El linaje de las hojas, o Comentarios a la película Cloud Atlas

Cloud AtlasEntre las preguntas radicales del ser humano destaca, por su antigüedad y dimensión, así como por sus repercusiones y la enorme variedad de respuestas que admite, la pregunta por el fin de la vida. Vida y muerte son fenómenos inseparables. Y aunque, por supuesto, la muerte entendida como fenómeno natural no es hacienda exclusiva del hombre, la muerte constituida en símbolo y problema sí lo es. Hasta donde sabemos, el ser humano es el único que se pregunta por la muerte (la suya); el único que se horroriza, se emboba y hasta se deja seducir por ella; y también es el único que siente la necesidad de representarla, convertirla en figura y volverla, así, más asimilable. Representar la muerte es otra manera de responder a la pregunta por ella. Y a lo largo de los siglos la Humanidad ha generado toda suerte de representaciones de la muerte, desde las más oscuras y pesimistas hasta las más luminosas y optimistas, pasando por una amplísima gama de representaciones: abstractas, complejas, populares, religiosas, típicas, extravagantes, científicas, humorísticas, etc.

Las artes también han tributado su respuesta a la pregunta por la muerte. Pensemos, por ejemplo, en la Piedad de Miguel Ángel, en la Sinfonía n. 5 de Gustav Mahler, en La muerte del cisne del coreógrafo y bailarín Michel Fokine, en el conjunto de la arquitectura funeraria, así como las incontables obras pictóricas, literarias y cinematográficas. En esta ocasión me interesa comentar una respuesta artística concreta: Cloud Atlas, la película dirigida por Tom Tykwer y los hermanos Andy y Lana (antes, Larry) Wachowski. Como se sabe, el filme se basa en una novela homónima de David Mitchell. Se trata de una historia organizada en seis coyunturas centradas en personajes que, de un modo u otro, se rebelan ante sus circunstancias: un abogado novato atraviesa el Pacífico en 1849 para cerrar los negocios esclavistas de su suegro, y que sin quererlo traba amistad con un esclavo prófugo; un músico homosexual determinado a iniciarse como compositor descubre, al concluir su ópera prima, que la primera será la última y que ni su amor ni su carrera tienen futuro; una reportera arriesga su vida para, indirectamente, salvar la de miles de desconocidos expuestos a los posibles estragos de una planta nuclear en 1973; un viejo editor que, a raíz del escándalo protagonizado por uno de sus clientes en 2012, despilfarra el dinero ajeno y luego se enfrenta a las consecuencias de ésta y otras acciones de su pasado; una joven clon que, en la Nueva Seúl de 2144, termina por convertirse en la pieza clave de las fuerzas opositoras que derrocarán un sistema avasallador e inhumano; y un hombre maduro que, en un valle post-apocalíptico en 2321, debe elegir entre acatar las creencias de su tribu o liberarse de ellas. Esta larga historia, arrancada en un barco que navega la Tierra en 1849, remata en 2346 en algún planeta próximo. Estas seis coyunturas están conectadas por los testimonios que estos personajes dejan de sus respectivas vidas: un diario de viaje, una pieza musical, una novela y la película basada en ella, varias cartas de amor imposible y el mensaje audiovisual que una mujer al borde de la muerte, y que después se convertirá en leyenda, le dirige a la posteridad. Aquí pongo el trailer de la película, por si el lector aún no la conoce.

Ya se ha dicho bastante sobre la complejidad técnica de Cloud Atlas: seis historias, tres directores, actores que interpretan varios papeles… También ha sido muy comentada la calidad de la adaptación (algunos la aman, otros la odian), su fracaso en términos económicos (costó 100 m.d.d, porque los actores accedieron a cobrar menos de lo habitual, y sólo recaudó 85 m.d.d. en taquillas), etc. No son estos aspectos de la película los que me gustaría recuperar en los siguientes párrafos. En cambio, sí quiero hacer algunos comentarios a la propuesta artística, sintetizada en el lema: “Past. Present. Future. Everything is connected”. Creo que Cloud Atlas entrega una de las más conmovedoras respuestas artísticas a la pregunta por la muerte del ser humano: “Pasado. Presente. Futuro. Todo está conectado”. Se trata de una recuperación contemporánea de una antigua forma de concebir la vida de la Humanidad. Esta forma aparece ya en Homero. En el canto VI de la Ilíada leemos:

Como el linaje de las hojas, también así el de los hombres;

unas hojas el viento esparce en el suelo; pero la selva

germinante, otras cría, y en la estación vernal éstas crecen;

así el linaje de los hombres: se crían éstos y cesan aquéllos (vv. 145-149).

