caminos del exilio

abrazandolaesperanza¿y hacia dónde avanzo con el pie sobre el corazón?

Gloria Gervitz

1.

La memoria no sucede hasta que no se ve mediada por la palabra. La palabra acontece cualquier día en cualquier parte, pero no tan sublimemente como cuando se dice en poesía. Memoria y poesía han dado larga cuenta de amores y muertes, de heroísmos y fracasos; han sido y siguen siendo la reivindicación de que la sensibilidad de una época también forma parte de nuestro pasado y nuestro devenir.

 

2.

“En toda infancia hay un puñal, un ángel, una errancia

de plumas en la sangre. En toda infancia hay un nosotros.

La raíz de aquella luz es de la luz, el cometa

dejó su cauda entre las manos. Nadie vuelve a trepar

el mismo árbol, sólo es posible subir la ausencia del árbol.

Lo permitido es sufrir la ausencia del árbol.

Quedan, a veces, alfabetos. Raspaduras clandestinas

sobre el muro. Giros, girones de una mano febril. Música.”

“La perpetua infancia” (fragmento). Jorge Esquinca

 

3.

Entre los muchos asuntos convocados por la palabra que recuerda, está el del exilio en sus variadas facetas. En El gran libro de América judía, la multiplicidad de voces que participan en la introducción anota: “Sucedía que a través del mero acto de recordar, el inmigrante judío a tierras americanas prometía lealtad a sus antepasados y sucesores y se inscribía en el flujo histórico; era esencia en tanto recordaba de dónde venía y adónde iba. Recordar era re-crear. Pero el recuerdo no era un regreso al pasado sino la adaptación de un evento pretérito a las circunstancias del presente; era reorganizar y darle un nuevo significado a lo perdido” (13). Precisamente ésa ha sido la consigna, dar orden al caos derivado de la migración obligatoria y hallar el sitio justo donde poner lo que se sabe perdido.

 

4.

“Se repite la herida,

se repite la muerte.

Y siempre combatimos.

Quien se decide al golpe

ya gustó de la muerte

y la lleva en la sangre.

Tal buenos enemigos

que dejaron de odiarse,

tenemos una misma

voz, una misma pena,

vivimos frente a frente

bajo un mísero cielo.

Entre nos, nada de insidias,

nada de inútiles cosas-

combatiremos siempre”.

“Siempre vienes del mar” (fragmento). Cesare Pavese

 

5.

En las Migraciones de Gloria Gervitz hay una intención explícita de dar voz a quienes se han extraviado en el olvido de las migraciones. Pero más que traer de vuelta la voz en sí, la poesía exige un justo acomodo de lo que ha quedado atrás y de lo que aún permanece. “Es mirar llover desde una ventana ajena. El exilio es haber perdido y saberlo. Es avanzar hacia ningún lado y llenar las habitaciones de fotografías; pero es también el placer de lo desconocido, su vértigo y su sueño”. Visto así, el exilio también reconoce que en la pérdida hay cabida para la renovación, la novedad, la pasión por construir un nuevo sitio, casi como mirar “del otro lado de la ventana” y descubrir “la breve dicha de pensar que todo ocurre por primera vez” (30). Entre nuestro origen y nuestro incierto destino, el olvido y la memoria se van disputando el reino de lo que somos, por eso, después de “Fragmento de ventana”, las Migraciones de Gervitz se componen de “Del libro de Yiskor” y “Leteo”. El primero, toma su nombre de la palabra hebrea zajor, que significa recuerda y consiste en una oración expresada en memoria de los seres queridos (Gervitz 120), y el segundo, remite al “río del infierno que otorga el olvido a las almas de los muertos” (Weinrich 24). Así, el camino para recomponer el pasado y el presente queda inevitablemente trazado con los pinceles de lo olvido y lo que nos esmeramos en recordar.

 

6.

