De gatos, nombres y desapariciones

Solamente conoces la esperanza

cuando pierdes a tu gato y eres niño,

¿verdad, Balthus?

Álvaro Solís

Balthus-Mitsou

I. De gatos

No consignaré aquí las supersticiones que injurian la buena reputación de los gatos, pues estoy de parte del ronroneo. Tampoco discutiré sobre la presumida naturaleza maligna y traicionera de estos seres. A favor de ellos diré que hay abismos y espíritus volátiles que no todos pueden enfrentar.

Mas tengo ciertas hipótesis respecto a los felinos, estas ideas se relacionan con los nombres, las apariciones-desapariciones y la presencia gatuna en los libros, donde están los testimonios que, a mi parecer, confirman estas sospechas.

II. De nombres

Según narra Alfonso Reyes, era un día de invierno cuando a su puerta llamó una gatita famélica, a la que bautizó, para molestar a la gente, con el nombre del poeta Juan Álvarez Gato: “—Juana—me rectificaba la gente— puesto que es gata. Pero ella sólo entendía por Juan” (Reyes, 781). Después, don Alfonso tuvo un angora, demasiado bello para no ser estúpido, que censuraba los libros con “un saetazo líquido, pestilente como el del zorrillo” (782). Aunque la historia de estos dos personajes poco tiene que ver con mis teorías, me fue imposible no contarla (las personas que amamos a los mininos tendemos a hablar demasiado de ellos, conozco bien a los de nuestra calaña).

Reyes da noticias de Onfalia, una gata hercúlea, majestuosa y con actitud de reina —“No le gustaba pisar el suelo: saltaba de uno en otro mueble con vertiginosa acrobacia” (782)—, a la que vio desaparecer por un balcón, impulsada en un salto que más bien parecía vuelo. Después de esta huida, el escritor, quien estaba acompañado de Pedro Henríquez Ureña, tropezó con una siniestra mujer con la misma mirada, corpulencia y andar de Onfalia:

—¿Has visto? —le dije a mi amigo.

—Sí. Calla. No digas nada. Puede ser peligroso. Uno no sabe nunca lo que hay en estas cosas. Evidentemente, esa mujer es Onfalia (783).

III. Efaninefable

En Old Possum’s Book of Practical Cats T. S. Eliot advierte que los gatos son dueños de tres nombres, lo cual, explica el poeta, es un asunto delicado: el primero es el nombre familiar, como Peter, Augustus, Alonzo o James; el segundo, más elegante y digno, les ayuda a mantener erguida su cola o alardear sobre el largo de sus bigotes; el tercero es el inefable, inescrutable y singular, un nombre conocido sólo por el gato, y que éste descubre cuando observa el infinito:

When you notice a cat in profound meditation,

The reason, I tell you, is always the same:

His mind is engaged in a rapt contemplation

Of the thought, of the thought, of the thought of his name:

His inefable effable

Effanineffable

Deep and inscrutable singular Name (Eliot, 2).

IV. Desapariciones

Creo que un gato desaparece cuando va en busca de su “Efaninefable”, el cual se relaciona con el nombre familiar. El nombre, así como la infancia, muchas veces es destino.

V. Querido Balthus, yo también perdí a mi gato mitsou Le chat

A los diez años el pintor Balthus (Balthasar Klossowski) dibujó una serie de ilustraciones que relataba la historia de su gato Mitsou: el encuentro, la vida en común y la desaparición. Rainer Maria Rilke, mentor de Balthus, publicó los dibujos del joven artista en el libro Mitsou, Histoire d’un chat. Además, el poeta escribió un prefacio en el que dio más detalles sobre la relación de los protagonistas de la obra.

En dicho texto, Rilke identificó algunas sutilezas de la naturaleza felina, como la dificultad de traspasar la frontera que separa el mundo de los gatos del de los humanos (mundo donde sólo ellos habitan y que está rodeado de circunstancias que jamás adivinaremos) o la imposibilidad de encontrar a un minino extraviado, el cual, parece ser, nunca entra totalmente en la vida de las personas.

El poeta Álvaro Solís también escribió un libro sobre la tristeza de perder a un gato en la infancia, y su historia se la cuenta a Balthus:

Yo que perdí a mi gato cuando tenía seis abriles,

puedo hablarte del dolor, querido Balthus,

de los sueños sin maullido,

de las pesadillas techo a techo buscando entre la noche

los sueños más tranquilos.

Porque yo conocí el miedo, cuando perdí a mi gato,

puedo pararme ante ti, Balthus,

y aunque sé que no tengo agilidad felina,

sé que no hace falta morirse siete veces

para tener miedo a los cuartos oscuros.

Yo tuve un gato hace muchos años,

uno blanco que oscurecía con la noche,

uno al que esperé toda la infancia.

Yo puedo pasarme contigo la noche entera

a esperar el regreso imposible del gato que nunca volvió a

casa.

Los gatos tienen siete vidas, sí,

pero sólo una vez desaparecen (Solís, 16).

VI. Gato, nombre, desaparición

Como Reyes, Balthus y Solís he perdido a varios gatos. Consignaré el alias familiar de un par de desaparecidos: Funes y Onfalia. Al primero, creo haberlo predestinado a no olvidar las visiones que los gatos captan en su mundo paralelo. Pienso que tantos recuerdos lo obligaron a huir. Onfalia, por su parte, siempre fue muy humana, y cómo no habría de serlo si con alevosía le di ese nombre. ¿Se habrá transformado en mujer como la minina de don Alfonso?

Onfalia

Mi supersticiones no terminan aquí. En una ocasión, Onfalia saltó hacia el librero y tiró varios libros, uno de ellos se abrió de par en par, y mi gata (aunque tal vez no debiera usar el posesivo) se quedó vigilándolo. ¿Estaría su Efaninefable ahí?

A veces me parece que los libros ronronean. De vez en vez encuentro rastros de sus uñas en mi biblioteca, aunque no estoy segura. Lo malo de vivir con gatos es que uno imagina cosas; uno empieza a hacer conjeturas sobre la naturaleza fantástica de estos seres.

Bibliografía

Eliot, T. S. Old Possum’s Book of Practical Cats. Edward Gorey (Ilustraciones). New York: Harcourt Brace Jovanovich, 1982.

Reyes, Alfonso. Obras completas XXII. Marginalia. Las burlas veras. México: FCE, 1989.

Solís, Álvaro. Querido Balthus, yo también perdí a mi gato. Omar Martínez Verde (Ilustraciones). México: Instituto Tlaxcalteca de Cultura, LunArena, 2007.

Imágenes: del libro Mitsou, Histoire d’un chat, de Balthus.

Fotografía de Onfalia.

 


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