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Comentarios a la película Lucy

LucyEn una entrada anterior escribí que, según Paul Ricoeur, al discurso narrativo histórico y al de ficción les concierne la historicidad radical del ser humano. A mi juicio, quizá valdría ampliar esta afirmación: a la literatura y al conjunto de las artes les concierne la historicidad radical de la Humanidad. Esto quiere decir que, de alguna manera, la materia prima de las artes, así como de la historia, es el tiempo; mejor dicho, la temporalidad. Es fundamental no perder de vista la diferencia entre tiempo y temporalidad.

A lo largo de los siglos, el ser humano ha ensayado distintas formas de concebir el tiempo y de relacionarse con él. Se trata de una relación radical, como ya dije, pues la determinación del tiempo es, de acuerdo con Norbert Elias, un recurso de la Humanidad para orientarse en el incesante flujo del acontecer. En un principio, la medición del tiempo dependía de fenómenos naturales recurrentes –el despunte y el ocaso del sol y la luna, o el paso de las estaciones, por ejemplo–. Después, explica Elias, se comenzó a depender de procesos simbólicos recurrentes en las esferas de los relojes. La hora y el reloj fueron vistos durante años como derivaciones del día, esa medida extrahumana que, en palabras de Ricoeur, “une el cuidado con la luz del mundo” (2004 I, 129). La noción de cuidado nos lleva del terreno del tiempo al de la temporalidad.

Autores como Mijaíl Bajtín, Eduardo Nicol, Ricoeur y Elias, entre otros, han subrayado el absurdo resultante de pensar la relación de la Humanidad con el tiempo en los mismos términos en que la ciencia positivista ha entendido éste. Para la física y las matemáticas, los máximos paradigmas científicos, el tiempo es una medida homogénea, abstracta y neutra. Por el contrario, la Humanidad es “heterogénea, cualificada siempre y diversa”, como lo ha señalado Nicol (2004, 25). Por eso, más que el tiempo en sí, a las artes les atañe la experiencia humana del tiempo, o sea, de temporalidad. En este punto se abre una brecha enorme entre la mirada de la ciencia y la mirada del arte; por mirada me refiero a formas de percibir, entender y explicar. Para convencerse de esto basta pensar en las posiciones tan disímiles que asumen el arte y la ciencia ante un mismo fenómeno, al que perciben, entienden y explican cada cual a su manera. Pero a veces se nos olvida la especificidad de cada uno de los saberes del hombre –artes, ciencias y humanidades–, y les reprochamos a unos que no sean o “miren” como los otros. Así, le criticamos a las humanidades la fragilidad de muchas de sus certezas, a las ciencias su desdén por lo incomprobable mediante sus métodos, y al arte su falta de compromiso “real” con la realidad. Sin embargo, es probable que esa fragilidad, ese desdén y esa falta de compromiso nos parezcan tales porque estamos pensando desde fuera, desde un horizonte que no les corresponde. Por ejemplo, el arte y la ciencia se explican de forma totalmente distinta la enfermedad, la vida, la muerte, el amor, la violencia, el futuro. De este último me interesa hablar aquí.

Volvamos a la idea de Ricoeur que comenté al principio de mi texto: a la ficción le atañe la historicidad radical del ser humano. Ricoeur aludía a la ficción de la literatura, no a la del cine, pero me parece que, en buena medida, sus comentarios pueden hacerse extensivos a la ficción cinematográfica. En esta ocasión me gustaría comentar una película clasificada, entre otras cosas, como ciencia ficción: Lucy (2014), dirigida por Luc Besson, protagonizada por Scarlett Johansson y Morgan Freeman. Pongo el tráiler, por si el curioso lector de esta nota aún no ha visto la película:

Me interesa el asunto de la ciencia ficción –clasificación que suena a una contradicción de términos, cuya discusión dejo para otro momento– porque ha dado pie a numerosos debates acerca de las relaciones entre la ficción (el arte) y la ciencia.

