Inútil es el libro

Armonía de la naturalezaQuería escribir una nota sencilla y por completo ajena a las múltiples grietas que resquebrajan a este país desde lo más profundo. Quería colocar la atención y la mirada en un punto que diera la espalda al caos inminente, a la frustración y a las dolencias que muchos enfrentamos en el diario intento por sobrevivir sin quedarnos en silencio. Quería guardar distancia, pero no pude. Tampoco pude nombrar la tragedia ni sumarme a los discursos de protesta. Lo único que conseguí fue armarme de palabras y recurrir al libro que guarda la memoria de lo que somos y que, en estos tiempos de desasosiego, ofrece un descanso y un sentido.

“A un palmo de mí, estás tú. A un palmo de ti, está él. A un palmo de él, estábamos nosotros”, decía un sabio.

Generosidad de lo invisible.

Nuestra gratitud es infinita.

El criterio es la hospitalidad (13).

Las palabras del sabio surgen vibrantes y con una voz milenaria. En El libro de la hospitalidad de Edmond Jabès el sabio interviene como una brisa pausada, casi invisible pero reconfortante. El libro en sí habla a ratos del pueblo judío, del exilio, de las confrontaciones, del racismo, la violencia, la muerte. Habla en especial sobre la condición humana en varias de sus facetas, desde la más estúpida hasta la más sublime. Entre las bajezas humanas destaca la eterna tendencia a enfatizar las diferencias, a distinguirnos del otro/de los otros, y en nombre de esto aniquilarnos:

Excluir es, en cierto modo, excluirse a sí mismo. La negación de la diferencia conduce a la negación del prójimo. ¿Olvidamos acaso que decir “Yo” es, ya, decir la diferencia? (51)

Y el sabio dijo: “¿Acaso no has reparado en ello? Siempre es en nombre de algún dios –o de una idea– de justicia y de bondad que uno asesina, olvidando que al sacrificar a un hombre inocente, se derriba, al mismo tiempo, dios e idea” (63)

¿Qué odio profundo nos escinde y nos condena? ¿De dónde surge la idea, la convicción, de que el poder en nombre del cual asesinamos es superior al poder de estar en paz? “Lo que, a diario, nos mata –decía un sabio– no es la muerte sino la vida envilecedora. Envilecida” (141).

El odio es un cercado.

Red de alambre de púas.

Palabra por palabra.

Pared a pared.

“El sabio –decía– es quien ha escalado todos los grados de la tolerancia y descubierto que la fraternidad tiene una mirada y la hospitalidad, una mano” (21).

Por fortuna, en el libro no se imponen los estadios más mezquinos de la humanidad, sino los más luminosos, los más hospitalarios. Pensar en las palabras de Jabès es recordar que así como existe (dicen) una predisposición a la violencia y a la negación del otro, también hay una voluntad de reconocimiento en el rostro ajeno:

Yo no sé quién eres –decía un sabio– pero sé que a mí te pareces (41).

Sin embargo, no es por tu semejanza conmigo que tienes un lugar en mi corazón sino porque no tienes, todavía, para mí, nombre alguno (43)

La hospitalidad, vista así, es reconocimiento, voluntad de nombrar y hacer sitio a los demás, una aceptación sencilla y espontánea, sin intereses de por medio ni compromisos.

La responsabilidad enajena. La hospitalidad, aligera.

Acoger al otro por su sola presencia, a nombre de su propia existencia, únicamente por lo que él representa.

Por lo que es (29).

Aunque en estos momentos El libro de la hospitalidad suene a utopía e incluso a despropósito, no dejan de resonar en él las raíces de lo que como individuos nos hace semejantes y por lo mismo, parte de una misma historia: “Toda patria nunca es sino ínfima parte de un sueño común” (35).

La invitación no es, de ninguna manera, a establecer alianzas explícitas, a manifestarse a favor o en contra de algún grupo, ni siquiera a solidarizarse con las causas más justas o las que exijan la restauración de nuestros derechos. Creo que se trata más bien de hacer memoria, sencillamente de recordar qué somos e intentar en plena adversidad, en medio del caos, la violencia, el abuso, la rabia, la indignación, hacer efectiva esa identificación con el otro.

Sigue sonando a utopía, a despropósito aplastado por la ira irreprimible de lo que a diario acontece. Sin embargo, como dije al principio, lo único que conseguí fue armarme de palabras y de un autor muy particular que no puede sino comenzar su texto afirmando que “inútil es el libro cuando la palabra carece de esperanza” (9).

Bibliografía

Jabès, Edmond. El libro de la hospitalidad. Trad. Françoise Roy. México: ALDVS, 2002.

Imagen: “Armonía de la naturaleza” de Trinidad Romero en http://trinidadromero.blogspot.mx/2013/04/armonia-de-la-naturaleza-ultima-entrada.html


Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s