Visiones sobre el sueño

íncuboEl íncubo, demonio responsable de las pesadillas angustiosas, se posa sobre el pecho de los durmientes que apenas van conciliando el sueño. Según el escritor romano Macrobio (s. IV d.C.), el íncubo es un tipo de Phántasma o aparición que se produce entre la vigilia y el reposo profundo, en la primera bruma del sueño, cuando nos sentimos despiertos pero ya comenzamos a dormir. La mitología romana advertía que los maliciosos íncubos no solo provocan pesadillas; también es posible que uno de estos genios demoniacos se sienta atraído por el durmiente y decida tener amores con éste mientras se encuentra indefenso y atrapado en las redes del sueño.

Macrobio, basándose en la Onirocrítica o Interpretación de los sueños del Artemidoro de Daldis (s. II d. C.), identificó otras cuatro categorías de sueño: El enypnion, insominium o ensoñación, cuando una preocupación nacida de la opresión del alma, el cuerpo o la fortuna —sea el desamor, la sed, el hambre o el poder—, se le presenta a alguien dormido con la misma forma con que le atormentaba despierto; el chrematismós u oráculo es la revelación del futuro que advierte sobre aquello que debe realizarse, y que solo debe tomarse con seriedad si en sueños nos habla un ancestro importante, un sacerdote, un dios o una persona influyente; el hórama o visión profética es un sueño que avisa de un acontecimiento que con seguridad ocurrirá.

Asimismo la literatura antigua habla de sueños falsos y sueños verdaderos, por ejemplo, en voz de Penélope, Homero explica en la Odisea que hay dos puertas por las cuales entran los sueños: una, construida de cuerno; y otra, de marfil.  Por la primera, que tiende a ser transparente y permite al alma llegar hasta la verdad, salen aquellas visiones que anuncian cosas que han de verificarse; por la segunda, que oscurece la visión por su materia tan densa, se presentan imágenes engañosas que no tienen ningún efecto. De esta misma opinión es Virgilio, quien en la Eneida también habla de dos puertas gemelas.

“Escuchen bien mis palabras: Cuando aparece entre ustedes un profeta, yo me revelo a él en una visión, le hablo en un sueño”, advierte Dios en un pasaje de los textos bíblicos, los cuales están plagados de infinidad de acontecimientos oníricos significativos, basta recordar en el Génesis los sueños del Faraón, quien veía siete vacas hermosas y robustas, siete vacas feas y escuálidas, siete espigas grandes y lozanas, y siete espigas delgadas y quemadas, visión que es interpretada por José, el único capaz, incluso sobre todos los magos y sabios de Egipto, de encontrarle el significado a esta profecía gracias al apoyo divino: “El Faraón ha soñado una sola cosa, y así Dios le ha anunciado lo que está a punto de realizar. (…) En los próximos siete años habrá en todo Egipto una gran abundancia. Pero inmediatamente después, sobrevendrán siete años de hambre, durante los cuales en Egipto no quedará ni el recuento de aquella abundancia”.

Salvo las visiones proféticas enviadas por Dios, no todos los sueños son relevantes en las escrituras bíblicas. Se advierte que los sueños, engañosos y vanos, le dan esperanzas a los insensatos y a los necios: “Tratar de asir una sombra o correr detrás del viento es dar crédito a los sueños. Las visiones de los sueños son más que un espejismo: un rostro ante el reflejo de su propia imagen (…) Adivinaciones, augurios y sueños son cosas vanas, puras fantasías, como las de una parturienta”.

Causadas por pensamientos insidiosos, las ensoñaciones censuradas en el pasaje bíblico anterior, y que para Macrobio no tienen ninguna valía por su incapacidad de revelar el futuro, se convierten en el centro de atención de la poesía española del Barroco y se confunden con el soñar despierto, con la imaginación y los juegos de la fantasía:

¡Varia imaginación, que, en mil intentos,

a pesar gastas de tu triste dueño

la dulce munición del blando sueño,

alimentando vanos pensamientos!

Pues traes los espíritus atentos

solo a representarme el grave ceño

del rostro dulcemente zahareño

(gloriosa suspensión de mis tormentos),

el sueño, autor de representaciones,

en su teatro, sobre el viento armado,

sombras suele vestir de vulto bello:

síguele; mostraráte el rostro amado,

y engañarás un rato tus pasiones

dos bienes, que serán dormir y vello.

En este soneto de Luis de Góngora, el poeta le solicita a la imaginación que colaboren juntos: un rostro esquivo, una mujer desdeñosa, le obsesiona. El amante no tiene descanso, todas sus horas, hasta las destinadas al sueño, se le van en pensar a su dama, por esto le pide a la imaginación que se una al sueño, que es comparado con un autor teatral que cada noche presenta un montaje, y le muestre durante la noche el rostro de la mujer amada, el cual en vez de altivo será afable. Así el poeta encontrará sosiego y obtendrá dos bienes: ver a la causa de sus pesares y acabar con el terrible insomnio.

En El libro de los sueños, serie de textos recopilados por Jorge Luis Borges, se cuenta que a un hombre le fue ordenado en sueños que viajara del Cairo a Isfaján porque ahí encontraría fortuna. Al llegar a su destino, fue apresado al ser confundido con uno de los ladrones que asediaban la ciudad. Cuando tuvo que confesarse ante las autoridades, el hombre dio cuenta de los motivos que impulsaron su viaje. El capitán a cargo, al escuchar su narración, le dijo con sorna al visitante: “Hombre desatinado y crédulo, tres veces he soñado con una casa en la ciudad de El Cairo en cuyo fondo hay un jardín, y en el jardín un reloj de sol y después del reloj de sol una higuera y luego de la higuera una fuente, y bajo la fuente un tesoro. No he dado menor crédito a esa mentira. Tú, sin embargo, engendro de una mula con un demonio, has sido errando de ciudad en ciudad, bajo la sola fe de tu sueño. Que no te vuelva a ver en Isfaján. Toma estas monedas y vete”. Como es de suponerse, el hombre regresó a casa, siguió el sueño del capitán y desenterró el tesoro.

Cicerón imaginó que Escipión viajaba en sueños a las esferas celestes, se encontraba con su padre muerto, Escipión el Africano, quien además de hablarle del destino de las almas que habían servido a su patria, le revelaba su futuro y le permitía ver las esferas celestiales. ¿Viajaremos durante el sueño como Escipión hacia caminos tan distantes?

Íncubo ante el que estamos indefensos, visión profética, espejismo, teatro que nos sosiega, mapa hacia un destino afortunado, ¿qué caminos recorremos durante el sueño?, ¿qué es de nosotros mientras dura?

 

Bibliografía

 

Biblia, consultada en: http://www.vatican.va/archive/ESL0506/_INDEX.HTM

Alatorre, Antonio. El sueño erótico en la poesía española de los siglos de oro. México: FCE, 2003.

Borges, Jorge Luis. El libro de los sueños. Buenos Aires: Torres Agüero Editor, 1976.

Cicerón. Tratados filosóficos I. Buenos Aires: Lozada, 2006.

Macrobio. Comentario al “Sueño de Escipión” de Cicerón. Madrid: Gredos, 2006.

 


Una respuesta a “Visiones sobre el sueño

  1. Mientras dormimos hacemos todo lo que no tenemos el valor de hacer despiertos y nos convertimos en una versión imparable para acabar con nuestros miedos cuando estamos despiertos.

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