l´Adour, en Francia, publicó el volumen monográfico El costumbrismo, nuevas luces, un valioso aporte a los estudios sobre el tratamiento artístico de la costumbre en el ámbito hispánico, especialmente durante el siglo XIX. El libro, editado por Dolores Thion, tiene como antecedente el coloquio internacional celebrado en la Université de Pau et des Pays de l´Adour en mayo de 2011, y reúne 38 aportes de investigadores provenientes, casi todos, de universidades de España, Francia, Estados Unidos e Italia. En las siguientes líneas me gustaría comentar rápidamente uno de esos aportes: “Algunas consideraciones sobre el concepto de costumbrismo” (41-50), de Luis Beltrán Almería, catedrático de la Universidad de Zaragoza, en España.

A mi juicio, este breve trabajo de Beltrán, incluido en “El costumbrismo: concepto, perspectivas e implicaciones”, primer apartado del libro, es una de las contribuciones más valiosas de la obra. El autor inicia llamando la atención sobre un asunto de gran peso que, sin embargo, suele pasar desapercibido para la crítica literaria: tanto el contenido como los límites temporales del concepto de costumbrismo son difusos. Además, parece tratarse de un fenómeno presente sólo en la literatura hispánica. A la luz de esto, Beltrán se pregunta: “¿Reclama este concepto un reconocimiento universal? O ¿es sólo un término de andar por casa, algo típicamente español? Al menos, parece inevitable reconocer que algo ocurre con la literatura española del siglo XIX que reclama ese concepto, aunque la teoría que contiene esa categoría quizá no sea suficiente o la más idónea para el caso”. Si bien el autor se refiere a la “literatura española”, los hispanoamericanos bien podemos sentirnos incluidos, no sólo porque, sin duda, somos herederos de la tradición literaria hispánica, sino porque nuestras literaturas han adoptado el concepto de costumbrismo para trabajar obras escritas por hispanoamericanos. Baste pensar, por ejemplo, en publicaciones evidentemente ligadas a Los españoles pintados por sí mismos, tomos 01 y 02  (1843-1844): Los cubanos pintados por si mismos: Colección de tipos cubanos (1852), Los mexicanos pintados por sí mismos, tipos y costumbres nacionales (1854), y hasta Los Estados Unidos y la América del Sur: los yankees pintados por sí mismos (1893).

Tras examinar los argumentos a favor del uso del concepto de costumbrismo, y también de los aspectos deficitarios de ese concepto, Beltrán concluye que el problema más evidente radica en la noción de costumbre:

No es un problema lingüístico (por ejemplo, de polisemia de una palabra). Es una cuestión cultural. No es lo mismo la costumbre en el mundo tradicional (el folclore) que en la Antigüedad. Tampoco significa lo mismo costumbre en el Humanismo que en los comienzos de la era moderna (el siglo XIX). Y no es lo mismo la costumbre del siglo XIX que la del siglo XXI.

Se trata, pues, de un problema de fondo: necesitamos pensar las costumbres como categoría estética, esto es, como una idea ―en el sentido platónico― condensada del mundo.

Aunque suele admitirse que el costumbrismo en un fenómeno decimonónico, tal afirmación es, a lo menos, parcial. Ya Horacio, Teofrasto, Aristófanes y Plauto, entre otros, habían “retratado” las costumbres de su tiempo. La Edad Media y el Humanismo también tuvieron fustigadores de vicios y costumbres ajenos. La pregunta pertinente sería: ¿qué le aporta a nuestro tiempo el tratamiento artístico de las costumbres?, o, ¿qué es lo que se incorpora, a través de la representación de las costumbres, al horizonte literario posterior a 1800? Beltrán sugiere que el tratamiento artístico de las costumbres permite la entrada de dos visiones confrontadas sobre las consecuencias de la irrupción de la modernidad y su “progreso”, así como sobre los vestigios de la premodernidad (manifiestos, sobre todo, en el ámbito rural). De estas dos visiones surgen, por un lado, la crítica de los vicios nuevos de las urbes en crecimiento, entendidos como estragos de la modernidad, y también la exaltación festiva de la resistencia la modernidad, perceptible en las rutinas del pueblo que se esfuerza por permanecer idéntico a sí mismo. A esto último, cuando aparece en la literatura, hemos dado en llamarlo “pintoresco”.

Por todo lo anterior, considero que esta propuesta de Beltrán posibilita un acercamiento renovado a un viejo problema: cómo representamos las costumbres humanas, o sea, nuestro mundo y las relaciones que en él establecemos con los demás.

Bibliografía:

  • Dolores Thion Soriano-Mollá, (ed.). El costumbrismo, nuevas luces. Francia: Presses de l´Université de Pau et des Pays de l´Adour, 2013.

NOTA: El artículo de Beltrán se puede consultar en línea y descargar gratis: http://www.academia.edu/3524578/Algunas_consideraciones_sobre_el_concepto_de_costumbrismo


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