Exploraciones sobre la escritura en la América precolombina

Nota 1El lexicógrafo Antonio Houaiss aventuró, a manera de hipótesis, un cálculo sorprendente: al inicio de la Conquista había alrededor de mil lenguas amerindias coexistiendo en relativa placidez (43). Esta cifra revela un panorama heteróclito previo a la invasión hispana de 1492. En semejante escenario resulta fácil entender por qué la pictografía fue el vehículo idóneo de la comunicación y la contabilidad, en lugar de la escritura fonética o alfabética, que habría exigido incontables intérpretes especializados para trasladar los mensajes de una lengua a otra. No sobra recordar aquí que la pictografía es la escritura ideográfica, o sea que consiste en dibujar los objetos que han de explicarse con palabras orales, mientras que la escritura fonética es aquella cuyos elementos representan sonidos. Y puesto que se trata de dos diferentes tipos de escritura, al sostener la ausencia o falta de ésta en América precolombina, premisa común todavía en la actualidad, sostenemos un equívoco o una imprecisión. Además, como afirma Rubén Bareiro Saguier, “la falta de escritura no significa carencia de literatura” (XIX).

Dadas las restricciones inherentes a la pictografía que, como ya dije, fue el sistema de escritura privilegiado (mas no el único, como enseguida veremos) en nuestro continente, las prácticas de conservación de la memoria histórica en la América anterior a 1492 estuvieron muy ligadas a las formas orales, a los rituales y a las fiestas, e incluso a los objetos, al espacio y a la vestimenta. Así lo confirman los códices, petroglifos, quipus o cuerdas con hilos y nudos de colores, tocapus o diseños textiles geométricos, pikenus y pirus o sellos planos y cilíndricos, las yupanas o tablas para contar, quilcas o pinturas y grabados sobre piedra, etc., que por foNota 2rtuna se salvaron de la hoguera inquisitorial o la destrucción por cualquier otro medio, y que han llegado a nuestros días. Hasta donde sabemos, ninguno de estos objetos es propiamente narrativo ni poético. Su función era servir de apoyo a la memoria oral. La etnografía contemporánea descubre cada vez más particularidades en cuanto a la información que transmiten dichos objetos, y hoy se presume que ésta es mucho más compleja de lo que se creyó durante años. Sin lugar a dudas, las mayores controversias y dificultades giran en torno a estos objetos mnemotécnicos de la América prehispánica. ¿Son simples objetos mnemotécnicos, o puede haber en ellos visiones sintéticas de mundo codificadas? Y, de ser así, ¿cabría considerarlas como manifestaciones estéticas? Si trasladamos este debate al campo literario veremos que este problema entronca con el del estatuto de la producción verbal precolombina. ¿Es válido referirnos a ella como literatura o arte verbal? Éste es uno de los terrenos más espinosos y también uno de los menos atendidos por la crítica literaria y por la teoría de la literatura. Se ha escrito bastante, pero queda un largo camino por recorrer.

La mayoría de los estudiosos e investigadores de estos temas sostiene de manera rotunda que en América no hubo escritura fonética antes de 1492. Unos cuantos siguen discutiendo la premisa. Y otros, los menos, han llegado a defender lo contrario: que sí hubo una escritura fonética y hasta alfabética.

Las diez consonantes, según Burns
Las diez consonantes, según Burns

En el polémico libro Decodificación de quipus, Willam Burns Glynn asegura que los incas manejaron un alfabeto de diez consonantes. Para demostrarlo, el autor se basa en algunas imágenes de Felipe Guamán Poma de Ayala en Primera corónica i buen gobierno. Según Burns, los tocapus de la ropa del octavo inca contienen un mensaje en quechua: “inka urku utu inka ripui, rurai inka apa. Karim”, cuya traducción al español sería: “Inca Urku, podrido inca, regresa a donde estabas antes, haz inca el hijo que viene inmediatamente después. Es hombre” (42). Pese a su atractivo, la interpretación de Burns es discutible todavía.

