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El viaje del migrante: La jaula de oro

ImageDel viaje la humanidad ha dejado distintos registros estéticos, ya Silvia Manzanilla había hablado en una de sus entregas de este fenómeno de antigua raigambre, el cual ha generado un buen número de reflexiones. Hay un amplio abanico de posibilidades y formas estéticas que se funda en el viaje: desde los desplazamientos simbólicos que representan el paso del tiempo y los cambios de estaciones, hasta los viajes de aventura hacia lugares desconocidos, que pueden refrendar algunos valores importantes como la fraternidad. También hay travesías de iniciación en las que los héroes superan castigos y pruebas; periplos familiares, de fuga, de encuentros maravillosos, hacia el inframundo, etc.

En La jaula de Oro, película dirigida por Diego Quemada-Diez, el espectador acompaña a los protagonistas, en un recorrido por un México de paisaje agreste, por fragmentos aún hermoso, subidos en el tren de carga conocido como “La Bestia”, el cual transporta cada año a miles de personas hacia el norte del país. La jaula de oro se centra en la travesía de tres adolescentes guatemaltecos —interpretados por actores no profesionales, habitantes de algunas de las regiones de las cuales son originarios buena parte de los migrantes de dicho país centroamericano—, que a falta de oportunidades abandonan su lugar de origen en busca de un futuro más promisorio: Sara, Juan y Samuel, personaje que abandona la empresa tras un primer intento fallido de atravesar México. Al inicio de la historia, se les une un muchacho indígena tzotzil que no habla español, Chauk.

Rodolfo-Dominguez.-La-Jaula-de-Oro-Foto.-Nur-Rubio-SherwellSilenciosa, contemplativa por momentos, aunque sin alcanzar el tedio y el engolosinamiento por la lentitud, La jaula de oro reivindica la travesía del migrante y se emparenta con distintas formas estéticas del viaje. La película es un viaje iniciático hacia la adultez y un recorrido de aventura, que forja a tres personajes heroicos de nuestro tiempo: Sara oculta su identidad —como lo hicieran héroes como Odiseo aunque con intenciones distintas—, en un intento por burlar los peligros de los que son blanco las mujeres en este periplo; Chauk posee un entendimiento distinto del mundo, más espiritual y fraterno que será vital para sus compañeros, una sabiduría que entabla una relación más cercana con la naturaleza y las emociones; en Juan se observa una transformación, un viaje hacia el interior, pues de ser un héroe arrojado, astuto e individualista, termina por elegir la amistad y lo colectivo.

Los peligros, metaforizados en la Antigüedad en figuras como Caribdis y Escila, los monstruos marinos que acecharon a Ulises, se presentan con toda su crudeza: la miseria, la corrupción, el hambre, el robo, el tráfico de personas y drogas, la extorsión, el racismo, las balas de la border patrol, la falsedad del sueño americano. Sin dejar de mostrar la dura realidad que viven los migrantes, la película no se regodea en la miseria o lo sórdido, mucho menos en la denuncia fácil, el sentimentalismo, el lamento y la exhibición de la desgracia. No es la tragedia el único tono que habita en la historia, hay claroscuros, también hay imágenes poéticas, como la de los copos de nieve que representan la ilusión de llegar al otro lado y que al término de la película cobran una significación distinta.

La jaula de oro no se rige por la desaliento, más allá de la mezquindad, el egoísmo y la violencia, se manifiesta la fraternidad, la ayuda desinteresada y el trabajo valiente de personas como Alejandro Solalinde, fundador del albergue “Hermanos en el camino”, quien hace un aparición especial en la cinta. La jaula de oro también es ficción que incluye elementos del documental como la captación de las minucias de lo cotidiano; la cámara en movimiento; los ángulos que, por momentos, hacen sentir al espectador como si estuviera encima del tren; la focalización en el trayecto, la cual deja sin respuestas sobre el destino de los personajes que no pueden seguir en el camino; particularidades que desvanecen la frontera entre ficción y realidad.

08122999BLa película además se acerca al humor, a la dolorosa ironía, la emoción por la aventura y lo desconocido, la ternura, el romance y la esperanza, sin que esto signifique una simplificación de la tragedia que viven los viajantes de “La Bestia”, por el contrario, muestra sus distintas facetas y complejidades, los dota de una humanidad que el anonimato, la clandestinidad y la indolencia les arrebata.

He de confesar que, así como los protagonistas, durante La jaula de oro viajé a través de muchas emociones; y una pregunta sencilla formulada por Chauk se quedó revoloteando, “¿Cómo está tu corazón?”.

 

Bibliografía

Beltrán Almería, Luis. “El viaje como categoría estética”, en Palabras de viaje. Estética y hermenéutica del viaje. Coords. Luis Beltrán Almería e Ignacio Duque García. Bellcaire d’Empordá: Edicions Vitel-la, 2007.

Manzanilla, Silvia. “Breves apuntes sobre el viaje como forma estética” en https://adelycac.wordpress.com/2014/04/30/breves-apuntes-viaje-forma-estetica/

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