El poeta, el cronista

Pensar en la labor del cronista contemporáneo es, en muchos sentidos, evocar la narración de vidas particulares en el contexto de sucesos colectivos, las más de las veces violentos y desoladores. Pensar en la labor del poeta en nuestros días es recordar que entre la palabra y el acontecer cotidiano siempre puede existir la armonía del decir genuino. En Extinción del testimonio de Agustín Abreu Cornelio se reúnen ambos oficios. Cronista y poeta unen su particular manera de expresión para entrar de lleno en la paradoja del decir en silencio, “testimoniando con la ausencia de testimonio”, según anticipa el autor citando a Blanchot.
A lo largo del poemario la palabra surge para desdecirse a sí misma, para dejar constancia de que no hay tal. Los títulos de cada conjunto de poemas son evidencia de este juego de sentidos: “Extinción del vuelo”, “Se muere algo”, “En el fondo de otro reino” y “Pájaros con vértigo”. Cierto es que desde aquí se advierte un tono pesimista y desencantado, que sin embargo también pone en evidencia un tipo de aflicción capaz de transformarse en algo más. La muerte, la violencia, la rabia, el estupor ante tales escenarios, se ponen de manifiesto para reconocer en lo no dicho, en la página en blanco, una posibilidad de regeneración. Si los poemas de “Extinción del vuelo” y de “Se muere algo” ratifican la muerte violenta, el implícito deseo de venganza, la vida, el amor y la juventud cercenados, “En el fondo de otro reino” acudirá a la infancia, semillero de temores y ciertamente dolorosa, pero en la que aún se conserva una pequeña esperanza intacta:

Herida

Esa luz,
cuya raíz se remonta
hasta la infancia,
es la única
flor
que te queda por cortar.

Desde la memoria de los primeros episodios de vida en que uno es testigo de la muerte de otros seres, es posible anticipar la lógica de la naturaleza, la correspondencia entre los opuestos, el sacrificio y el renacimiento. Las cosas de la vida cumplen con su curso habitual y uno los va descubriendo poco a poco en cada nuevo acontecer. Así se presentan algunos de estos hechos en uno de varios poemas titulados “Infancia”:

Además de los ladridos, el universo se miraba en mí y recortaba con exactitud mis pasos. Por la planta de mis pies el tiempo entraba con la humedad de las bacterias. Lo importante iba en mis manos, en una bolsa ajada: el temblor que fue de la gallina y se prolongaría en la cuchara que captura el caldo y captura el hambre. Sólo cuando caen en un estertor eterno, las plumas pueden transformar la página.

Al final quedan los “Pájaros con vértigo”, una especie de refrendo del desconsuelo, la reiteración de la paradoja del testimoniar mediante la ausencia del testimonio. El cronista/poeta cumple con dejar ahí su pronunciamiento, su relación de sucesos y también su dolor. Aunque después de la imposibilidad del vuelo no haya más que espacios en blanco, éstos permanecen como un silencio vibrante capaz de decir todo lo que desde un principio pretendía desdecirse.

Dejo un poema más a modo de invitación a la lectura y a la presentación del libro que se efectuará en el mes de agosto en Mérida, Yucatán.

***
El verano hace una plegaria por los muertos.
Sol que horada mis páginas vacías
y balazo disperso en lo más árido
de mí: su nombre sigue diciendo no.
Aunque mis arterias procuran
cicatrizar, en el corazón hay un filo
de golondrinas: de mí no queda
más sangre que verano.

Abreu Cornelio, Agustín. Extinción del testimonio. Villahermosa: Gobierno del Estado de Tabasco, 2013.
Diseño e imagen de portada: Fracisco Cabrera


Una respuesta a “El poeta, el cronista

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s