El diccionario de la RAE define la ciencia ficción como un “género de obras literarias o cinematográficas, cuyo contenido se basa en hipotéticos logros científicos y técnicos del futuro”. En efecto, en Lucy la ciencia y la tecnología desempeñan un rol capital, y el argumento de la película se basa en una premisa supuestamente científica, aunque ha sido rechazada en varias ocasiones por la ciencia. En el cartel promocional de Lucy leemos: “Una persona promedio usa el 10% de capacidad cerebral. Hoy ella alcanzará el 100%”.

Lucy_Teaser_Poster_Oficial_Latino_JPosters

Sintetizo brevemente el argumento: Lucy, una mujer común y corriente, se ve involuntariamente involucrada con una red de narcotraficantes, quienes la obligan a transportar una novedosa y potente droga sintética llamada CPH4. Mediante un procedimiento quirúrgico, a Lucy y a otros tres individuos les implantan dentro del cuerpo un kilo de CPH4. Por una situación también fortuita, la bolsa de droga alojada en el cuerpo de Lucy se rompe, y su sistema termina absorbiendo alrededor de 500 gramos del producto. La sobredosis causa una reacción extraordinaria: la capacidad cerebral de Lucy se ensancha más allá de lo imaginable. Con el paso de las horas, Lucy incrementa progresivamente el porcentaje de aprovechamiento de su capacidad cerebral. Se  convierte en una superdotada, una súper-mujer: aprende idiomas en minutos, adquiere conocimientos especializados (de medicina, de física, informática, etc.), domina a la perfección su cuerpo e incluso logra controlar el cuerpo de los demás, las señales de telecomunicación, la fuerza de gravedad y, como máxima conquista, con la complicidad del Dr. Samuel Norman, interpretado por Freeman, penetra en los arcanos del tiempo. La prodigiosa expansión de la conciencia de Lucy pone en riesgo su propia vida o, mejor dicho, su existencia tal como la conoció hasta entonces. Como se ve, la película coquetea con las posibilidades que el futuro le depara a la Humanidad.

En la red circulan ya múltiples críticas y comentarios a Lucy, casi siempre desfavorables. Y, es cierto, no es una buena película desde el punto de vista cinematográfico. Sin embargo, creo que sí ofrece elementos valiosos para el análisis desde el punto de vista de la estética. A continuación voy a comentar sólo tres de ellos.

El primero tiene que ver con el estatuto de la propuesta que encontramos en Lucy. Es interesante ver que muchas de las reacciones negativas generadas por la película tienen que ver con que la gente juzga “poco científico” o “poco realista” su planteamiento general: el ser humano utiliza únicamente el 10% de su cerebro, ¿qué pasaría si utilizara el 100%?. Como es bien sabido, la ciencia ha refutado la hipótesis y, por ende, considera inútil la pregunta. Para mí, lo interesante es que no sólo el público general o la crítica cinematográfica han señalado este “fallo”, sino que también algunos científicos se han lanzado al ruedo. Por ejemplo, la revista Nature Neuroscience le ha dedicado un editorial, “The mythical brain”, en donde impugna la hipótesis del 10%. Por supuesto, no es la primera vez que la ciencia entra a debatir asuntos concernientes a las artes. Ha habido estudios que ponen a prueba los fundamentos científicos de algunos cómics y algunas películas, así como de los poderes de súper héroes como el Dr. Manhattan, el Hombre Araña o los X-Men. Algunos lo han hecho con sentido del humor. En el caso de la literatura, las grandes detractoras (y aguafiestas) han sido la historia, la geografía, la física. Soy partidaria del diálogo y hasta de la discusión entre los diferentes saberes del hombre, eso no lo discuto; lo que me parece tonto es que se censure a uno de ellos a partir de criterios del otro. Si Besson hizo una película comercial, no una investigación científica, ¿por qué exigirle a Lucy probidad científica? ¿Por qué calificar la película de “fraude científico”, escudados en la certeza de que es falso que usamos el 10% de nuestro cerebro? Esto me lleva al segundo punto.

