De nubes y rocas: diálogo con Tiresias

Image

Y que el cielo más azul es el más vacío.

Cesare Pavese

 

El personaje de Tiresias jugó un papel fundamental en el cumplimiento del destino de los personajes protagónicos de diversos mitos clásicos de la Antigüedad. En Edipo Rey y Antígona, de Sófocles, no es otro sino Tiresias el que revela a Edipo quién es el asesino de Layo[1] y a Creonte cuáles serán las consecuencias de no dar entierro al cuerpo de Polínices[2]. En la Odisea, fue gracias a Tiresias que Ulises logra regresar a Ítaca, una vez superada la prueba de descender al Hades con su tripulación a fin de encontrar al sabio vidente que habría de referirle las instrucciones precisas para volver salvo a su hogar[3].

Su fama no deriva únicamente de sus poderes adivinatorios, sino también del haber experimentado la vida como hombre y como mujer. Según refiere Ovidio en el Libro III de las Metamorfosis, la vivencia masculina y femenina de Tiresias (causada por un peculiar encuentro con unas serpientes) es la que le lleva a intervenir en una discusión entre Jove y Juno, y cuya resolución a favor del dios la que habría de procurarle la ceguera. La disputa giraba en torno al placer: Jove, ya “alegrado con néctar”, insistía a Juno que eran las mujeres quienes experimentaban mayor placer en el acto sexual y no los hombres, mientras que Juno era de contraria opinión. El más indicado para resolver el conflicto era Tiresias, ya que “ambas Venus eran conocidas a éste;/ pues en la verde selva dos cuerpos de magnas serpientes/ que se apareaban, había ultrajado con un golpe de báculo,/ y de varón en mujer convertido (¡admirable!), pasado/ había siete otoños; el octavo, de nuevo a las mismas/ vio, y: <<Si tanta es la potencia de la llaga dada por vosotras/ –dijo– que de su autor mude en la contraria suerte,/ hoy también os heriré.>> Golpeadas las mismas serpientes,/ la forma anterior regresó y vino la imagen nativa” (149).

La resolución de Tiresias favorece, desde luego, a Jove, por lo cual Juno “los ojos de su juez condenó a eterna noche” (149). En compensación por este castigo, el dios otorga a Tiresias el don de predecir el porvenir, pues “por la lumbre quitada,/ le dio saber lo futuro y alivió, con la honra, la pena.” (149).

Una versión muy distinta encontramos en los Himnos de Calímaco acerca de la ceguera de Tiresias. En el himno V, dedicado al “Baño de Palas Atenea”, se narra la relación entre la diosa y la ninfa Cariclo, madre de Tiresias, cuya compañía era de especial predilección de Atenea, ya que “ni las conversaciones de las ninfas ni sus coros de danza le resultaban agradables, si no los dirigía Cariclo” (48). A pesar de esta posición privilegiada, el hijo de ésta no habría de salvarse de lo que ya estaba escrito y bien señalado desde los inicios del himno: “Ten cuidado, Pelasgo, no vayas a ver involuntariamente a la reina: el que vea desnuda a Palas, protectora de ciudades, contemplará Argos por última vez.” (48). El desafortunado episodio en el que Tiresias pierde la vista tiene lugar cuando Palas Atenea y Cariclo se encontraban tomando un baño en la fuente Helicónide y el entonces adolescente, sediento, se aproxima a las aguas de la fuente a beber. Sin tener la intención de hacerlo, mira a la diosa desnuda. La consecuencia era la ya prevista: la diosa “habló, y la noche se apoderó de los ojos del niño” (48).

Cariclo lamenta el infortunio de su hijo y reclama a la diosa sin comprender que ese destino estaba escrito para quien mirara desnuda a Palas Atenea, así lo expresa la diosa:

Mujer divina, retira todo lo que dijiste, inspirada por la cólera. Yo no he dejado ciego a tu hijo. No resulta agradable para Atenea arrebatar los ojos a los niños. Pero así rezan las leyes de Crono: aquel que vea a alguno de los inmortales cuando ese dios no lo desea, pagará un alto precio por lo que ha visto. Mujer divina, el hecho ya no puede ser revocado, pues los hilos de las Moiras así habían tramado su destino desde el instante en que lo diste a luz. Ahora, oh Everida, recibe el pago merecido. […] Compañera, no te lamentes; otros muchos dones le tengo reservados por amor a ti, pues lo convertiré en un adivino celebrado por las generaciones venideras, muy superior a todos los demás. Conocerá las aves, cuál es de buen augurio, cuáles vuelan en vano y de cuáles son los presagios desfavorables. Muchos oráculos revelará a los Beocios, muchos a Cadmo, y, más tarde, a los poderosos Labdácidas. También le daré un gran bastón que conduzca sus pies adonde necesite ir, y le daré una vida muy dilatada, y será el único que, cuando muera, paseará su ciencia entre los muertos, honrado por el gran Hagesilao. (49).

