Viajes en el tiempo o la culpa y el destino

Arenas del Tiempo. Monica Renedo“Cada destino es la suma de un número indefinible pero finito de acontecimientos triviales, de acciones no siempre conscientes, de omisiones muchas veces involuntarias. En estricta lógica bastaría con modificar cualquier instante, elegido al azar, para que la concatenación de los minutos y las horas y los días y los meses y los años siguientes resultara distinta”. Sin embargo, esa “estricta lógica” revela de inmediato sus flaquezas cuando apelamos al problema del destino: ¿cada quien crea el suyo o somos los títeres protagonistas de un destino forjado de antemano?, ¿realmente podemos, así “al azar”, tomar cualquier segundo y redireccionar el curso de nuestro acontecer? ¿Por qué después de la catástrofe siempre queda en pie la atenazadora presencia del “hubiera”?, ¿es porque sí tenemos la opción efectiva de decidir o acaso su presencia sólo cumple la función de avivar la culpa ante lo irrevocable de nuestros actos, de lo que ya estaba predestinado a ser a pesar de la creencia, a veces ferviente, de que en nosotros residía el poder de que fuera diferente? Y cuando no son nuestros actos los que nos han llevado al infortunio, ¿acaso estaba escrito en algún invisible lugar de nuestro nombre jugar el papel de víctimas y vivir padeciendo la mezquindad de los otros?

Quizá una de las formas más frecuentes de viajar en el tiempo, aunque involuntariamente, sea esa tendencia a dedicarle más de un pensamiento al “hubiera”. Regreso a veces automático que nos sumerge en la efímera fantasía de imaginar mejores decisiones, conductas, reacciones, atención para lo que omitimos, valor para decir o hacer lo que era necesario. Si tuviera que elegir a un protagonista de El taller del tiempo de Álvaro Uribe creo que elegiría el juego indescifrable entre la culpa y el destino, pues me parece que no sólo lanza y hacer rebotar las vidas de Miguel Primero, Miguel Segundo y Miguel Tercero a lo largo y ancho de la historia, sino que se proyecta aún más allá, tal vez hacia algún sitio que sobrepasa ese marco de ficción y nos señala con un índice que bien podría ser el del Diablo o el de un remordimiento no reconocido.

A lo largo de siete episodios, narrados desde la perspectiva de voces muy disímiles y construidas con genialidad, conocemos la historia de estas tres generaciones de Migueles que se debaten consigo mismos y con sus homónimos en la ardua lucha de forjarse una identidad y definir los límites de su poder. La vida política, laboral, amorosa y familiar de cada uno se ve atravesada por una disputa forjada de antemano por el solo hecho de llevar los tres el mismo nombre. Y sin embargo, no es tan simple como apelar al “nombre es destino”, porque estos Migueles también se miran los unos a los otros, de generación en generación, como si la sangre compartida los estuviera obligando a contemplar en padres e hijos al más despiadado adversario.

Pero no son sólo ellos los participantes de la disputa. Son también las esposas, las amantes, las madres, los primos, los amigos: cómplices y compañeros todos de cada Miguel en un momento crítico de sus vidas y en el que se definirá lo que habrá de ser para sí y para los otros. Lo que en un principio aparenta no ser más que una serie episodios en la historia de una familia, poco a poco adquiere los matices de lo que duele, subyuga y determina a cualquiera; sucesos que nos harían querer viajar en el tiempo para modificarlos o evitarlos a toda costa.

Sean decisiones o destinos los que rigen la vida de los Migueles, El taller del tiempo nos coloca en el juego del “hubiera”, en el “desearía volver a ese instante para…” mediante la narración de fragmentos de vida de testigos y protagonistas. Al final, este rompecabezas no queda inconcluso, pero el tiempo implacable y carnicero le ha borrado fronteras y matices. El asombro y la duda acerca del destino de los personajes o de las sencillas consecuencias de sus actos, logra sobre el lector uno de los efectos de las grandes novelas: sembrarnos con una historia ajena las más grandes incertidumbres respecto a nosotros mismos.

Bibliografía

Uribe, Álvaro. El taller del tiempo. México: 2003.

Imagen: “Arenas del tiempo” de Mónica Renedo.


Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s