Hasta ahora he dicho, haciendo eco de la publicidad de la película, que el planteamiento central de Lucy es el asunto del porcentaje cerebral, mas no creo que sea así. A mi modo de ver, su planteamiento central tiene que ver con las posibilidades del conocimiento humano, con sus límites. Después de todo, el inaudito incremento del porcentaje del aprovechamiento cerebral de Lucy es una representación del ensanchamiento de su conciencia. Estamos, pues, ante una respuesta artística a la pregunta por el conocimiento, la sabiduría, la verdad. Esa verdad, lo mismo que la muerte y el tiempo –según lo expliqué más arriba–, no debe formularse en términos científicos, sino utópicos; porque, sin lugar a dudas, alcanzar el 100% nuestra capacidad cerebral, o sea, la totalidad del conocimiento es una utopía. Quizás el problema con la visión de Besson es que se queda corta, y el planteamiento se le escapa de las manos. Por ejemplo, no deja de mover a risa que el inefable conocimiento adquirido por la súper mujer-Lucy quepa en una memoria USB; o que en vez de comunicarse con los demás por telepatía, como otros súper hombres (el Profesor X, Jean Grey y hasta Aquaman) se comunique a través de aparatos tecnológicos (televisor, radio, teléfono, computadoras). Con base en esto, cabe interpretar que para Besson conocimiento es igual a información, y comunicación es igual a transmisión. Paso ahora al tercer y último punto de mi reflexión.

Lucy ofrece una visión esperanzadora del futuro y de la muerte. La pregunta por los límites y las posibilidades del conocimiento humano entraña, irremediablemente, una cuestión ética: ¿qué me está permitido hacer con ese conocimiento? Contrario a lo que ocurre con otros personajes de películas, que adquieren por el medio que sea un conocimiento superior, Lucy no siente la tentación de utilizar sus poderes y su conocimiento para fines perversos o egoístas. Ciertamente, se esfuerza por desatar al máximo su capacidad cerebral, pero no lo hace para obtener un beneficio personal, sino a la manera de un experimento: se pone en contacto con el Dr. Norman, el gran experto en la materia, y después se reúne con él y su equipo para descubrir y registrar (hay cámaras y testigos) qué ocurre cuando alguien alcanza el 100%. Entonces, Lucy opta por compartir su conocimiento con los demás, con dejar un legado para el mundo. No sólo en lo grande (la memoria USB contiene todo lo que la Humanidad necesita saber); también en lo pequeño y lo trivial. Por ejemplo, cuando le hace una prescripción médica a una amiga suya cuando percibe que a ésta le falla un órgano vital, o cuando telefonea a su madre para agradecerle las incontables muestras de afecto que recibió de ella –y que Lucy puede recordar en su totalidad–. Otro detalle importante es que esta súper mujer no intenta cobrar venganza. Si mata a varios de los narcotraficantes que la capturaron y utilizaron es porque ellos la persiguen. Como se ve, en esto Lucy avanza en una dirección contraria a los cientos de películas que hacen de la venganza el plato fuerte, servido frío.

Cierro aquí mis comentarios a la película. Si el lector no tiene algo mejor que hacer, o si le sobra un boleto o una invitación a cine, puede considerar darle una oportunidad a esta película. Probablemente no será la mejor que verá en su vida, aunque probablemente tampoco será la peor. A mí me gustó, pero reconozco que por momentos cojea, por momentos se arrastra y por momentos pierde piso. Tal vez es una película demasiado comercial para ser “de autor”, y demasiado “de autor” para ser comercial. En fin, eso queda para que el amable y paciente lector decida por sí mismo.

