Cuatro lecciones para el Loco

???????????????????????????????Por muy disímiles que sean los espacios y épocas, la trayectoria de vida de los individuos siempre pasa por facetas críticas y determinantes de carácter universal. El nacimiento y la infancia, encabezados por figuras de autoridad; la adolescencia, marcada la búsqueda identitaria y el amor; el período de madurez y crisis, donde se ponen a prueba las cualidades hasta entonces adquiridas; y, desde luego, el final del ciclo de vida, marcado por la muerte. Como había destacado en una publicación previa (La feliz expresión del Loco), los Arcanos Mayores del Tarot representan facetas bien identificables en la vida del individuo, muy semejantes a las ya enumeradas. A lo largo de 22 cartas, los Arcanos Mayores representan estadios en la trayectoria del Loco (síntesis del ser humano y su naturaleza arrojada y contradictoria) a través de la vida.

La acepción de la palabra Arcano da clara cuenta de la naturaleza de cada estadio o situación representados en la baraja, puesto que se trata efectivamente de algo oculto, misterioso, que el individuo/Loco debe aprender a interpretar en cada etapa de su vida. Los primeros Arcanos representan figuras de autoridad compatibles con la infancia, faceta en que necesitamos de guías (madre, padre, maestros, etc.) que nos marquen ciertas pautas o inicien en el conocimiento más elemental de las cosas del mundo. Por eso el Mago, la Emperatriz, el Emperador y la Sacerdotisa presiden este primer trecho del camino del Loco. Aunque cada uno guarda sentidos y enseñanzas muy específicos, todos tienen en común el erigirse como personajes que poseen amplios conocimientos sobre diversas materias, y tienen la autoridad para enseñar dichos conocimientos. Con el Arcano del Sumo Sacerdote o Hierofante, el Loco se enfrentará a un despertar de la conciencia que marcará una búsqueda de sí mismo y la transición hacia la adolescencia, representada por la carta de los Enamorados. Posteriormente vendrá la necesidad de controlar los impulsos despertados tanto por el ímpetu del amor como por la necesidad del individuo de forjar su carácter, y esta lucha se encuentra en el Arcano del Carro. Una vez logrado el equilibrio, vendrá una etapa de madurez protagonizada por un aprendizaje pero de otras cualidades. Aquí encontramos las tradicionalmente denominadas “Cuatro lecciones morales”: Justicia, Templanza, Fuerza y los valores representados por el Ermitaño. La adquisición de estos valores prepara al individuo para experimentar cambios repentinos en su destino, es decir, su enfrentamiento con los giros que dé la Rueda de la fortuna y con situaciones críticas: el Colgado, la Muerte, el Diablo y la Torre. El signo terrible de estas cartas es, como todos, un trecho necesario por el cual debe transitar el Loco para volver a salir a la luz y a la sabiduría de los siguientes Arcanos: la Estrella, la Luna y el Sol. Hacia el final de su recorrido, será necesario hacer un balance de todo lo vivido, de los aprendizajes, faltas y aciertos, es decir, estar dispuesto a participar del Juicio para al final cerrar el ciclo de la vida representado por el Mundo.

Como se puede percibir en esta síntesis de los Arcanos Mayores, cada uno guarda una simbología y significación bien compleja. En este texto me gustaría plantear una aproximación a las figuras de las “Cuatro lecciones morales”, y a la relación que guardan entre sí. La primera de las cuatro lecciones es la Justicia, y se le suele representar con una mujer sentada en un trono, sosteniendo una espada en la diestra y una balanza en la otra mano. La espada representa el poder de la mente, el razonamiento y el pensamiento; al igual que el arma, la mente puede enfocarse a obras positivas lo mismo que a la destrucción, es decir, la mente y la espada son armas de doble filo. Por eso, para obrar con justicia es necesario establecer un equilibrio que, en este caso, además de encontrarse expresado en la balanza, se refuerza con la presencia de dos pilares situados a ambos lados detrás de la mujer. Un sentido aún más profundo respecto a este Arcano es referido por Gerard Encausse Papus: la letra hebraica correspondiente a la Justicia es la Heth, cuyo simbolismo representa el campo, en el sentido de que se trata de algo que necesita ser trabajado con dedicación y mucho esfuerzo para poder cobrar los frutos. La Justicia se complementa también con la carta que la precede: el Carro, la cual representa la lucha entre opuestos, simbolizada por un auriga que lleva las riendas del caballo blanco y el caballo negro que tiran de su carro, muy semejante a la imagen expuesta por Platón en el famoso mito del carro alado. El Loco, una vez que ha logrado el dominio de las tendencias, pulsiones, pasiones, ideales, que tiran de él hacia lados contrarios, debe aprender a mantener ese equilibrio y hacerlo con pleno dominio de la razón. Por eso la primera lección moral es la Justicia.

