El osado bestiario de Moreno Villa

The Rochester BestiaryEn el prólogo a Evoluciones: Cuentos, caprichos, Bestiario, epitafios y obras paralelas, del escritor español José Moreno Villa (1887-1955), el autor asegura que la idea de este libro surgió a raíz de un “viaje raro” por España (16). Del variado repertorio de obras contenidas en Evoluciones, voy a comentar sólo el segundo libro: Bestiario. Al decir de su autor, la serie que lo integra salió de su contacto “con el mundo grotesco del gótico, lleno de alimañas” (20). Y páginas más adelante añade con singular lucidez:

No, no es la sencillez la virtud cardinal de este libro. Las cosas visuales se mezclan aquí con las intelectuales, las preferencias sentimentales y estéticas con las morales del orden más rígido. Tiene todo esto un claro entronque con el arte gótico, aquél, complicado arte septentrional que tuvo la osadía de querer fundir o amalgamar lo abstracto y lo natural, la geometría y el mundo palpable, vegetal o animal (98).

Bestiario también tiene la osadía de fundir o combinar lo múltiple: características de animales no humanos con las de los humanos, numerosos géneros breves (sentencia, aforismo, epigrama, etc.), seriedad y humor, literatura y anecdotario personal, etc. Por supuesto, a esta curiosa obra no le hicieron falta detractores. Por ejemplo, un paisano de Moreno Villa, el poeta Guillermo Carnero asegura que Bestiario “lo constituyen malogradas estampas en prosa en las que la campechanía y el humorismo obtienen un detestable resultado” (18). Sin duda, Bestiario es una obra heterogénea, dispar, pero acaso no sea por un mero capricho de su autor.

La evidente heterogeneidad o disparidad se explica, en buena medida, con la naturaleza del género al cual pertenece. El bestiario es un álbum, o sea, es una “colección de relatos, descripciones e imágenes de animales reales o fantásticos” (DRAE). Y la función del álbum es acoger en un mismo espacio todo tipo de composiciones breves. Pero hay más. La intención declarada de este álbum zoológico es dibujar una sonrisa en la cara de la mujer anónima a quien va dedicado: “¡Sonríe! Me alegra haber dado repentinamente con esta palabra, porque ella puede explicar por sí sola la clara intención de mi dedicatoria” (101). Y, con un guiño de galán irredento que rememora un viejo amorío, le revela también el afán didáctico que sustenta el libro, que “será recibido sin suspicacias por el esposo”: “Tu marido lo leerá; contribuiré también a su regocijo, y, luego, tal vez le indique a los pequeñuelos las virtudes, los rasgos, las deformidades de las alimañas campestres y ciudadanas” (101).

Al final del Bestiario propiamente dicho, el autor, “un hombre un tantico soñador” (158), caracterizado como guardia de sus criaturas, confiesa con aire juguetón y risueño:

Las alimañas fueron incorporándose a la corte de mis pensamientos a lo largo de mi camino. Yo ni las atendía. Las miraba, y adelante. Así se fueron apiñando y creciendo, hasta que una noche, falange poderosa ya, se levantaron, como los hombres menospreciados, en demanda de atención o solicitando sus derechos dentro de la farsa mundana. Yo entonces, como los monarcas despóticos que ven su causa perdida, les di constitución. Ésta es la constitución de las bestias (153).

El libro cierra con algunas reflexiones en torno a la difícil convivencia con los habitantes del bestiario: la higiene y el decoro público, la enseñanza y las bellas artes, el problema de la alimentación, la gobernación… Tras todas estas situaciones, el autor decide consumar la disolución del Bestiario y se retira a su casa solariega. No obstante el abandono del autor, las criaturas ―bestias de palabras y papel― se quedan entre nosotros. En las siguientes líneas ofrezco al lector una pequeña selección de pasajes de ese Bestiario. Quizá, por momentos, más de un lector recuerde las greguerías de Ramón Gómez de la Serna. Al final adjunto el libro completo, por si alguien siente curiosidad de leerlo.