De este modo, y al igual que en la versión de las Metamorfosis, la ceguera de Tiresias viene acompañada de una suerte de compensación por la cual será tan reconocido como calumniado, ya no sólo en la Antigüedad sino también en obras posteriores; recordemos que en el Canto vigésimo de La divina comedia, Dante lo ubica en el octavo círculo del infierno, el de los “adivinos, que, ellos que quisieron/ ver demasiado hacia adelante, caminan/ ahora con la cabeza vuelta hacia atrás” (117-118).

En el siglo XX, la figura de Tiresias ha sido retomada por sus poderes adivinatorios o de clarividencia, pero sobre todo para encarnar personajes vinculados de algún modo con la homosexualidad, la androginia y la transexualidad, como en Las tetas de Tiresias de Apollinaire o el Balthazar de Lawrence Durrell. Aunque estas dos facetas del personaje son las más conocidas y destacadas, en Cesare Pavese encontramos un Tiresias bastante peculiar.

En el texto titulado “Los ciegos” de sus Diálogos con Leucó, Pavese recrea una conversación entre Edipo y Tiresias que, si bien guarda ciertos puntos de contacto con la emblemática escena del Edipo Rey de Sófocles en que el adivino le revela a Edipo su pasado y porvenir, también toma distancia al articularse como una reflexión sobre el papel de la divinidad respecto a los hombres, sobre la naturaleza de las cosas y el destino. El diálogo entre estos personajes inicia con una pregunta formulada por Edipo: “Viejo Tiresias, ¿debo creer lo que aquí en Tebas se dice: que los dioses te han enceguecido por envidia?” (21). A partir de esta interrogante, las palabras entre ambos fluirán como una charla sostenida por dos buenos amigos, uno joven y aún ingenuo respecto a muchos asuntos, y el otro, viejo, demasiado astuto, demasiado sabio.

Si bien el título de este texto remite a la ceguera de Tiresias y a la futura ceguera de Edipo, igualmente se emplea como una metáfora de la reducida visión de éste último respecto al funcionamiento de las cosas del mundo e incluso a su imposibilidad de comprender plenamente las afirmaciones del viejo sabio. De principio, Edipo no entiende cuál es el papel de los dioses, ni tampoco por qué Tiresias parece subestimarlos:

Edipo: ¿Tú qué dices?

Tiresias: Que se habla demasiado de los dioses. Estar ciego no es desgracia distinta a la de estar vivo. Siempre he visto cómo las desgracias llegan a tiempo allá donde deben llegar.

Edipo: Entonces, ¿para qué sirven los dioses?

Tiresias: El mundo es más viejo que ellos. Ya llenaba el espacio y sangraba, gozaba, era el único dios –cuando el tiempo aún no había nacido. Las cosas mismas reinaban entonces. Ocurrían cosas –ahora, a través de los dioses, todo se ha convertido en palabras, ilusiones, amenazas. Pero los dioses pueden fastidiar, acercar las cosas o alejarlas. No pueden tocarlas ni cambiarlas. Llegaron demasiado tarde. (21).

Para Tiresias el curso de las cosas es uno y está dispuesto para ocurra lo que tiene que ocurrir, más allá del nombre que reciba. Su ceguera es la que le ha procurado el entendimiento del destino de un modo particular en el que no necesita nombres ni palabras, sino sólo el encuentro con las cosas; quizá por eso Dante exhibe su don como una condena al infierno: es de los que sin quererlo han visto demasiado (las serpientes copulando, la desnudez de la diosa, el futuro de los hombres). Más adelante, Tiresias le explica al rey: “Eres joven, Edipo, y como los dioses, que son jóvenes, esclareces tú mismo las cosas y las nombras. No sabes todavía que bajo la tierra está la roca, y que el cielo más azul es el más vacío. Para quien no ve, como yo, todas las cosas son un choque, nada más.” (22).