ImagenLa segunda lección a aprender será la Templanza, y es quizá una de las figuras más hermosas del Tarot. En este Arcano vemos a una mujer de rostro afable, la mayoría de las veces en un entorno natural (puede ser un campo a orillas de un río, a veces con un arcoíris detrás), que vierte agua de una copa a otra. Tanto el agua como la copa operan en el ámbito de lo emocional en la baraja del Tarot. Esto lo podemos advertir más claramente en el palo de copas los Arcanos Menores. En el caso de la Templanza, el ejercicio de verter agua de una copa a otra implica la necesidad de dejar fluir constantemente los sentimientos y estar dispuestos a la renovación. La letra hebraica de la Templanza es la Samech, que representa una flecha, pero sobre todo el desplazamiento y el movimiento circular. Al igual que el Carro y la Justicia, la Templanza también es una exhortación a buscar el equilibrio, ya no en las pulsiones o en las pasiones, ni tampoco en el ámbito de lo racional, sino en el emocional.

La tercera lección para el Loco será la Fuerza. Según la baraja que se consulte, en esta carta veremos a un hombre o una mujer. Generalmente es una mujer sujetando con delicadeza y precisión el hocico de un león. Más que sujetarlo, la mujer manipula con perfecto control al animal, el cual se muestra sometido a ella sin dolor. En algunas versiones, encima de la cabeza de la mujer se incluye el símbolo de lo infinito que, en esta imagen, representa la vitalidad. La letra correspondiente a la Fuerza es la Caph, expresión de una mano cerrada o semicerrada en actitud de aprehender un objeto (Papus 150). Aquí el león es una síntesis de los impulsos humanos que siempre están latentes, impulsos naturales de la vida madura del individuo donde, según las circunstancias, sentirá despertar en él la ira, la venganza, el egoísmo, la competitividad sin sentido, etc. El Arcano de la Fuerza no representa, desde luego, la fuerza física bruta, sino más bien la fortaleza para mantener el equilibrio emocional y racional ya adquirido con los Arcanos que le preceden.

La última lección la encontramos en el Arcano del Ermitaño, síntesis del autoconocimiento y la sabiduría que sólo pueden adquirirse mediante la introspección. El Ermitaño suele representarse con la imagen de un anciano apoyado en un bastón y apenas iluminado por un candil que sobresale de entre sus ropas. La sabiduría de este Arcano queda expresada por la edad avanzada del personaje y la luz del candil, es decir, se trata de un conocimiento que sólo es posible adquirir con el paso de los años y que debe ser descubierto en el interior de uno mismo. La letra hebraica Teth acompaña al Ermitaño, y simboliza un “techado” que implica las nociones de protección, resguardo, seguridad (Papus 143). El Ermitaño representa la necesidad del individuo de profundizar en su conocimiento de sí y de las cosas, a través de una etapa de introspección y aislamiento de los ruidos mundanos. Este Arcano se encuentra casi en la oscuridad porque implica una inmersión en lo más recóndito del ser; ejercicio que sólo puede llevarse a cabo en silencio y soledad.

El tránsito por estas cuatro lecciones morales es lo que dota al Loco de las virtudes, las capacidades y los aprendizajes para enfrentar los giros drásticos que a veces trae el destino. Sólo así puede estar preparado para enfrentar el sacrificio implícito en el Ahorcado, el final doloroso pero necesario, expresado en la Muerte, la lucha contra sus más bajas pasiones encarnadas en el Diablo, y la ruptura definitiva y brutal con todos sus esquemas ya establecidos representados en el Arcano de la Torre.

 

Bibliografía

Papus, Gerard Encausse. Tarot de Marsella. (Tarot de los Bohemios). México: Berbera, 2008.

Sharman-Burke, Juliet y Liz Green. El Tarot mítico. 11ª. Ed. Madrid: EDAF, 2005.

Waite, Edith. El Tarot universal de Waite. 3era. Ed. Málaga: Sirio, 2006.

White, Julian M. El Tarot de Marsella. 2da. Ed. Málaga: Sirio, 2007.


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