Reseña de La risa en la literatura mexicana

Libro Martha Risa lit mex

La risa constituye una actitud estética hacia la realidad y un modo de conocimiento, por lo cual implica una postura ética: define en gran medida las formas de relación entre un yo y los otros, y determina maneras de acercamiento a las diferenciadas manifestaciones discursivas que componen la esfera de lo humano. Con esta reflexión en la base, Martha Elena Munguía Zatarain, profesora-investigadora de la Universidad Veracruzana, hace en La risa en la literatura mexicana (apuntes de poética) una original e interesante propuesta de relectura crítica de algunas parcelas del fértil e inexplorado campo de las manifestaciones de la risa en el arte verbal de México.

La risa y la seriedad, componentes medulares de la vida e imaginación humanas, son fuerzas fundamentales arraigadas en la cultura y se traducen en visiones artísticas, en proyectos estéticos. Según Munguía, el humor y la risa ‒mucho menos estudiados que la seriedad‒ estructuran lenguajes artísticos diversos y le han marcado caminos al desarrollo de los géneros literarios. Por ello, contraviniendo el proceder habitual de teóricos y críticos de la literatura, elige no centrar su estudio en temas, géneros, autores, movimientos establecidos, etc., sino en dos nociones más sutiles, relacionadas con la forma de construir u organizar un discurso: el tono y la orientación con que fueron escritas algunas obras de México. Sin embargo, la autora no explicita qué entiende por tono y orientación. La lectura atenta revela que para ella el tono, que en música se refiere a la disposición de los sonidos de una escala y a la cualidad de los mismos, posee al menos tres significados: uno tiene que ver con la forma de incorporar a una obra voces características, visiones de mundo particulares y conciencias específicas con vida propia; otro, con las diferentes modalidades de la risa: sátira, parodia, humor, comicidad, burla, grotesco, etc.; y el último, con la idea de que todas las obras de arte son obras comunicativas: son maneras de decir o de expresarse. Lo que en ellas se expresa es el ser del hombre. Y por orientación artística Munguía parece entender la actitud ideológico-estética, valorativa, con la que un autor construye una determinada forma literaria, seleccionada en función de su proyecto artístico.

La elección de Munguía, hecha desde el horizonte de la poética histórica ‒de ahí el subtítulo: “apuntes de poética”‒, de estudiar eltono y la orientación de obras mexicanas resulta valiosa y acertada porque le permite ir y venir del virreinato al siglo XX; trabajar a Sor Juana, Fernández de Lizardi, López Matoso, Juan Bautista Morales, Riva Palacio, Payno, Torri, Bohórquez, Arreola, Elizondo, Monterroso, Monsiváis, etc.; y repensar la vida de lo humorístico, lo satírico, lo grotesco, lo paródico, etc. No hay un apartado concreto para la ironía, sino que ésta aparece a lo largo del libro, pues está presente en todas las demás formas de la risa. Sin aspirar a la exhaustividad ni a la cronología, más propias de los estudios filológicos o de historia literaria, estos “apuntes”se abocan a la revisión del proceso a través del cual se han configurado las vetas ligadas a la risa en la literatura de México.

El libro consta de tres capítulos, además de una breve introducción y un ensayo a manera de epílogo. En la introducción, titulada “La risa como categoría estética”, Munguía explicita, sin definirlo, el concepto central de su investigación: la risa como fuerza articuladora de una perspectiva especial para estetizar el mundo. E invita superar la limitación de equiparar la risa a lo alegre y lo cómico o, en el otro extremo, de asociarla con lo malévolo, con la parte destructiva que la risa puede encerrar, o con la simple máscara que oculta la pena. Allí mismo expone su plan de trabajo: construir una propuesta metodológica para pensar algunos problemas de la tradición literaria en México; una propuesta que, sin seguir un orden cronológico, mantiene una amplia perspectiva histórica.

El primer capítulo, “La polémica entre lengua popular y lengua literaria. Relaciones con la risa”, se abre con la revisión de algunas reflexiones que se han vertido, en especial en el siglo XX, sobre el ser y la identidad del mexicano. El balance de Munguía revela que en México ha habido una decidida valoración negativa de las manifestaciones literarias provenientes de la esfera de la risa. Ésta ha debido permanecer latente en los márgenes de la “cultura culta”, lo cual no ha impedido que sirva como fuente nutricia o base para construir una literatura dinámica, vital, renovadora de las posibilidades expresivas de los géneros fijos y canonizados. Munguía estudia los modos de relación entre oralidad y escritura, entre cultura oral y literatura culta, para luego detenerse en la trayectoria de la escritura satírica en México. Este capítulo se cierra con la exploración de un tipo de risa que se distancia del didactismo de la sátira: la risa festiva.

En el segundo capítulo, “Risa y oralidad: elaboraciones artísticas”, Munguía revisa el sentido y la presencia de otras modalidades de la risa en el arte verbal: lo paródico y lo grotesco. Desde el inicio aclara que no las tratará como géneros específicos ni como tropos retóricos, y que tampoco enfocará su estudio sobre los aspectos técnicos de cada una. En cambio, analiza las posibilidades de la risa en la oralidad estilizada, es decir, en el trabajo de reelaboración artística de lo que está en el sustrato de las hablas de los diversos grupos sociales en tanto conciencia, visión de mundo y actitud vital. Esta reelaboración es propia de una literatura volcada hacia la vida histórico-social concreta, que trabaja desde un complejo y sofisticado horizonte literario, lleno de referencias y guiños a la tradición de la llamada alta cultura, por lo cual suele emerger más plena de significados y con una ensanchada capacidad de comunicación con sus lectores. El segundo apartado es sobre lo grotesco, una estética ubicada en la intersección entre lo popular y lo culto. En la cultura popular mexicana ha anidado una buena dosis de grotesco, aunque no en todos los casos se oye el eco de la risa, sostiene Munguía, quien traza aquí el panorama a grandes pinceladas. La estética del grotesco, pocas veces investigada, aún espera una revisión más amplia. En el tercer apartado la autora estudia los perfiles que ha adquirido la parodia, a fin de reconocer el rol que ha jugado en la conformación de algunos de los proyectos estéticos importantes de las letras mexicanas: las expresiones paródicas han servido para introducir la risa en la literatura y, junto con ella, la irreverencia y la subversión.