Esta reflexión resulta inasible para Edipo, pues su admiración por Tiresias le lleva a querer saber (a intentar nombrar) con mayor profundidad las experiencias del sabio, y desde luego, aquellas que se refieren a su vivencia de los dos sexos. Contrario a las expectativas de Edipo, Tiresias vuelve a colocar a los dioses en su justo lugar, pues nada hay para él de insólito en las vidas que ya viven los hombres y, por lo tanto, nada por lo cual engrandecer a los dioses, pues incluso el sexo queda fuera de su alcance: “Tiresias: Ningún dios está por encima del sexo. Es la roca, te digo. Muchos dioses son fieras, pero la serpiente es el más antiguo de todos los dioses. Cuando se oculta bajo la tierra, ahí tienes la imagen del sexo. Él contiene la vida y la muerte. ¿Qué dios puede encarnar y abarcar tanto?” (23-24).

A pesar de estar en desacuerdo con la idea que Tiresias tiene del sexo, Edipo cree que comprende, sin embargo, aún no sabe lo que está a punto de descubrir, no tiene idea de que ha cumplido con el destino que le había sido asignado y que, efectivamente, habría de experimentarlo como una confrontación brutal con la roca. Tiresias sabe lo que le espera a su interlocutor y quizá por eso le tiene cierta indulgencia al decir: “Pero la roca no se toca con palabras. Que los dioses te protejan. También yo te hablo y estoy viejo. Sólo el ciego conoce las tinieblas. Me parece vivir fuera del tiempo, haber vivido siempre, y no creo ya en los días. También dentro de mí hay algo que goza y sangra” (24).

Edipo se encuentra tan seguro de sí y de su vida que pasa por alto todas las señales que ha venido dejando el sabio ciego a lo largo del camino de la conversación. El joven rey ha llegado a compadecerse de Tiresias:

Edipo: Decías que ese algo era un dios. ¿Por qué, buen Tiresias, no intentas suplicarle?

Tiresias: Todos le rogamos a algún dios, pero lo que sucede no tiene nombre. El niño que se ahoga, una mañana de verano, ¿qué sabe de los dioses? ¿De qué le sirve suplicar? Hay una gran serpiente en cada día de la vida, y se oculta, y nos mira. ¿Alguna vez te preguntaste, Edipo, por qué los desdichados se vuelven ciegos cuando envejecen?

Edipo: ruego a los dioses que a mí no me suceda. (25).

Al final, todos los destinos se reducen a la ceguera, al choque inevitable con el destino (la dureza de las cosas). Para este Tiresias, la clarividencia y el sexo, la vida vivida en todas sus posibilidades, su contacto con los dioses y las miserias humanas, sólo le han procurado una única certeza, suficiente sin embargo para estar en paz, la de saber que inevitablemente los destinos se cumplen y que la vida, siempre haciéndonos chocar con las cosas del mundo que no son más que rocas, guarda el sentido de las nubes en el cielo: “una presencia en medio del vacío…” (22).

 

Bibliografía

Calímaco. Himnos, epigramas y fragmentos. Introd., trad. y notas de Luis Alberto de Cuenca y Prado y Máximo Brioso Sánchez. Madrid: Gredos, 1980.

Dante. La divina comedia. Versión poética y notas de Abilio Echeverría. Madrid: Alianza, 1995.

Homero. Odisea. Trad. de José Manuel Pabón. Barcelona: Gredos, 2007.

Ovidio. Metamorfosis. Tomo I. Introd., versión rítmica y notas de Rubén Bonifaz Nuño. México: SEP, 1985.

Pavese, Cesare. Diálogos con Leucó. Trad. Marcella Milano. Buenos Aires: Siglo Veinte, 1968.

Sófocles. Edipo Rey. Trad. A. Alamillo. Barcelona: Gredos, 2006.

 

Imagen: “Tiresias golpeando a las serpientes”, Hohann Ulrich Krauß (1655-1719).

 

 

 

 

[1] Ver Edipo Rey, p. 212-216.

[2] Ver Antígona, p. 174-178.

[3] Ver Odisea, p. 200.


Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s