El gallo Pitágoras

Image

Según expresa en algunos de sus diálogos, el autor sirio Luciano de Samósata (S. II) abandonó la escultura, la filosofía y la retórica —a la cual consideraba poco respetable por haberse rebajado a ensalzar o vituperar a tiranos y héroes—, por la educación literaria. Crítica con las supersticiones de su época y los dogmatismos, la obra de Luciano revitalizó la sátira menipea, que “muerde disimuladamente y entre risas” (Nestle, 344), uniéndola al diálogo filosófico y a la comedia.

En el diálogo El sueño o el gallo, claro ejemplo de sátira menipea, Luciano desprecia las riquezas y, desde su perspectiva risueña, cercana a la escuela filosófica cínica, exalta la vida sencilla.

El argumento del diálogo se resumen en lo siguiente: Micilo, que es despertado por el canto de su gallo, se lamenta de haber sido sacado bruscamente de un sueño feliz en el que era heredero de una vasta fortuna. Su gallo —reencarnación del guerrero troyano Euforbo y del filósofo Pitágoras—, que posee el don fantástico del habla, le muestra al humilde zapatero Micilo las dificultades de la ostentación, no sin antes detallar cómo ha sido su periplo a través de varios cuerpos y vidas.

En El sueño se parodian formas clásicas, escuelas filosóficas y doctrinas como la de la metempsícosis, defendida por la escuela pitagórica, la cual aseguraba que las almas, después de la muerte, migraban a distintos cuerpos. A través de Micilo, Luciano también se ríe de otras leyes pitagóricas, las más conocidas por el público de su época, que prohibían gustar carnes, comer habas y hablar en demasía:

“Eres charlatán y chillón —recrimina el zapatero al gallo Pitágoras— cuando él exhortaba al silencio por cinco años completos, creo; otro, tu flagrante ilegalidad: vine ayer, como sabes, sin tener que darte, <excepto> habas, y tú sin dudarlo picaste en ellas” (Luciano, 204). El gallo se defiende contestando lo siguiente: “Antes yo no comía habas porque era filósofo, mas ahora puedo comerlas, pues se trata de un alimento propio de aves, que no nos está prohibido (205).

Gracias al recuento de sus vidas pasadas, el gallo Pitágoras le muestra a Micilo las dificultades de la riqueza y el poder:

¿Qué te diré, de entrada, Micilo? ¿Los temores, los sobresaltos, las alarmas, las sospechas, el odio de los seres inmediatos, las asechanzas, y en consecuencia el sueño breve y ligero por añadidura, las pesadillas llenas de agitación, los planes intrincados y las expectaciones permanentes de desgracias? ¿O el trabajo, las negociaciones, los pleitos, las campañas, las órdenes, los tratados y los cálculos? Todo ello es causa de no gozar de bien alguno, ni aun en sueños, pues es obligado meditar acerca de todo en soledad y entregarse a mil preocupaciones: Que al Atrida Agamenón…/ el dulce sueño no alcanzaba, por mil planes en su mente resolver (222).

Hacia el final del texto, Luciano echa mano de un recurso literario muy conocido: le otorga a sus protagonistas la capacidad mágica de entrar al interior de las casas, para develar los males de la ostentación.

Micilo.- ¿Cómo vas a lograrlo, si sus puertas están cerradas, a no ser que me hagas horadar las paredes?

Gallo.- De ninguna manera. Hermes —a quien estoy consagrado— me tiene concedido ese privilegio: si alguien con la pluma más larga de mi cola, la que se riza de puro flexible (…) Aquel a quien yo deje arrancármela y poseerla, podrá, mientras yo quiera, abrir cualquier puerta y verlo todo sin ser advertida su presencia (224).

De esta manera, Micilo descubre la desgracia, la avaricia y la insensatez de la riqueza. Tras caricaturizar la ambición de varios personajes, el diálogo concluye afirmando su crítica a la desigualdad, los excesos, el monetarismo y el poder.

El sueño exalta la vida sencilla promovida por los cínicos, y enaltece el poder que el ciudadano puede ejercer sobre los poderosos si así lo decide, algo que no está de más recordar:

En tiempo de paz, por otra parte, en tu condición de ciudadano raso, asistes a la asamblea y te impones a los ricos, mientras ellos tiemblan, se estremecen y tratan de aplacarte con dádivas. En efecto, se preocupan de que tengas balnearios, espectáculos y otras diversiones, cuando tú eres juez e inspector riguroso cual dueño y señor, sin concederles derecho de réplica en ocasiones (219).

 

Bibliografía

  • Luciano. Obra completa. Tomo I. Carlos García Gual (Intr.).España: Gredos, 2002.
  • Nestle, Wilhelm. Historia del espíritu griego. Desde Homero hasta Luciano. Manuel Sacristán (Trad.). México: Editorial Ariel, 1981.
  • Imagen: Mercurio, acompañado por un gallo y una cabra, del escultor Artus Quellinus. A Mercurio se le identifica con los gallos, por ser él también heraldo del nuevo día.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s