Notas sobre El matriarcado de J. J. Bachofen

Dueño ya de su lenguaje y en plena literatura fantástica, el hombre sepultó para siempre en su memoria a la Venus de Willendorf. Hizo nacer de su costado a la Eva sumisa y fue padre de su madre en el sueño neurótico de Adán.

Juan José Arreola, Cantos de mal dolor

venusEn su libro La imaginación literaria. La seriedad y la risa en la literatura occidental, Luis Beltrán explica que una de las etapas de las culturas occidentales que menos atención ha recibido es la “aurora de la historia”, fase prehistórica que estuvo organizada en formas simples de estado, y que legó a la posteridad un capital de imágenes —transmitidos de forma oral, aunque transcritos de manera parcial en tiempos ulteriores— “recolectado durante milenios aparentemente improductivos” (27).

Dicha edad, y el pensamiento tradicional en el cual se fundamenta, no concibe el tiempo como una sucesión sino como un ciclo, un eterno retorno al origen. Este imaginario no conoció fronteras entre dioses y hombres, entre cielo e infierno, entre vivos y muertos, ya que “los espíritus de los antepasados siguen protegiendo y orientado la vida familiar” (25). Lo anterior, advierte Beltrán, inspiró mitos que comunican al cielo y a la tierra como el de la torre de Babel, historias de hombres que descienden al inframundo e imágenes de seres fantásticos, quiméricos, unión de hombre y animal, como los centauros (26).

La etapa más antigua de la humanidad también fue atendida por el antropólogo y jurista suizo J.J. Bachofen (1815-1887), quien —al estudiar los mitos como un complejo sistema ideológico— consideró este periodo como un tiempo matriarcal, ginecocrático, generador de mitos que son producto de un estadio en el cual los pueblos vivían de manera armónica con la naturaleza (Bachofen, 33).

Este autor advirtió que en las mitologías antiguas se establece un enfrentamiento entre los principios femeninos y los de carácter masculino, considerados como contrarios; es así que lo femenino siempre está asociado al lazo izquierdo del cuerpo, está relacionado con la noche, la luna, la tierra, la muerte, lo material, la generalidad y lo colectivo; lo masculino, en cambio, se asocia con el lado derecho, el día, el agua, el mar, el reino de los vivos, el espíritu, la individualidad.

Según los estudios de Bachofen, la humanidad habría vivido en sus inicios en el “Hetairismo”: un estado de civilización en el cual los hombres dominaban violentamente a las mujeres. En reacción, las mujeres instituyeron tanto civilizaciones amazónicas como ginecocráticas; en las primeras, el hombre, dominado por las mujeres, pasó a ocupar un lugar secundario; en las segundas, floreció el matrimonio y la agricultura (11). Sin embargo, el sistema matriarcal no fue lo suficientemente estable como para que la civilización se desarrollara en un grado más alto, lo que hizo necesario el advenimiento del patriarcado.

El patriarcado, explica Bachofen, instauró una concepción radicalmente nueva de la vida. Mientras las relaciones matriarcales descansaban en una conexión material, física y externa, en íntima unión con la naturaleza, la paternidad engendradora se elevó por encima de las leyes de la vida material, se alejó de la naturaleza y de la existencia corporal. El hombre rompió entonces “las ataduras del telurismo” (63), dejó de preocuparse tanto por la gestación de la vida y la continuidad de ésta después de la muerte, y se alzó hacia lo espiritual, levantó “la vista hacia las regiones superiores del Cosmos” (63).

El nuevo régimen de paternidad —ligado al individualismo, al desarrollo espiritual y a la elevación del hombre sobre la naturaleza— dejó de ver en la mujer que concibe la fuente de la inmortalidad; el estrenado orden halló la eternidad en “el principio masculino-creador” (63). Las figuras de las Diosas Madres —como la conocida Venus de Willendorf, estatuilla del paleolítico, descubierta varios años después de la muerte de Bachofen — desaparecieron desde entonces, pero la memoria de ellas permaneció en el horizonte de la tradición, en algunos mitos que se relacionan con el tiempo cíclico, la colectividad, la regeneración de la vida, la maternidad y el parto.

 

Bibliografía

Bachofen, J.J. El matriarcado. Una investigación sobre la ginecocracia en el mundo antiguo según su naturaleza religiosa y jurídica. Madrid: Akal, 2008.

Beltran, Luis. La imaginación literaria. La seriedad y la risa en la literatura occidental. España: Montesinos, 2002.

Imagen: Venus de Willendorf, del Museo de Historia Natural de Viena


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