Y también los otros exilios. El exilio interior, más que geográfico o histórico, el exilio del curso de la voluntad y el deseo, algo semejante a la noción de tiempo muerto de Humberto Chávez Mayol. Su idea de tiempo tiene que ver con el “transcurrir de la conciencia, en la intención vital de llegar a algún punto, de encontrar a alguien, de comprender algo, de descubrir la sensación inesperada en el logro esperado” […] Ahora bien, nada asegura que esta voluntad transformadora que impulsa nuestra fuerza en una sola dirección, no se vea violentada por una barrera, por un contradicho, por otra fuerza que en algún sentido (no importa cuál) deforme, confunda o simplemente detenga la savia temporal… cuando esto sucede la voluntad se rompe, deshabita la vida, y en esta suerte es que muere el tiempo. Quiero ser claro: no mueren ni la vida ni las cosas, sólo el deseo se deteriora desfigurando el sentido del devenir” (19).

 

7.

“¿Qué queda en pie

cuando eres arrebatado de tus sueños

y te dejan la eternidad entre las manos?”.

“Benares” (fragmento). Elsa Cross.

 

8.

Existe también ese exilio perpetuo de ciertos espíritus errantes que no hallan acomodo en ningún sitio. Como bien deja constancia Esther Seligson en “Islas a la deriva”:

Yo soy mi propio mar

el barco en que navego

el puerto la escala

el adiós el encuentro

el viaje el trayecto

no hay errancia

sólo un perpetuo zarpar.

También soy mi propia isla (81).

 

9.

Más que voluntad, es vocación la del exilio en espíritus como éstos, según refiere la misma Seligson citando una carta hallada entre las páginas de un diario: “No creo que uno se vaya para olvidarse de su pasado, o para dejar de ser ese símismo cuyo olor persistente llevará por donde ande. Uno se va para poder abrirse más a ese olor, para darle más espacio, para que de alguna manera se espese, florezca, dé fruto. Uno se va para que el símismo se desdoble en tantas imágenes como sea capaz de querer, soñar, desear” (181).

 

10.

“Afortunado es aquel que perdió su casa, porque así todavía puede seguir soñándola”.

Hannah Arendt.

 

11.

A veces es tan sólo el deseo de un algo diminuto que nos contenga y guarde por un rato: “Sólo buscaba un lugar más o menos propicio para vivir, quiero decir: un sitio pequeño donde cantar y poder llorar tranquila a veces. En verdad no quería una casa; Sombra quería un jardín” (403). “Textos de Sombra” (fragmento). Alejandra Pizarnik.

 

12.

A veces la irrupción violenta y la muerte o suspensión de la voluntad que nos mueve cada día. “El Tiempo Muerto puede ser las cosas, las personas, los conceptos, los sucesos, situaciones y acontecimientos de la vida, con la memoria y las consecuencias, que dejó la muerte de un deseo vital” (Chávez Mayol 24).

 

13.

El exilio es pues un perpetuo divagar atravesando fronteras en busca de un sitio que nombrar nuestro, tal vez al cual pertenecer. En esta movilidad el pasado se mantiene siempre presente, con una vigencia nostálgica, puesto que la memoria es también obstinada. Una vez abierto el camino quedan a flor de piel la incertidumbre y el dolor por lo perdido (la constante pregunta: ¿y hacia dónde avanzo con el pie sobre el corazón?), pero también la pasión del espíritu a punto de renovarse.

 

Bibliografía

Chávez Mayol, Humberto. Tiempo muerto. Proyecto de instalación artística. Libro (modo de empleo). México: Universidad Autónoma del Estado de México, 2005.

Cross, Elsa. Espirales. (Poemas escogidos 1965-1999). México: UNAM, 2000.

Esquinca, Jorge. Invisible línea invisible. México: Ediciones Arlequín, 2002.

Gervitz, Gloria. Migraciones. México: FCE, 1991.

Goldemberg, Isaac. El gran libro de América judía. San Juan: Universidad de San Juan de Puerto Rico, 1998.

Pavese, Cesare. Poesía completa. México: UNAM, 1991.

Pizarnik, Alejandra. Poesía completa. Barcelona: Lumen, 2011.

Seligson, Esther. Escritos a mano. México: Jus, 2011.

____________. Todo aquí es polvo. México: Ediciones B, 2010.

Weinrich, Harald. Leteo. Arte y crítica del olvido. Trad. Carlos Fortea. Madrid: Siruela, 1999.

 

Imagen: “Abrazando la esperanza” (2009). Beatriz Autora, http://www.beatrizaurora.net/galeria/displayimage.php?pid=23


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