Todo lo que es Gladis

genji-monogatari-chapter-45-2Don Luis de Góngora, Lorca, Lady Gaga, Lilia Brik, Maiakovski, la Ópera de Pekín, Bach, Hegel, el gato de Schrödinger, el Mundial de Futbol, Dante, Ovidio, Virgilio, Marco Polo y Marx, el Tao te King, Shakespeare, la Guerra Fría, haikús, Kali, Confucio, Circe, la Bauhaus, Bertolt Brecht, Kawabata, Coco Chanel, Jacques Chirac, Wittgenstein, Pollock, Tolstoi, Niels Bohr, Yahvé, La Mona Lisa, Rubens… En Brasil, en San Luis Potosí, en el Japón o en la India, en la América recién conquistada, al pie de la torre Eiffel, en el Mar de Cortés, Mazatlán, Gales, Marrakech, Ámsterdam, Siracusa, Pamplona, Dinamarca, Haití, Berlín, Londres… Gladis es todos los tiempos y los espacios, todos los hombres y las mujeres. Es aún más. Gladis es el proceso y la cosa, la nada, y el mito, la historia recreada, el absurdo, la corrupción de la cronología, la historia occidental y accidental; es el Oriente sin tiempo, la tradición y el grito contemporáneo. Es, en fin, una invención, una alegoría, una fabulación contradictoria. Ella es la “payasa sagrada”, lo inefable o algo así, según refiere su creador en “Teoría de la autoría”:

Mas es más su misterio y aquello que omití de ella en su novela. Mentí, es verdad. Memoricé alabanzas para lavarla al son como si fuera, en vuelo, pura nieve. Exageré virtudes que no tuvo. Hice de Gladis gleba de cultivo y ahí maíz y mijo, arroz y olivo. La icé propensa a todo. Le di un tambor y ancas para el baile, iglú antibacterial y feromonas, anilina en anillo. Ella sabe querer y hasta en Lascaux la admiran los equinos. Pero me guardo lo mejor: su mosto, lo que envuelve –sin verse– entre su sépalo, lo alígero de su halo. A lo mejor me equivoqué al hacerla hacinada entre tanto sin sentido, procaz ahí, asomadita a todo. Pero no me arrepiento. Y me alegra saber que arraiga, ahora, en otros vendavales (ni yo ni Nietzsche quisímosla apolínea). He de dejar que se desguace en ese, su indescifrable ser. Razón, le doy, por omisión. El resto es del lector, tribulación.

Y además de lo anterior, Gladis Monogatari de Víctor Sosa (Uruguay, 1956), es un juego de múltiples sentidos y sonidos, ganadora del Premio Internacional de Poesía “Jaime Sabines” 2012.

Siguiendo la tradición japonesa de los monogatari (historia), textos literarios de largo aliento que podían ser de corte épico o lírico, según el tema que trataran, Gladis Monogatari se teje a sí misma con los hilos de temas y personajes diversos. Pero su sentido, no reside únicamente en su referencia directa a Murasaki Shikibu, autora del famoso Genji Monogatari y de quien Sosa toma uno de sus epígrafes:

“…seré considerada como una cronista de escándalos, pero no puedo evitarlo”

sino que se va conformando por todas y cada una de las implicaciones y diálogos que el autor recrea a través de un sinfín de juegos de lenguaje, referencias musicales, literarias, plásticas, filosóficas, religiosas, históricas, antropológicas, poéticas, míticas, científicas; lo cual viene a ser una especie de paralelismo con los múltiples temas que podían tratar los monogatari: desde recreaciones de héroes históricos hasta relatos fantásticos, pasando por tramas de romances de la corte, anécdotas, conflictos bélicos. Y más aún, esta tradición llega hasta nosotros a través de series de anime que siguen produciendo historias, ahora animadas, semejantes a las narradas en los monogatari de hace siglos.

El vínculo con Genji Monogatari, decía, no se limita a la incursión del epígrafe ya citado, sino que marca toda una línea de lectura de la Gladis Monogatari de Sosa. Por una parte, está el tema amoroso: lo que en la primera es la historia de amor del príncipe Genji, en la segunda se transforma en un amor carnal entre todas las mujeres que es Gladis y todos los personajes desplegados a través de la voz que la narra, la describe, la ama, la ultraja, la observa, la (re)crea; e incluso mediante la voz de ella misma, la Gladis que es una y múltiple.