Esto no significa, en absoluto, que la vida del hombre individual carezca de importancia, no. Significa que no debemos quedarnos dentro de los límites del individualismo, porque todos los seres humanos estamos conectados, pero no en sentido banal y simple. Estamos conectados como especie, como productores de sentido, como espíritu o “alma racional”. Pero esa razón no es la razón de la ciencia, sino la razón vital. Que la razón sea vital significa, según Eduardo Nicol, “que la razón no es pura ni está desvinculada de la vida en su acepción total, y que ella es órgano de un ente histórico” (17). La razón lógica es apenas una parte de la razón humana, que está irremediablemente inmersa en la vida, el devenir espacio-temporal.

En mi opinión, tal pensamiento es el que sustenta la propuesta artística de Cloud Atlas. Aparece explícitamente en “La revelación de Sonmi 451”, el discurso de la joven clon que moviliza el cambio social. Las palabras de Sonmi 451 son un llamado urgente a asumir la enorme responsabilidad heredada al hombre contemporáneo: el destino del mundo. Ahora que los paradigmas han cambiado, dejando fuera a Dios y la Razón ilustrada, el Hombre debe hacerse cargo del mundo. Se ha repetido hasta el hartazgo que en la Modernidad, por primera vez en la historia, el ser humano ha desarrollado un poder tecnológico inaudito, capaz de destruir el mundo y a todas las criaturas. La muerte es, de nuevo, la gran protagonista, la gran interrogante que aguarda respuesta. Luis Beltrán resume así la tarea de la cultura moderna:

Como explicó Hanna[h] Arendt, el ser humano es un heredero, no un autor. Ha heredado el mundo. Y puede comportarse de manera inteligente, como un Dios, o puede comportarse neciamente, como un nuevo rico que despilfarra la fortuna que no le ha costado ningún esfuerzo adquirir. El dilema entre el bien y el mal vuelve a ser el factor clave para la supervivencia, ahora ya no de la horda o de la familia, sino de la Humanidad en su conjunto (65).

La revelación de Sonmi 451 hunde sus raíces en la estética del simbolismo, que condensa en un solo punto el presente, el pasado y el futuro del hombre y de la Humanidad entera. In my beginning is my end, escribía T. S. Eliot, uno de los máximos exponentes del simbolismo moderno (el verso se repite en “East Coker”, Cuatro cuartetos). Veamos cómo encarna esta idea en “La revelación de Sonmi 451”:

To be is to be perceived. And so to know thyself is only possible through the eyes of the other. The nature of our immortal lives is in the consequences of our words and deeds, that go on and are pushing themselves throughout all time. Our lives are not our own, from womb to tomb, we are bound to others, past and present, and by each crime and every kindness, we birth our future.

Ningún ser humano existe independientemente de los demás. Cloud Atlas nos enfrenta a la necesidad de examinar verticalmente el problema del destino de la Humanidad, es decir, examinarlo a escala del espíritu humano y su recorrido por los siglos, como sugería Friedrich Schiller. En mi opinión esto es ‒palabras más, palabras menos‒, el pensamiento que sustenta Cloud Atlas.

 

 

Bibliografía

Beltrán Almería, Luis. “Apuntes para una teoría de la cultura popular”, en Tradición e interculturalidad: las relaciones entre lo culto y lo popular (siglos XIX-XX). Coords. Dolores Thion-Soriano, Luis Beltrán Almería, Solange Hibbs-Lissorgues y Marisa Sotelo Vázquez. Zaragoza: Institución Fernando el Católico, 2013, pp. 61-67. Disponible en red: http://www.academia.edu/4172572/Apuntes_para_una_teoria_de_la_cultura_popular_moderna

Homero. Ilíada. Trad. Rubén Bonifaz Nuño. México: UNAM, 2005.

Nicol, Eduardo. “Introducción: la historia y la verdad. El problema del ser en el tiempo”, en La idea de Hombre. Ed. Facsimilar. México: Herder, 2004, pp. 15-46.


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