Reseña De interpretatione recta, de Leonardo Bruni: un episodio en la historia de la traducción y la hermenéutica

ImageLeonardo Bruni tradujo del griego al latín la Ética a Nicómaco entre 1416 y 1417, y, según informa al inicio De interpretatione recta —texto que hoy nos ocupa—, antepuso un prefacio en el que rebatía los errores de la antigua traducción al latín de esta obra de Aristóteles. Vale la pena señalar que antes de la versión de Bruni, ya circulaban dos traducciones de la Ética: “una, de Herman el Alemán a partir del texto árabe de Averroes, de hacia 1240”; la otra, blanco de las críticas del humanista, de Roberto Grosseteste (1168-1253), obispo de Lincoln entre 1235 y 1253 (19).

La principal acusación de Bruni era que la elegancia del griego en los libros de Aristóteles había sido desfigurada en latín. Bruni justificó su violenta crítica afirmando que no atacaba al autor de dicha “deformación” por ser un mal hombre sino un mal intérprete, ignorante del latín, del griego y de la materia que trataba. Dedicada a Berto di Antonio Aldobrandini, canciller de la República de Siena, De interpretatione recta explica las ideas de Bruni sobre el arte de la traducción y las razones de su indignada crítica.

La interpretación correcta, advierte Bruni en De interpretatione recta, obliga a comprender el valor y los significados de las palabras gracias a la lectura meticulosa, “grande y frecuente y cuidada”, de los escritores, los oradores, los poetas y los filósofos, pues autores como Aristóteles y Platón fueron “sumos maestros de las letras”, y se sirvieron de dichos y sentencias en los cuales hay tropos y figuras de dicción, “que significan literalmente una cosa, y otra según la costumbre prejuzgada” (45). También apunta el humanista que “la lengua griega es vastísima e innumerables son las expresiones semejantes en Aristóteles y Platón, tomadas de Homero, de Hesíodo, de Píndaro, de Eurípides, y de los demás antiguos poetas y escritores, y frecuentemente las figuras están sembradas en otro sentido” (49). Por lo anterior, el intérprete debe ser señor de la lengua a la que se traduce para que “no la mendigue o la tome prestada o la deje en griego por ignorancia del latín” (51). El traductor debe conservar “lo que se ha dicho elegante y armoniosamente” (51), ya que no sólo es importante la riqueza de la doctrina sino la escritura literaria, cuando a las palabras no les falta el brillo y el ornato.

El buen intérprete resguarda la elegancia, variedad y riqueza de las obras, indica Bruni, quien analiza pasajes de la traducción de Grosseteste —versión que era el texto oficial en las universidades para la enseñanza de la filosofía moral— para mostrar todas las absurdidades y extravagancias que, a su juicio, había realizado dicho autor medieval en su versión del escrito de Aristóteles.

Fernando Romo Feito —quien tradujo, anotó y realizó el estudio de De interpretaciones recta—, advierte que Bruni se inserta en la tradición de Cicerón en De optimo genere oratorum, y de Jerónimo en su epístola Ad Pammachium. De optimo genere interpretandi, tradición que entiende la interpretatio como traducción, intermediación o aclaración de mensajes cuyo sentido no fuera evidente, sean estos oráculos, leyes, escritos literarios y, en ocasiones, textos filosóficos. Mientras en la Escolástica del siglo XIII se distingue entre interpretatio, como la actividad del que traduce,y expositio, la tarea del autor de los comentarios y explicaciones, en el siglo XV interpretatio abarca la tarea de la expositio.

Los humanistas, interesados en difundir el acervo de la Antigüedad, la aparición de la imprenta, el creciente público lector y los nacionalismos emergentes, que buscaban enaltecer las lenguas vernáculas, fueron el marco ideal para que en el Quattrocento se produjeran interesantes reflexiones teóricas sobre la traducción: De interpretatione recta es la primera de ellas, un ejemplo dentro de la extensa producción de Bruni, que demuestra que la actividad traductora ocupa un lugar fundamental en su obra.

En su nutrido estudio, Romo parte de la biografía y los acontecimientos importantes en la vida de Bruni, entre los que resalta su experiencia en los cargos públicos o relacionados con el poder Florentino. El estudioso entreteje las tareas intelectuales junto con los ideales republicanos que el humanista, florentino por adopción, promulgaba: obras originales como la Laudatio florentine urbis y los Dialogi ad Petrum Paulum Histrum “tienen un cierto carácter de manifiestos de una nueva cultura, la del humanismo, inseparable en la concepción de Bruni de la libertad republicana” (16). Romo también advierte la preferencia de Bruni por Dante, quien luchó por su patria y estuvo inmiscuido en la política, sobre Petrarca, y el lugar privilegiado que ocupan en su obra la Ética y la Política de Aristóteles, cuestiones que son muestra del humanismo cívico, perspectiva que relaciona el Renacimiento al expansionismo de los estados del norte de Italia y que ha sido “tan bellamente estudiado por Hans Baron” (18).

