Otras fuentes de felicidad

ImageAlguien me preguntó hace unos días de qué creía yo que estaba hecha la conciencia y, desde luego, no supe siquiera en qué pensar. La respuesta fue “de instantes de conciencia”. Aún le doy vueltas al asunto y me imagino esa respuesta en muchas preguntas hipotéticas. Pienso en mi vida como una aglomeración de instantes de vida, instantes que también han sido encrucijadas, puntos clave que podemos llamar decisiones o “coincidencias”. Creo que las coincidencias más felices de mi vida llevan el nombre y el rostro de personas memorables, y el aspecto de los infinitos mundos desplegados en las páginas de los libros encontrados por ahí, recomendados o salidos de otras lecturas. Por lo anterior, creo que mi vida y mi conciencia también se conforman por una sucesión de historias leídas y entrelazadas con etapas particulares que han hecho de mí lo que hoy soy.

            Si he escrito hasta ahora sobre mí y en un tono tan personal, es porque la lectura de La escritura insumisa. Correspondencias en la obra de Sergio Pitol de Elizabeth Corral me ha contagiado de una suerte de “libertad feliz” para hablar así sobre este libro. Para la autora, leer implica un diálogo con quien escribe, claro, pero exhibe más que nada “al lector y su propia experiencia”, pues “lo que el lector ha vivido le da al texto su horizonte, su cadencia, su tempo y su temperatura”, afirma siguiendo a Saer. No será otra la pauta que guíe esta lectura de Elizabeth Corral de la obra de Sergio Pitol.

            Desde el primer apartado, titulado “Variaciones”, Corral advierte sobre la naturaleza de su propuesta: “En estas páginas busco mostrar una lectura centrada en el paso de lo sombrío a lo luminoso, de las tonalidades del azul profundo a las del amarillo brillante –como las cartas del tarot- y en la transformación de las estructuras sólidas e intrincadas en otras de ligereza aérea: de las cárceles de Piranesi a las alas que el escritor ve en los cuadros abstractos de Rothko y yo en los móviles de Calder”. Y así, explorando tonalidades, matices y, desde luego, correspondencias muchas y diversas, accedemos a una especie de biografía literaria de Sergio Pitol.

            Antes dije que este libro me contagió de una “libertad feliz” y lo dije porque no es muy distinta la expresión que Corral emplea para referirse a la obra de Pitol, pues en ella encuentra una soltura, un desparpajo y claro, “un grado superior de la libertad” que se ponen de manifiesto en sus complejas estructuras, en sus incontables diálogos con otras obras de arte y artistas, en su fascinación por la excentricidad y en el asumir la creación literaria como una vivencia afortunada, libre y feliz. Esta libertad de creación tan particular en Pitol, encuentra una correspondencia en la libertad de lectura de Corral, que no por ser libre resulta menos meticulosa y comprometida, genuina, diría yo.

            Decía también que La escritura insumisa… puede verse como una especie de biografía literaria y creo que, en parte, se debe a la concepción del propio Pitol en relación con su obra: “En todo lo que he escrito: cuentos, novelas, crónicas, hasta ensayos, me presento por todas partes, durante más de cincuenta años de escritura estoy presente. No hay nada allí que no esté extraído de los archivos de mi vida”, según afirma en Una autobiografía soterrada. Paralelamente a esta presencia admitida, la lectura de Corral coloca la obra de Pitol sí en una sucesión cronológica, pero también con la visión global de quien sabe qué tonos y perfiles irá adquiriendo la obra completa hacia el final.

            La escritura insumisa… parte entonces de los “Años de aprendizaje” con obras como El mago de Viena, en las que se explora el azul profundo de la locura, la muerte, el miedo y los vericuetos imprecisos y perversos en que se mueven estos personajes. En este un primer paso en la narrativa de Pitol, uno en el que ya está incorporando algunos de los tópicos, episodios, personajes y estrategias que habrían de alcanzar su perfección en obras posteriores, como El tañido de una flauta, Vals de Mefisto/Nocturno de Bujara y Juegos florales, analizadas en “Las dos primeras novelas y un intermedio fastuoso”. La complejidad estructural, los juegos de cajas chinas (literatura dentro de la literatura), la intertextualidad, la presencia de personajes mezquinos, pero no por eso menos simpáticos, se encuentran ya consolidados y expuestos, insisto, a la perfección en esta segunda etapa. Como una etapa, digamos, de madurez viene entonces el apartado dedicado a “Las novelas del Carnaval” (El desfile del amor, Domar a la divina garza y La vida conyugal), para dar pie después a La trilogía de la memoria y más allá, a Una autobiografía soterrada (ampliaciones, rectificaciones y desacralizaciones) y Memoria. 1933-1966. En estos últimos textos, la presencia imperante de la memoria (que siempre había estado, pero un tanto menos evidente), da cuenta también de la congruencia global de un autor que ha encontrado múltiples maneras de decir lo mismo y hacer que permanezca vigente.

            El recorrido resulta tan amplio y meticuloso como ameno. Las correspondencias no hayan filtro, pues van y vienen del cine a la pintura, de la nota autobiográfica (cada vez más evidente y explícita en Pitol) a la invención, de la pasión por los viajes a las incertidumbres del sueño, de la escritura propia a la de otros, muchos otros que están presentes en las páginas de Pitol tanto como él mismo. Las correspondencias, además, se encuentran en la coincidencia afortunada con aquellas personalidades determinantes en el autor. En “El maestro, los maestros”, Corral parte del discurso de Pitol al recibir el premio Cervantes, para retomar la influencia de los “otros” imprescindibles, los maestros leídos y los “conversados”, aquellos que presiden el escritorio de Pitol con sus fotografías y también sus páginas, sólo para agregar que, como en todo “al hablar de sus maestros Pitol habla de sí, de las lecciones que supo integrar a su vida y luego ha enseñado a sus discípulos”.

            Al final de la lectura de La escritura insumisa… queda la libertad feliz de asociar, pensar, leer y escribir, y sobre todo la abierta invitación a releer a Sergio Pitol y a comprender que la correspondencia entre su vida y su obra es afortunada “porque hacen sentir y pensar que, pese a todo, hay innumerables fuentes de felicidad”.

 

 

Corral, Elizabeth. La escritura insumisa. Correspondencias en la obra de Sergio Pitol. San Luis Potosí: El Colegio de San Luis, 2013.


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