Notas sobre la tragicomedia

ImageLuis Beltrán, en Anatomía de la risa, advierte que, para comprender la diversidad de registros de la estética de la risa, es necesario atender las cuestiones genéricas; en este sentido, me interesa anotar sus observaciones sobre la tragicomedia, en la cual “aparecen elementos trágicos y su meta es alcanzar la expresión de lo sublime” (Beltrán, 58).

Fue Friedrich Schiller, tal como observa Beltrán, quien analizó en Sobre poesía ingenua y poesía sentimental —entre otras cuestiones relacionadas con la estética y la literatura—, la naturaleza de lo tragicómico. En dicha obra, Schiller explicó que la poesía, es decir, la literatura, se divide en dos niveles: el nivel ingenuo —que ahora entenderíamos como tradicional, el de la burla alegre, nacido en la prehistoria, cercano a la oralidad y a los géneros populares, que no conoce la división entre lo elevado y lo bajo— y el sentimental —es decir, moderno—. El poeta alemán denominó los géneros de la risa como idilio, sátira patética y sátira festiva, los cuales, para alcanzar el estatuto de poesía, no debían adoptar ni el tono punitivo, demasiado serio para el juego que la poesía debe siempre ser, ni el recreativo que es, explica el escritor, demasiado frívolo para la seriedad que ha de estar en la base de todo juego poético.

La tragicomedia, llamada por Schiller sátira patética, inserta elementos trágicos al discurso literario que se orienta hacia la risa, y contrapone la realidad, el mundo de lo existente, con el ideal. Es así que autores como Juvenal, Swift, Rousseau, que eligen la sátira patética para mostrar su aversión al mundo y la realidad degradante en la cual viven, son guiados por un ideal y un hondo sentimiento de contradicción moral. Los poetas que eligen la sátira patética, anuncia Schiller, se acercan a la realidad que los circunda con el afán de “predisponer nuestro ánimo a las ideas”, a lo sublime; unen lo elevado y lo bajo, muestran contradicciones y abismos, contraponen la más hedionda degradación y el más alto ideal.

Luis Beltrán también encuentra un momento decisivo en defensa de la tragicomedia en la obra de Víctor Hugo, en específico en el prólogo de la pieza teatral Cromwell. Tras un repaso de la historia de la poesía, desde tiempos primitivos hasta la Modernidad, Hugo advierte que la literatura moderna —llamada por él drama— es una fusión de lo sublime y lo grotesco, unión de fealdad y belleza; lo deforme, explica, siempre está cerca de lo gracioso; lo grotesco, en cambio, es el reverso de lo sublime, el mal se confunde con el bien, la sombra con la luz. Asimismo el autor francés se detiene en analizar la influencia del cristianismo en el espíritu de los pueblos de occidente; gracias a esta doctrina —apunta— nace un sentimiento de melancolía en el hombre y la poesía se dirige hacia la verdad, todo es visto desde una perspectiva más elevada y vasta: “¿Podía dejar de ver las cosas bajo nuevo aspecto desde que el Evangelio le hizo ver que existe el alma a través de los sentidos y la eternidad detrás de la vida”.

A diferencia de los críticos de su tiempo, que veían en el arte un medio para rectificar y ennoblecer a la naturaleza, Víctor Hugo se libera de las sujeciones y asegura que el grotesco crea no solo lo deforme y lo horrible, sino también lo cómico y lo jocoso. Lo grotesco es lo sublime moderno; a partir de su representación de lo ridículo y defectuoso, de su exploración de los vicios y los crímenes, del acercamiento a lo injurioso, lo rastrero, “A fuerza de meditar sobre la existencia, de hacer resaltar la dolorosa ironía, de lanzar el sarcasmo y la burla sobre nuestras debilidades, esos hombres, que excitan la risa del público, acaban por estar tristes. Esos Demócritos son también Heráclitos; Beaumarchais era taciturno, Molière era sombrío, Shakespeare era melancólico”.

ImageEl mundo de la risa expresa la faz alegre de la vida, se basa en la aspiración a crear un mundo feliz, igualitario, lejano al monetarismo. La tragicomedia enfrenta la imposibilidad de esta utopía, explica Beltrán, por esto une lo alto y lo bajo, lo abyecto y lo sublime, la risa y la seriedad. Detrás de la carcajada de Demócrito, quien señalaba la ridiculez de la vida y los despropósitos humanos, como explica Hugo, está un Heráclito que se duele por el fracaso y la incapacidad de crear un mundo feliz.

 

 

Bibliografía

Beltrán, Luis. Anatomía de la risa. México: Ediciones Sin Nombre, 2011.

Schiller, Friedrich. Poesía ingenua y poesía sentimental: de la gracia y la dignidad. Consultado en: http://www.biblioteca.org.ar/libros/133618.pdf

Hugo, Víctor. Prefacio de Cromwell. Consultado en: http://www.cervantesvirtual.com/servlet/SirveObras/12473953214592739787891/p0000001.htm#I_2_

 

Imágenes: Heráclito y Demócrito de Peter Paul Rubens.  

 


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