Las críticas primordiales que Bruni hace al texto de Grosseteste en el proemio de la Ética, como ya se ha vislumbrado en los pasajes arriba citados, se centran en la abundancia de términos en griego que el traductor medieval dejó, “como si no hubiera equivalentes latinos” (20); el empleo de términos no autorizados por los autores clásicos; la aspereza del estilo de la traducción de Grosseteste, que no se armoniza con la elocuencia aristotélica; los errores léxicos que desfiguran y oscurecen la doctrina. Romo advierte que no son acertadas todas las aseveraciones de Bruni, lo que ocurre es que la de Grosseteste es una traducción ad verbum, “técnica, que pretendía no apartarse del original griego” (21), explicando “el sentido palabra por palabra” (13); el humanista, en cambio, “recupera la primacía de la retórica sobre la centralidad medieval de la exégesis” (26), “traduce ad sententiam y con un espíritu de aemulatio” (21), que busca “recrear el original con un estilo espléndido” (21), método en el que se puede tomar libertades “siempre que respete su estilo y sobre todo el pensamiento del autor” (13).

El traductor medieval y la Escolástica tardía, explica Romo Feito, separa entre res y verba, prefiere res, la materia, los contenidos o significados, y ve en el lenguaje un mero instrumento de exposición del pensamiento científico. Bruni, en cambio, considera inseparables res y verba, por esto le presta atención a las figuras de dicción y al ritmo de la prosa, “Aristóteles un maestro de la elocuencia, además de un filósofo, y no dar lo que hoy llamaríamos el equivalente dinámico de su estilo es, simplemente, no traducirlo” (25).

La versión de la Ética a Nicómaco de Bruni cobró fama, y quienes se sintieron atacados por el prefacio respondieron a sus críticas. Romo destaca la carta de Demetrio Scarano, misiva a la que Bruni contestó esbozando las cuestiones que defenderá posteriormente en el tratado De interpretatione recta, obra con una estructura retórica, que sigue la clásica división del discurso en partes: exordio-partitio-argumentatio-confutatio-peroratio, aunque Bruni interrumpe su discurso en la refutación o confutatio.

En el exordio, señala Romo, Bruni se refiere al prefacio de la Ética a Nicómaco, y discurre sobre las criticas que le han dirigido. Partitio, expone su método, critica al traductor medieval y advierte que en sus señalamientos ha seguido a sabios como Cicerón y Jerónimo. Argumentatio, el humanista indica que para diferenciar el sentido literal del figurado es necesario conocer a profundidad las lenguas, “la de partida y la de llegada”; señala la importancia de atender al ritmo y armonía de las palabras; habla de los defectos del traductor; demuestra que cada escritor tiene un estilo; discurre sobre la dificultad de las palabras y las figuras de pensamiento; cita ejemplos de Platón y Aristóteles; y, finalmente, escribe una conclusión parcial. En la última parte, confutatio, Bruni critica la traducción medieval y a la mala comprensión del léxico griego; ejemplifica con fragmentos de la traducción medieval de la Política; señala los barbarismos y solecismos latinos y critica los términos dejados en griego (22-23).

Romo no olvida traer a colación que, después de que saliera a la luz su traducción, Bruni se enfrentó con varios personajes de su tiempo en lo que se conoce como la Controversia Alphonsiana, iniciada por un tratado de Alfonso de Cartagena, quien afirmó que la traducción de Bruni “es aceptable como una nueva posibilidad junto a la de Grosseteste, pero que no debe sustituirla” (27). Romo analiza las tesis de Alfonso y las cartas que Bruni escribió en su defensa, dos perspectivas de esta interesante polémica ideológica del Renacimiento, “la edad de la crítica, como es sabido” (29), que trata cuestiones relevantes de importancia no sólo para la historia de la hermenéutica y de la traducción, también para el estudio de “la relación entre lenguaje y pensamiento, entre filosofía y elocuencia; entre estilo en prosa y estética; entre textos y comunidades interpretativas” (30).

En su nutrido estudio introductorio, Romo advierte que el núcleo de esta controversia radica en la concepción que se tenía entre res y verba, “una de las formulaciones históricas de un problema filosófico central” (30), que se pregunta por la diferencia y la relación entre pensamiento y lenguaje. Romo Feito muestra la importancia de este debate, y señala los hilos conductores entre estas cuestiones y otra polémica que, un siglo más tarde, habrían de entablar otros dos grandes autores: Lutero y Erasmo.

Romo Feito termina su estudio advirtiendo la grandeza de los polemistas del Renacimiento que “avanzaban hacia la formulación de la Modernidad”(32), y presenta, tras un detallado listado de las ediciones y manuscritos que resguardaron el texto de Bruni, la primera traducción completa en castellano De interpretaciones recta. La edición resalta por la traducción y el estudio de Romo. También por la bibliografía citada que permitirá a todo aquel interesado adentrarse en las profundidades del Humanismo desde diversos ángulos, la historia, la filosofía, el arte, la literatura, la traducción y la hermenéutica. De interpretation recta, de Leonardo Bruni: un episodio en la historia de la traducción y la hermenéutica es un trabajo realizado con cuidado de orfebre, que evidencia los abundantes frutos que seguimos recibiendo del Humanismo.

Bruni, Leonardo. De interpretatione recta, de Leonardo Bruni: un episodio en la historia de la traducción y la hermenéutica. Texto, traducción, estudio y notas de Fernando Romo Feito.Vigo: Universidad de Vigo, Servizo de Publicacións, 2012.


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