El corazón de la montaña

chicleroDurante la primera mitad del siglo XX, el redituable negocio de la explotación de chicle vivió su auge en las selvas de Quintana Roo y Campeche. Esta actividad, vinculada al mercado internacional, a pesar de ser fructífera y de generar fortunas, no impulsó el desarrollo de la región ni elevó la calidad de vida de sus pobladores: “el trópico húmedo sólo jugó el papel de surtidor de materias primas exóticas a la industria mundial”, explica Martha Patricia Ponce Jiménez en el libro La montaña chiclera: Campeche: vida cotidiana y trabajo (1900-1950)  (Ponce, 5).

Durante siete meses, a partir del mes de julio, hombres y mujeres mayas se trasladaban a los montes para picar árboles de zapote y conseguir la resina que se convertiría en chicle, substancia añorada sobre todo por el mercado estadounidense.

Valientes, criticadas por la sociedad de su tiempo, el trabajo de las mujeres en los campamentos de chicleros era imprescindible; como los hombres, trabajaban de sol a sol, acarreaban agua, juntaban la leña, preparaban el nixtamal, alistaban las provisiones, cocinaban, hacían las tortillas, lavaban la ropa. Basado en recuerdos familiares y presentado en edición bilingüe, U k’a’ajsajil u ts’u’ noj k’áax (Recuerdos del corazón de la montaña), de Ana Patricia Martínez Huchim, cuenta la historia de xTuux, “la de los hoyuelos” en maya, una de las muchas mujeres que se internaron en los montes de la península.

En esta obra la memoria oral es trabajada estéticamente por la autora, quien compone una serie de cantos y cuentos que recrean la vida de los chicleros, desde las labores, las alegrías y las penas, hasta los peligros naturales que acechaban en el corazón de la montaña: “la picada de la mosca “mala”, su gangrena,/ el humo de moscos, su paludismo,/ el excremento rojo, su disentería,/ el cantar del tecolote, su mal agüero” (Martínez, 63).

Como si fuera un oyente que escucha unas memorias, el narrador inicia el relato dando cuenta de los últimos días de la vida de xTuux; a partir de ahí, el texto se desarrolla de manera fragmentaria y retrospectiva, el tiempo presente queda en suspenso y los lectores somos trasladados al pasado para conocer los acontecimientos más relevantes de la existencia de la protagonista.

Entre recuerdos pesarosos, anécdotas graciosas y tiernas, la naturaleza —el monte y sus habitantes como el temible jaguar, la boa o las aves— y los seres sobrenaturales —las Ánimas que visitan a los vivos durante la celebración del Día de Muertos, los Yuumtsiles, señores dueños del monte— toman un papel relevante, que permiten a la autora crear imágenes poéticas en las cuales se vislumbra la cosmovisión maya. Por ejemplo, xTuux es en vida la anciana que recuerda, y al morir un pajarillo cantor que se posa en el zapote que habita silencioso en el patio de su casa, árbol que tiene un triste final según informa el narrador:

Cuando pasé el otro día por el rumbo donde vivió la difunta doña xTuux, habían tapado el pozo público y un amplio camino negro era tránsito de cosas nuevas. Destacaba un xtokoy solar[1] donde leñaban el grueso tronco de un zapote seco (91).

En miras del progreso se cortan los árboles, se olvida el pasado, se calla la memoria. Esta imagen me recordó un suceso: cerca de mi casa se levantaban unas imponentes ceibas. Hace algún tiempo alguien decidió que era prudente cortarlas. La desaparición de estos árboles, que tanto representan en la cosmovisión maya, nos causó tristeza a algunos vecinos de la zona. Sin embargo, hoy, victoriosas, en sus troncos mutilados han nacido unas pequeñas ramas. Como estas ceibas que se niegan a morir, reconforta pensar que los recuerdos del corazón de la montaña quedaron bellamente resguardos en los escritos de Ana Patricia Martínez Huchim.

ceiba

Martínez Huchim, Ana Patricia. U k’a’ajsajil u ts’u’ noj k’áax. Recuerdos del corazón de la montaña. Mérida: SEDECULTA, 2013.

Ponce Jiménez, Martha Patricia. La montaña chiclera: Campeche: vida cotidiana y trabajo (1900-1950). México: CIESAS, 1990.


[1] Solar abandonado


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