Elogio de la mosca

mosca-con-una-gota-de-aguaTres temas han acompañado al hombre desde siempre, según explica Augusto Monterroso: “el amor, la muerte y las moscas”. La literatura está invadida por la mosca, avisa el autor guatemalteco, pues “No hay verdadero escritor que en su oportunidad no le haya dedicado un poema, una página, un párrafo, una línea”.

 ¿Será esta minucia tan importante como Monterroso afirma? ¿Cuál es su papel junto a esos otros temas de verdad colosales? Busco en el diccionario la definición de mosca y encuentro algunas expresiones en las que de cotidiano nos acompaña este insecto, “díptero, muy común y molesto” como explica la RAE: “Por si las moscas”, “Fulano está con mosca”, “Mosca muerta”, “soltar la mosca”, “qué mosca te habrá picado”, etc. Después inspecciono en mi memoria y recuerdo que en la infancia vi una película terrorífica de un hombre que se convierte en mosca; también evoco la parodia de ese filme en un capítulo de Los Simpsons.

 Por qué colocar un tema tan minúsculo junto a esas magnitudes. Sigo mi pesquisa y encuentro “Biografía de una mosca”, reportaje en el que Juan José Millás revela algunos detalles de la investigación del biólogo Ginés Morata sobre la Drosophila Melanogaster, la mosca del vinagre, especie que por sus características resulta ideal para la investigación genética:

“Los genes que ensamblan el cuerpo de una Drosophila son los mismos que ensamblan el cuerpo humano (…) Los mecanismos genéticos del envejecimiento en la Drosophila y en nosotros, por ejemplo, son muy parecidos. Si aprendemos a modificar los genes del envejecimiento de las moscas, algún día será posible modificar los nuestros, pues son los mismos”.

El reportaje de Millás no se queda en la descripción científica. Dado que su objetivo es escribir la biografía de uno de estos ejemplares, el autor elige estudiar a Catalina y Prudencio —Pruden para los amigos—, dos ejemplares que le descubren el horror y la belleza de la mosca:

 “La mosca, podríamos decir, es un alien incrustado en el cuerpo de la larva, a cuyas expensas crece. La larva muere cuando la mosca ha alcanzado el desarrollo adecuado. Y otra cosa: las diferentes partes de la mosca aparecen en el cuerpo de la larva separada, como las piezas de un mecano (..) Cuando todas estas partes han madurado separadas entre sí, se unen de forma misteriosa, se pegan, se articulan y aparece el conjunto fabuloso llamado mosca, en el que no es posible sin embargo hallar señales de las costuras”.

Millás describe con humor cada una de las etapas de la vida de Catalina; maravillado por el espectáculo natural, apunta que si la naturaleza fuese de verdad sabia debería hacer sonar música de violines cada vez que una mosca pasa por uno de sus estadios: cuando Catalina salió victoriosa de su capullo, “con los movimientos con los que Kate Moss se habría quitado una combinación de nailon pegada al cuerpo”, cuando asomó la cabeza, sacó el tórax y sus tres pares de hermosas patas, asegura el escritor, fue testigo de un “momento glorioso”.

La curiosa historia de amor entre Catalina y Pruden, la brevedad de su existencia (30 días aproximadamente), le descubren a Millás que la vida de una mosca es un mapa o una representación a escala de cualquier vida, hasta la de los hombres, pues nuestro tiempo es minúsculo, insignificante, como una mosca.

Pero Monterroso, autor que le gusta jugar con el desconcierto y el humor, avisó que toda la literatura está invadida de moscas. Sigo con mi investigación sobre estos insectos y encuentro que, en el prefacio de Elogio de la locura, Erasmo los menciona al defender su interés por tratar bagatelas: “Homero se divirtió con la Batrocomiomaquia; Virgilio con el mosquito y el almodrote, y Ovidio con una nuez (…) Glauco celebró la injusticia (…) Sinesio, a la calvicie, y Luciano, a la mosca” (Erasmo, 51).

Llego así al siglo II y me topo con Luciano de Samósata, quien, utilizando las armas de la retórica, alabó a estos insectos en Elogio de la mosca, sustentando su decir en la más seria de las autoridades:

“De su valor y arrojo no hemos de hablar nosotros, sino el poeta de más potente voz: Homero. Al tratar de ensalzar al mejor de los héroes, no compara su arrojo con el del león, al leopardo o el jabalí, sino con la audacia de la mosca y la intrepidez y persistencia de su ataque, y no le atribuye temeridad, sino audacia, pues incluso apartada —dice— no abandona, sino que está ansiosa por picar. Tanto ensalza y aprecia a la mosca, que no la menciona ocasionalmente una vez ni en escasos pasajes, sino con frecuencia”. 

La retórica le sirve de pretexto a Luciano para mofarse de la solemnidad de sus contemporáneos en Elogio de la mosca. De manera burlona, el escritor humaniza a dicho insecto: nos habla de sus prácticas amatorias, de su hogar, de sus gustos alimenticios, de su vida en sociedad; más aún, el Sirio advierte que las moscas surgen de los cadáveres humanos. Contrario a la práctica común, el autor no solo muestra que es capaz de ataviar el tema más escabroso, sino que actualiza, dándole un uso contrario al de la norma, un género retórico: el género epidíctico, cuyo objetivo es agradar o conmover al auditorio elogiando la belleza o vituperando la fealdad.

Tras este breve recorrido, las moscas se revelan como presencias algo fantasmagóricas con las que se divierten ciertos autores que cultivan la risa y el humor: el zumbido de su vuelo llega a la literatura, su presencia fútil causa desazón. Quién diría que todo se trata del amor, la muerte y las moscas, quién diría que la minucia juguetona tiene su valor y está ahí revoloteando en los esquemas que explican el mundo.

Bibliografía

Erasmo. Elogio de la locura. Madrid: Austral, 2011.    

Hernández Guerrero, José Antonio y María del Carmen García Tejera. Historia breve de la retórica. Madrid: Editorial Síntesis, 2010.

Luciano. Obras I. Elogio de la mosca. Madrid: Gredos, 1996.

Millás, Juan José. “Biografía de una mosca”, consultado en: http://elpais.com/diario/2008/08/03/eps/1217744810_850215.html

Monterroso, Augusto. Movimiento perpetuo. México: Era, 2005.           


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