El quejido del perro en su existencia

markbarone

I.

El Diccionario Maya Cordemex define la palabra máalix como perro alano, perro corriente o sin casta. Sin embargo, en el español yucateco, máalix tiene otros sentidos; en la Enciclopedia Alfabética Yucatán en el Tiempo, [1] el vocablo también es entendido como: “Corriente, sin casta. Se aplica a los perros: malix pek’, perro malix. Por extensión se dice de las personas que tienen orígenes nativos: ‘-¡No hombre!, ese que oyes Freddy Wilbert Pool… es malix-’.” Resalta que la enciclopedia ejemplifique con un apellido maya.

De lo anterior, se desprende la expresión coloquial “complejo de máalix”, la cual designa el malestar causado por sentir vergüenza por el linaje, los orígenes o por pretender ser algo que no se es.

II.

Atrapados en el tiempo, por la red circulan páginas dedicadas a demostrar la hidalguía de algunas familias de Yucatán.

III.

En U yok’ ol auat pek’ ti u kuxtal pek’ (El quejido del perro en su existencia), Briceida Cuevas Cob (1969), poeta maya originaria del estado de Campeche, describe la vida de un perro común que deambula por un pueblo anónimo, y lo compara con otras razas de canes para, en palabras de la autora, hacer una “alegoría a la situación en que se hallan aún en la actualidad las agrupaciones indígenas. Aunque creo que lo más significativo es lo que este volumen señala en relación con la condición humana entre los seres”. [2]

Los nueve poemas que conforman este libro nacen de la observación de lo más cotidiano de la vida de los perros de nadie, cuya situación, “sin raza”, “sin nombre”, “sin casa”, permite explorar cuestiones como la indolencia, el hambre, la enfermedad, la soledad, la maternidad, la pobreza, la muerte.

El cuerpo del perro, la sencillez de cada uno de sus movimientos y actitudes, le enseña al hombre sobre el amor, la fidelidad, la emoción sincera y, al mismo tiempo, llaman a su conciencia. “¿De qué sirve una multitud/ si en cada gente silba la soledad?”, pregunta Cuevas Cob, quien, gracias a la mirada de la perra sobre la que versan la mayoría de los poemas —“Leti’e xch’upul máalix pek’”, “Ella es una perra común”, explica uno de los escritos— revela lo que la costumbre nos esconde.

La creencia popular asegura que los perros pueden ver lo que nosotros no alcanzamos a observar, como las almas en pena. En el libro, la perra que vaga por las calles de este pueblo imaginario, irrumpe en los espacios de los hombres no para descubrir a los muertos, sino para cuestionar el sentido de algunos de nuestros actos como la devoción, la naturaleza de las gentes que calzadas con “las alpargatas de la maldad”, en medio de rezos y santiguos, tratan con desprecio al ser más humilde e indefenso: “¿A quién le imploran,/ si al mismo Dios nadie lo reconoció,/ hecho a semejanza del perro/ que fue echado apenas lo vislumbraron en la puerta/ de la iglesia?”.

 

IV.

Perro que no abandonas a tu dueño,

perro que no muerdes a tu señor,

perro que amas a tu amo:

dale prestada tu lengua al hombre

para que también le escurra la baba,

moje la tierra,

y siembre, como tú, la comprensión de la existencia.

Dale prestados tus ojos al hombre

para que mire con tu tristeza.

Dale prestada tu cola al hombre

para que la mueva y mueva con tu alegría,

cuando le digan: KS, KS, KS;

para que la guarde entre sus pies con tu vergüenza,

cuando le digan: B’J, B’J, B’J.

Dale prestada tu nariz

para que husmee la bondad que sólo existe en

las manos del niño.

En fin,

dale prestados tus colmillos

para que se muerda la conciencia.

 

V.

Los distintos colores de los perros son las distintas clases de hombres. La discriminación por no ser de “casta”, lo que sea que esto represente en cada región, es otro de los hilos conductores del libro, como puede observarse en el poema titulado “Máalix pek’”:

 

Negro,

blanco,

amarillo,

café,

Perro común,

perro extranjero,

tienen un mismo corazón.

hasta la comida le compras al perro de casta.

lo sacas inclusive a pasear por la plaza.

ladeas con el pie al perro común con tu desprecio.

crees que anda tras de ti por el hueso que no le tiras.

No sabes que este perro

es la muerte que anda tras de tus huesos.

El maltrato que sufre el perro se convierte en un recordatorio de nuestra vanidad y, al mismo tiempo, de lo breve de la vida y lo implacable de la muerte.

VI.

¿Quién cuida a los que no tienen a nadie? La imagen del perro sarnoso y famélico, como “un cobertor viejo encima de una rama seca/llevada por el viento”, que hurga entre la basura, es un espejo que refleja también nuestra soledad. El quejido del perro, su hambre, su piel, “hecha trizas/ cayendo en el camino en forma de signos de/interrogación”, nos coloca en una encrucijada: voltear la espalda hacia paisajes menos dolorosos o afrontar algo de la responsabilidad compartida por el solo hecho de estar en el mundo.

 

Bibliografía

  • Cuevas Cob, Briceida. U yok’ ol auat pek’ ti u kuxtal pek’ (El quejido del perro en su existencia). Versión electrónica consultada en: http://es.scribd.com/doc/72103247/U-YOK
  • Diccionario Maya Cordemex. Maya-Español. Español-Maya. Alfredo Barrera Vásquez (Director). Mérida: Ediciones Cordemex, 1990.
  • Imagen: Sasha-killed,3/6/2014 de Mark Barone. https://www.facebook.com/anactofdog.org

 

[1] Consultada en: http://www.merida.gob.mx/historia/habla.html

[2] Cita extraída de la entrevista publicada en la página de Tierra Adentro: http://www.tierraadentro.conaculta.gob.mx/briceida-cuevas-verbo-florecido-del-mayab/


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