El tercer capítulo, “Humor, juego e irreverencia en la literatura mexicana”, es sobre el humor, una de las categorías más antiguas de la risa. Nacido en el horizonte de las reflexiones sobre la fisiología humana, siempre ha estado tan íntimamente asociado a la melancolía “que resulta difícil, poco convincente, hablar de humor sin pensar en que le precede una situación desconsoladora a la que el humorista responde” (129). En el humor la risa es casi inaudible, de tan discreta. La risa del humorista es una respuesta al dolor, pero articulada desde el ingenio y la creatividad, sin coartadas que eximan al yo de su compromiso ante el mundo. Denunciando un prejuicio sobre la tradición literaria de México, Munguía asegura que en ella sí existe un hondo sentido del humor, desde los textos de la conquista hasta los escritos de los últimos tiempos. Luego acomete una exploración infrecuente: la de los modos en los que se da la relación entre arte y juego, y las implicaciones de sentido que crean sus intersecciones. En el arte, dice, la risa y el humor son lo más cercano al juego: el humor abre la posibilidad para descentrar, para mirar desde otro ángulo, para aludir a lo que no podría mencionarse desde la seriedad. El tercer apartado está dedicado a la irreverencia, simbolizada por la obra de Carlos Monsiváis. La faceta del sentido del humor que Monsiváis representa es una escritura a caballo entre géneros literarios tradicionales, y se “caracteriza por reunir y reelaborar algunos rasgos de lo satírico, lo grotesco, por recurrir al ingenio verbal emanado de las formas orales y por orientarse de modo irreverente hacia las instituciones consagradas por la moral hegemónica” (160). En la escritura de Monsiváis la ética y la estética vuelven a estrecharse.

Finalmente, en “A manera de epílogo”, Munguía incluye un texto suyo de 2008, “La risa inaudible en Pedro Páramo”, originalmente publicado como artículo en un libro colectivo sobre Juan Rulfo. La razón de esta peculiar decisión es que la propia lógica de estos “apuntes” impide ofrecer conclusiones, aunque sean provisionales. La autora lo justifica así:

No hay conclusiones posibles en una investigación que apenas se inicia, que pide más minuciosidad y la incorporación de otras obras para contrastar, que aguarda el diálogo polémico con quienes enfocan el problema desde otras perspectivas, que necesita la revisión teórica más detenida de cada una de las categorías que componen la gran esfera de la risa, por no mencionar la ya urgente tarea de revisar los criterios de periodización con los que se ha historiado y clasificado (167).

Creo que la cita trasluce con nitidez el espíritu revisionista que alienta este libro de Munguía. En la “La risa inaudible en Pedro Páramo”, colofón a la totalidad de la propuesta de la autora, el lector encontrará una muestra de cómo el análisis de los tonos de la risa y la orientación con que fue escrita una novela puede enriquecer, o hasta cambiar, nuestra idea de lo que subyace en las entrañas de una composición literaria. El ensayo de Munguía sobre Rulfo expone un mundo habitado por memorias encarnadas que ocupan un espacio en la tierra, que vagan por las calles, hablan, discurren y chismorrean; son recuerdos que, como los delirios eróticos de Susana San Juan, emergen de un tiempo que no coincide con el de los otros. Pese a los tonos desolados y las escenas desesperanzadas, abundantes en la novela, es muy claro, sostiene Munguía, cómo nunca cae en la solemnidad ni se concibe la tragedia en una sola nota.

La risa en la literatura mexicana (apuntes de poética) es un estudio singular, no sólo por sus alcances, sino porque en donde unos verán su más grande defecto otros verán una enorme virtud: apunta en una dirección promisoria y ofrece rudimentos básicos para el recorrido, pero el camino todavía está por hacerse. No es un libro con recetas, instrucciones, fórmulas, ni respuestas prefabricadas; no es un libro que recorre las vías habituales que han seguido los estudiosos de la literatura mexicana; es un libro de sondeos, exploraciones y tentativas, que no pretende tener la última palabra; un libro en busca de nuevas puertas para entrar al estudio del fenómeno literario desde otras perspectivas. Es, según su autora, “apenas un bosquejo del problema, un trazado posible de fronteras, una primera incursión en las formas de vida de la risa como fenómeno estético” (167). No obstante, se trata de una valiosa propuesta teórico metodológica, abarcadora y bien lograda, que pone sobre la mesa de discusión la complejidad y diversidad de las letras de México, su articulación con la vida cultural histórica del país y las desatendidas relaciones de la escritura con la oralidad, a la vez que vuelve a ubicar el estudio del fenómeno literario en su vínculo con los problemas estéticos.

 

Obra reseñada: Martha Elena Munguía Zatarain. La risa en la literatura mexicana (apuntes de poética). México: Iberoamericana-Vervuert / Bonilla Artigas Editores, 2012.

 


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