De la CABRA: “¿Tiene dos almas la cabra? ¿Cómo es infantil, amiga de los niños, y retorcida, colega de las viejas brujas?” (102).

Del GALLO: “Parece que va con las manos en los bolsillos del pantalón y que anda sobre el mantillo del corral temeroso de percudir los flamantes botines: tanto alza los pies” (104).

Del ASNO: “Si el hombre estima la aristocracia, cuyos factores son esfuerzo y tiempo, ¿por qué, siendo tenaz y provechoso mi esfuerzo, y mi cuna lejana en el tiempo y en el espacio, no me quieren?” (107).

Del CARACOL: “¡Tienta, tienta; levanta la cabeza y otea los alrededores! ¿Te hacen falta gemelos de campaña?” (108).

La ARAÑA: “He aquí una figura escapada de un manual de Geometría o de un tratado de Lógica” (110).

El BUEY: “El buey tiene siempre sesenta años. ¿Le recordáis bullicioso? En cambio le recordáis cachazudo y pacífico, barbicano y con gafas” (111).

La RANA: “Viene a ser como la criatura-serpiente de los circos, más saltarina cuanto más descoyuntada” (113).

El MONO: “Veinte siglos de civilización cristiana, por lo menos, ha tardado el hombre en notar su parecido con el mono. El mono, en cambio, lo sabe desde siempre” (114).

Los GANSOS: “Son como niños palurdos que no se mueven a gusto en el traje limpio y dominguero” (115).

El CERDO: “¡Pobre marrano! La bestia más pudorosa de la creación” (116).

La LAGARTIJA: “Rápida y flexible, uniformada como la milicia moderna, conforme al suelo que pisa” (117).

El FAISÁN: “Pertenece al cuerpo diplomático; sabe la lengua inglesa, sibilante, insinuante, y la pronuncia en tono bajo” (119).

El ANTÍLOPE: “Es un anarquista de guardarropía” (120).

El ELEFANTE: “Obediente al sentimiento del pudor encoge las indecorosas nalgas con que sus progenitores le agraciaron” (122).

El PEZ COLORADO: “Topando con el hocico en el vidrio de la bola, tornando arriba y abajo lentamente, sin un destello de luz interna”, este animalillo es un pobre idiota non nato” (125).

El PAVO VULGAR: “[¿]Qué tendrá esta criatura en el gaznate, que así lo estira y así tose?” (126).

El CISNE: “[É]ste es el cisne bello, Narciso de los estanques, nadador sin ajetreo que desvirtúe su magnífica figura” (128).

El DROMEDARIO y el CAMELLO: “Vosotros sois serviciales y pobres de espíritu. De vosotros es el reino de los cielos” (132).

La TORTUGA: “Este curita, de paso torpe, es viejo. Tiene tendinoso el cuello largo y ha caído en la locura de vestir siempre de pontifical” (135).

La INNOMBRABLE: “En medio de todo, da lástima que arrastre por el suelo su tenue camisa, su cuerpo de liso mosaico policromo” (137).

El LAGARTO: “Por su nombre y por sus hechuras es padre de la lagartija y bisnieto del caimán” (138).

El CONEJO: “Un resorte burlesco tiene en la nariz y otro en las patas” (140).

El CANGURO: “Esta buena madre tiene perpetuos dolores de tripa a juzgar por la postura” (144).

El AVESTRUZ: “Es una solterona inglesa trotamundos, llena de plumajos que un día tuvieron esplendor” (145).

Bibliografía

  • Carnero, Guillermo. “José Moreno Villa y las orientaciones de la vanguardia española”, en José Moreno Villa en el contexto del 27: actas del I Congreso de Literatura Española Contemporánea, Universidad de Málaga, 10, 11, 12, 13 de noviembre de 1987. Ed. Cristóbal Cuevas García.  Barcelona: Anthropos Editorial; Málaga: Universidad de Málaga, 1989, pp. 7-29.
  • Moreno Villa, José. Evoluciones: Cuentos, caprichos, Bestiario, epitafios y obras paralelas. Madrid: Casa editorial Calleja, 1918.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s