Nota 4
Glifos mayas con equivalencia fonética resgistrados por Landa

En otras latitudes de América ha habido propuestas similares. En el quinto volumen de su Historia universal comparada, Hans Hellmut Hofstätter y Hannes Pixa afirman que, hacia 1250-1300 a. C., los aztecas emplearon una suerte de escritura gráfica semejante a la transcripción fonética. Y en “Dos alfabetos amerindios nacidos del diálogo entre dos mundos”, Geertrui Van Acker demuestra que los cuatro principales sistemas de escrituras mesoamericanas (zapoteca, mixteca, maya y azteca) “fueron sistemas heterogéneos, parcialmente pictográfico, parcialmente logográfico/ ideográfico, parcialmente fonético”. Esta complejidad les permitía escribir o representar de distintas maneras una misma palabra o idea. Según Van Acker, en la escritura maya clásica se han identificado prefijos, superfijos, sufijos, posfijos e infijos que funcionan como adjetivos, adverbios, partículas y tiempos del verbo. Según Acker, la “tendencia hacia una escritura logo-silábica basándose en elementos fonéticos estaba en pleno desarrollo en el momento del contacto con la cultura europea”. Esto podría explicar, en cierta medida, la presencia de “letras” en la cultura mesoamericana e incaica. En su Relación de las cosas de Yucatán, fray Diego de Landa registra la de los glifos mayas con equivalencia fonética que encontró. Landa anota: “De las letras que faltan carece esta lengua y tiene otras añadidas de la nuestra para otras cosas que las ha menester y ya no usan para nada de estos caracteres, especialmente la gente moza que ha aprendido los nuestros” (119).

No deja de extrañar la insistencia, casi obsesión, de algunos estudiosos por localizar vestigios de escritura fonética o alfabética en América antes de 1492 o, en su defecto, por garantizar la equivalencia entre escritura fonética y pictográfica. La actitud es, en cierto modo, comprensible, pues el asunto que los mueve no es menudo ni trivial. ¿Qué pasaría si se comprueba que hubo escritura fonética antes de la irrupción europea? ¿Qué consecuencias tendría para las indagaciones sobre el cruce entre voz y letra a fines del siglo XV y todo el XVI si los nativos americanos pudieran haber conocido y manejado ya la escritura fonética, si acaso no les hubiese resultado tan radicalmente ajena como sospechamos? ¿Sería posible imaginar y contar de otro modo el encuentro-desencuentro de la oralidad indígena con la letra española? Todas estas preguntas son extremadamente difíciles de responder porque nos obligan a reconocer, con gran vergüenza, y a pesar de los avances de la etnología y la antropología contemporáneas, lo poco que el grueso de los americanos sabemos de las culturas prehispánicas.

 

Bibliografía

Acker, Geertrui van. “Dos alfabetos amerindios nacidos del diálogo entre dos mundos”. Amerindia 19-20, (1995): 403-420. En línea: http://bit.ly/KDnLou.

Bareiro Saguier, Rubén. “Introducción general”, en Literatura Guaraní del Paraguay. Fundación Biblioteca Ayacucho, 1980.

Burns Glynn, William. “Decodificación de quipus”. Banco Central de Reserva del Perú: Universidad Atlas Peruanas, 2002.

Houaiss, Antonio. “La pluralidad lingüística”, América Latina en su literatura. Coord. e introd. César Fernández Moreno. 7ª ed. México: Unesco / Siglo XXI Editores, 1980: 41-52.

Landa, Diego de. Relación de las cosas de Yucatán. México: Dante, 2001.

Hofstätter, Hans Hellmut y Hannes Pixa. Historia universal comparada. Del 1250 al 1700 de nuestra era. Esplugues de Llobregat, Barcelona: Plaza y Janes, 1971.


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