Desarreglar el cielo

ImageComo la luna, la noche o los atardeceres, la lluvia es y ha sido motivo poético desde siempre. Aunque las más de las veces se la ha vinculado con la nostalgia, la ausencia o la tristeza, también la podemos hallar en ciertos textos afortunados donde su sentido se despliega un poco más allá del desencanto; como cuando Langagne expresa ese estado en que uno se encuentra “presintiendo la lluvia/ pero vivo y cantando”, o Gervitz describe el exilio como un “mirar llover desde una ventana ajena”.

            Conferencia sobre la lluvia de Juan Villoro participa de este último grupo de textos en que la lluvia deja de ser la metáfora común del nostálgico sentir para transformarse en el discurrir de una historia de vida ordinaria, pero entrañable. El texto se articula como una conferencia dictada por un bibliotecario que, por descuido, ha olvidado las páginas de su charla. Frente a la concurrencia, decide improvisar, y en ese intento por emitir un discurso medianamente coherente, empieza a deslizarse hacia los terrenos de la reflexión filosófica, las divagaciones literarias y la confesión. Desde el principio, lo importante para este hombre no es tanto el decir ordenado, sino, en vista de su olvido, el poder expresar algo de viva voz frente a una audiencia:

            Las conferencias son cónclaves casi secretos, no tienen rating, y sin embargo, hay algo útil en hablar en voz alta […] La conferencia es eso: un vínculo entre el que sabe y el que puede hacerlo, una transfusión cerebral […] Es un género menor, pero permite que ciertas ideas entren en el corazón de los oyentes. Ojo que no digo ‘la cabeza’. Eso sería mucho pedir. Me conformo con que alguien sienta y su corazón lata de otro modo, aunque esté bajo un jorongo de tela burda, un rompevientos amarillo o un suéter horrible. El corazón tiene derecho a una sorpresa (16-18).

            De sorpresa en sorpresa, el bibliotecario irá disertando sobre su oficio de organizar libros, su fascinación por las letras, sus mañas y vicios respecto a la organización de su biblioteca personal, y más adelante, a propósito de sus amores y desamores. Aunque de principio sabemos que el tema es la lluvia y “es buen tema: [porque] afecta al mundo sin acabar con él” (26), el sentido de la lluvia habrá de perfilarse hacia los asuntos que también han afectado significativamente la vida de este hombre, pero sin acabarlo, dejándole acaso “una buena manera de ser triste”: “La lluvia matiza las cosas, por eso a Pessoa le gusta que caiga en diagonal. No es una lluvia enfática, destructiva; cae con la timidez de lo que arruina un poco sin estropear nada. Esa lluvia tiene una buena manera de ser triste” (26-27).

            Intercalando citas de diversos escritores y envolviéndose cada vez más en la narración de su propia historia, el bibliotecario terminará hablando del amor; del amor particular que despierta en él una mujer, pero también del amor y el deseo que habita en los libros y en quienes cumplen el destino de involucrarse con ellos de por vida. Literatura y pasión, letras y desamores se conjugan en esta conferencia para intercalar los múltiples mundos escritos en las páginas de los libros y el mundo de la “vida real”. “¿Qué podía expresar mi estado de ánimo? –se pregunta el bibliotecario–. Un verso de Verlaine: ‘Llueve en la ciudad como llueve en mi corazón’. Sí, mi corazón lloraba. Es una frase exagerada, lo sé. También es verdadera. El amor tiene una sed de absoluto” (42).

            A lo largo de esta charla, la lluvia es efectivamente esa tristeza de los versos de Verlaine, pero es también el azar y las coincidencias, los afectos que despiertan ciertos versos o historias, el amor leído en las ficciones y el que uno experimenta en carne viva. Al final, el bibliotecario reconoce, después de su experiencia, que a veces la lluvia se contempla mejor al interior de los libros: “No te gusta mojarte. A mí tampoco. Llueve mejor en la imaginación. Algunos poetas han sabido desarreglar el cielo. De eso se tratará mi conferencia…” (61).

 

Villoro, Juan. Conferencia sobre la lluvia. Oaxaca: Almadía, 2013.


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