Bibliografía

  • Nicol, Eduardo. “Introducción: la historia y la verdad. El problema del ser en el tiempo”, en La idea de Hombre. Ed. Facsimilar. México: Herder, 2004, pp. 15-46.
  • Ricoeur, Paul. “Para una teoría del discurso narrativo”, Historia y narratividad. Introd. Ángel Gabilondo y Gabriel Aranzueque. Barcelona; Buenos Aires, México: Paidós; I.C.E de la Universidad Autónoma de Barcelona, 1999, pp. 83-155.
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Acerca de samanzanilla

Yucatán, México, 1979. Doctora en Literatura Hispanoamericana y Maestra en Literatura Mexicana por la Universidad Veracruzana. http://independent.academia.edu/SManzanilla

7 comentarios el “Comentarios a la película Lucy

  1. Muy buen análisis…
    saludos desde Argentina!

  2. Samnzanilla, gracias por tu análisis. Yo reconozco que la película no me pareció una joya, pero sí entretenida y que apunta a conceptos muy interesantes (además que visualmente me gusta mucho) y por ello la he visto más de una vez, aunque a diferencia de lo que me suele pasar con otras películas, verla más veces no me ha hecho encontrar más cosas interesantes o puntos que se me quedaron en el tintero, o bien no soy capaz de sacar más de ella o sencillamente como peli comercial de turno, es superficial en este aspecto y ya está.

    Otra peli sobre transhumanismo que ha sido (para mí injustamente) bastante defenestrada por crítica y público, es Transcendence de Johnny Deep, ¿qué opinión te merece? Sin querer enrollarme, solo decir que precisamente me gustó por el enfoque poco habitual del argumento (el protagonista, más que entregarse a conquistas absurdas, escoge un camino bastante lógico y se comporta de forma consecuente), me pareció que la peli planteaba temas muy interesantes.

    • Una disculpa por la demora en responder, Isarael. No había reparado en la notificación. Gracias por el comentario, que tomaré más bien como sugerencia: no he visto Transcendence. Desde mi perspectiva, teniendo en cuenta los avances vertiginosos de la tecnología, el transhumanismo está por ganar un sitio privilegiado en los debates de toda índole: artísticos, políticos, culturales, sociales, etc. Como lo señala Felipe Fernández-Armesto en “Breve historia de la humanidad” (su libro comparte título con otros, como el homónimo de Y. N. Harari): muy pronto tendremos que cuestionarnos incluso el concepto de “humano”. Por ejemplo, los increíbles logros de la Inteligencia Artificial prometen construir robots “humanos” o, al menos, robots que piensen, sienten y valoren el mundo tal como lo hacemos nosotros. Será, sin duda, una experiencia radical tener que confrontarnos con lo que hasta ahora pensamos sobre la humanidad y lo que significa ser humano.

  3. Hola, me gustó la película a pesar de ciertos vacíos conceptuales y estéticos, son cuestionamientos que como humanos nos hacemos a diario, principalmente pensando en el futuro que nos pisa los talones y la tecnología que cada vez avanza y avanza, como la figura final que representa una masa buscando energía para convertirse en algo mucho más fuerte, definitivamente la tecnología nos hace cada vez más dependiente de ella. Creo que esa fusión naturaleza y tecnología al final una es parte de la otra, ¿qué prevalece? aún no lo sabemos, será el tiempo quien determine si esto para o continua. La película me generó reflexiones interesantes.
    Saludos.

    • Hola, Mariel. Es cierto, la película tiene algunos vacíos importantes, pero, como dices, no por eso deja de ser interesante para la reflexión sobre el futuro… nuestro futuro. Muy probablemente podríamos ubicar esta película en la línea de las discusiones sobre el “transhumanismo” y el “posthumanismo”. Ambas tienen que ver con el potencial (a la vez benéfico y perverso) de la tecnología. Gracias por tomarte el tiempo para dejarnos un comentario y por compartirnos tus reflexiones. ¡Saludos!

  4. Me parece que no hay que tomar al pie de la letra la historia. Lo de la utilización del 10% del cerebro ya está comprobado y refutado por la ciencia, en cuanto a esa chica convertida en una especie de dios, es bastante exagerado. Creo que habría que verlo como un intento de superar el tiempo y la materialidad y eso, para mí, es la muerte. En un momento ella dice; “Nadie muere del todo”. Al final, una vez desaparecida la materia – sólo queda su ropa – dice que está en todas partes. Se ha convertido en energía pura, tiene todo el conocimiento – le entrega a Freeman un USB como lo que queda de ella – y ha perdido su identidad.

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