El verdadero silencio

 

ImageNo hay verdadero silencio si no es compartido

Cesare Pavese

 

Las últimas palabras de George Steiner en Antígonas. Una poética y una filosofía de la lectura apuntan a reconocer la importancia del mito a lo largo de la historia como un modo de seguir cuestionándonos acerca de nuestro devenir humano, como una forma de mantener vigentes las preguntas: “Pero es el mito y su trascendencia lo que genera, lo que impone, la dinámica de la repetición (ese preguntar “de nuevo”) a través del tiempo. […] Lo único de que puedo estar seguro es esto: todo cuanto he tratado de decir ya necesita una adición. Nuevas “Antígonas” están siendo imaginadas, concebidas, vividas ahora; y lo serán mañana” (228). Y sí, el siglo XX fue testigo de una multiplicación de versiones, relecturas, diálogos y reelaboraciones no sólo de Antígonas, sino de Electras, Edipos, Ulises, Orfeos, etc., las más de las veces adecuados a los conflictos bélicos que asediaron la primera mitad del siglo pasado.

            Después de la Segunda Guerra Mundial y durante la Guerra Fría, la figura de Antígona adquirió una fuerza desgarradora; ya no implicaba únicamente la confrontación entre la joven que reclama su derecho filial a enterrar al hermano muerto oponiéndose a la ley del Estado encarnada en Creón, sino que su lamento se extendía al duelo general por la pérdida de innumerables vidas. El dolor de Antígona se hace cada vez más reconocible y relevante, las sociedades se ven resquebrajadas por guerras, dictaduras, sistemas políticos que hacen de la vida humana una cifra fría y solitaria que puede hacerse desaparecer sin más.

            Como afirma Steiner, Antígona ha estado, está y seguirá estando mientras siga siendo vivida, imaginada, concebida; mientras los hermanos, los padres, los hijos, continúen desaparecidos, tal vez muertos, y las hermanas, esposas, madres, vivan en la incertidumbre y en la imposibilidad de dar sepultura a sus muertos. Es precisamente esta vigencia la que mantiene firme todo el discurso de Antígona González de Sara Uribe, la voz que afirma ante la ausencia de su hermano Tadeo:

“Ellos dicen que sin cuerpo no hay delito. Yo les digo que sin cuerpo no hay remanso, no hay paz posible para este corazón.

Para ninguno.” (24).

            Articulada como un discurso en el que confluyen otras muchas Antígonas, al igual que otros muchos duelos, Antígona González revive la situación del México contemporáneo en el que miles de desaparecidos y muertos han quedado en el anonimato, y las voces de quienes los reclaman continúan escuchándose:

“¿Quieres decir que va a seguir aquí sola, hablando en voz alta, muerta, hablando a viva voz para que todos la oigamos?” (27).

Y no sólo es este México el que el que atraviesa estas páginas, sino otros países donde contextos similares hallaron en el duelo de Antígona un modo de hacerse evidentes. Las palabras de Griselda Gambaro, José Triana, Leopoldo Marechal, también se unen a este coro de Antígonas para hablar de los horrores de las dictaduras, para conformar un eco hacia el pasado de América Latina.

            Tal vez por lo anterior Antígona Gozález guarda un ritmo muy particular, una sonoridad que a veces recuerda una plegaria o una letanía, la súplica de varios miles que no han encontrado justicia, ni oídos atentos a sus demandas, ni el cuerpo de sus seres queridos.

“Yo también estoy desapareciendo, Tadeo.

Y todos aquí, si tu cuerpo, si los cuerpos de los nuestros.

Todos aquí iremos desapareciendo si nadie nos busca, si nadie nos nombra.

Todos aquí iremos desapareciendo si nos quedamos inermes sólo viéndonos entre nosotros, viendo cómo desaparecemos uno a uno.” (95).

 

            Entre recuerdos de infancia, notas de periódico, citas textuales y diálogos con autores diversos (desde Cocteau hasta Pinter, desde Sófocles hasta Zambrano), nos encontramos con una Antígona reconocible, vigente, cercana, con la que al final llegamos a acompañar en la impotencia y el dolor; una Antígona mexicana con quien tristemente compartimos el silencio:

 

“Supe que Tamaulipas era Tebas

y Creonte este silencio amordazándolo todo” (65).

 

Antígona González de Sara Uribe es, a decir de la autora, una “pieza conceptual basada en la apropiación, intervención y reescritura” (103), realizada con la intención de “nombrar las voces de las historias que ocurren aquí” (97). Fue escrita por encargo de Sandra Muñoz y Marcial Salinas y estrenada en abril de 2012 por la compañía A-tar en el Espacio Cultural Metropolitano en Tampico, Tamaulipas.

           

 

Bibliografía

Steiner, George. Antígonas. Una poética y una filosofía de la lectura. Trad. Alberto L. Bixio. Barcelona: Gedisa, 1987.

Uribe, Sara. Antígona González. Oaxaca: Sur + ediciones, 2012.


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