Sobre el género panegírico

Ilustración: Lola Gómez Redondo. Fuente: http://desdesoria.es/tieneunminuto/?p=455
Ilustración: Lola Gómez Redondo. Fuente: http://desdesoria.es/tieneunminuto/?p=455

El panegírico es un género cardinal de la vida pública. Deriva del término griego panegyris (pan: todo; aguris o agyris: asamblea) y, como su nombre lo indica, significa “toda la asamblea” (Monlau 1856, 361) o el ágora. En sus orígenes, la panegyris era la reunión de quienes se congregaban para adorar a algún dios en algún santuario. Después sirvió también para designar reuniones de carácter civil. En su diccionario de antigüedades griegas y romanas, William Smith afirma que había tres tipos de asambleas o panegyris: las de los habitantes de una ciudad y sus vecinos; las de los habitantes de un distrito o provincia, o de los miembros de una misma tribu; y las “nacionales”, que suponían una magna festividad: la celebración de los juegos olímpicos, nemeos, pitios e ístmicos (1843, 727). Estas últimas se realizaban cada cinco años en Atenas. La recompensa de los ganadores de los juegos incluía la alabanza pública de sus acciones y, en general, de su persona. En el marco de estas celebraciones también se hacía la alabanza pública de las personas insignes. Con el tiempo, los discursos encomiásticos pronunciados en la panegyris recibieron el nombre de panegírico.

            Desde sus inicios, el panegírico estuvo muy unido a la vida civil y política de la ciudad. Tras la irrupción y el establecimiento del cristianismo entró a formar parte de la oratoria sagrada, y durante la Edad Media se usó con regularidad, junto con otros géneros forenses –muchos de ellos de raigambre oral, como la oración y el sermón–, para honrar las acciones y las personas de santos, mártires y padres de la Iglesia, ante el pueblo congregado en las celebraciones religiosas periódicas: la misa semanal, las fiestas patronales o con motivo de dogmas –por ejemplo, la Inmaculada Concepción–, u otras menos programadas: la muerte de un papa, la canonización de un nuevo santo, la fundación de un convento o el nombramiento de un dirigente de la Iglesia. Pese a su inscripción en la retórica del mundo católico, el panegírico siguió sirviendo, en el Medioevo e incluso después, para elogiar a personajes de la vida civil (reyes, militares, nobles y grandes señores) y hasta acontecimientos relevantes de la vida pública (victorias bélicas, rogativas, nacimientos, muertes y bodas de miembros de las familias reales).

            Pero la vida del panegírico no puede reducirse al terreno de la retórica sacra. De hecho, ha sido altamente productivo en el ámbito político. El encomio y el vituperio de gobernantes u otras figuras de la vida política y oficial jugaron un rol medular en la conformación de la opinión pública. Asimismo, la importancia del panegírico para la literatura radica en el gran valor de sus contribuciones al desarrollo de los géneros biográfico y novelesco, desde la Antigüedad hasta nuestros días.

 

Bibliografía:


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