Por otra parte, Genji Monogatari se encuentra atravesada por el debate de si se le puede considerar o no la primera novela moderna, lo cual la coloca en una encrucijada entre Oriente y Occidente. Gladis Monogatari no aspira ser novela, sólo juega, y su juego consiste en reírse de los géneros literarios, de las convenciones del lenguaje, de las tan mentadas diferencias entre Oriente y Occidente. Gladis se mueve con plena libertad en los tiempos y los espacios y pasa sin pretensiones, sin ambición alguna de conquistar ningún polo del planeta, tal vez tan solo, eso sí y como ya advertía desde el inicio, con el inevitable destino de erigirse como una “cronista de escándalos”.

Más allá de su inmediato referente japonés, Gladis Monogatari es un gran canto lírico, entretejido por un autor con un soberbio manejo del lenguaje que le permite recrear un universo de sonoridades e imágenes donde los sentidos se entremezclan, se confunden y flotan en el más profundo océano de las palabras. Son los significados, pero también son las otras acepciones, las que parecen adecuarse a una palabra pero al interior de una oración engañosa. Así como en el texto citado se afirmaba que “el resto es del lector, tribulación”, creo que el encuentro con Gladis Monogatari es, a fin de cuentas, sí una tribulación, pero afortunada.

Dejo el siguiente fragmento de lo mucho que es Gladis:

“Gladis luego de la injusta muerte de Antoñito el camborio”

¡Ay, Gladis sin Antoñito, indigna Guardia Civil te apresa por cortesana cerca del Guadalquivir! Pero tu guante es de seda, tus tacones de marfil, y tu tío es un hidalgo pariente del Mío Cid. Mío es tu himen que guardas en cajita de carey, hasta que mis mil cuchillos se hundan en tu estrecha ley de bereber doncella escondida en un vergel. ¡Ay, Gladis, dime que amas estos aretes de sol forjados con las medallas de un conquistado mongol! Mira en mis manos alhajas, mira en mi cuello aldabones que les arranqué a las arcas de bergantines bribones. Mira cómo entre mis manos corre el oro de las Indias y entre mis brazos abrazo toros que lidié en Sicilia, bisontes de rojo cuello cazados en Altamira, jabalíes de la pampa y serpientes de la India. Pero Gladis enceldada con dieciocho policías ni mira ni oye nada más que cananas e insignias, y piensa en la virgen santa y en san José y en su tía que guardó hasta menopausia el hilo con que tejía su propia cárcel de amores negados en las vendimias. Y entonces abre sus muslos, se acojina en sus heridas, suelta amarras, surca puertos, explayándose cual ría contra los cardos lodosos y las caras de lejía chorreando sosa entre caústicas carcajadas de jauría. ¡Ay, Gladis, ningún Camborio, ni Antoñito ni sus crías, habrían hecho de ti hembra tan enardecida! Roja comuna de semen entre tus piernas corría. Nada será ya lo mismo después de tal ordalía, luego de tanto improperio que hasta Vulcano se indigna y arrolla en su lava burgos y anega comisarías matando a cabos y a cúspides más altas en jerarquía. La niña mira la escena trenzando sus tres costillas rotas por la soldadesca que se encaramó en su sima. Mira la piel de sus glúteos avejentados cual lija y sus catorce pezones como loba sin sus crías. Y sale al aire del pueblo, al rencor de Andalucía, con la mirada bien alta y las piernas extendidas. ¡Ay, Gladis, haz con tu acero hijos guerreros de fuego, vengadores justicieros, ninja y ántrax en los pelos de canes como el Cerbero! Pero Gladis ya no oye ni llamas queman sus dedos. Agraciada en ese aire de panderos y apareos, de hosannas y lozanías, de azulados solideos, va trepando los cielos con cascos de yegua en celo.

Sosa, Víctor. Gladis Monogatari. México: FCE; Conaculta, 2014.


Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s