Para estudiar textos raros: tres cuestiones sobre escritos poco literarios

Fragmento del Manuscrito Voynich
Fragmento del Manuscrito Voynich

En esta ocasión me gustaría compartir tres cuestiones que, desde mi perspectiva, podrían ser de utilidad para quienes, como yo, pretendan estudiar escritos narrativos hispanoamericanos “raros” o “poco literarios”. En esta nota me limitaré a los escritos “poco literarios” de los virreinatos americanos. Me refiero a esos que suelen calificarse de novelescos, “casi novelas”, novelas coloniales o primeras novelas hispanoamericanas. Me interesan porque son un corpus que todavía exige investigaciones que arrojen nueva luz sobre ellos, y esperan la elaboración de un andamiaje conceptual más apto para su estudio. La gran mayoría de las teorías de los siglos XX y XXI son incapaces de dar cuenta de su valor artístico o literario.

La primera cuestión es la necesidad de analizar los ejes espaciotemporales de esos escritos, y de todos los demás escritos literarios, desde una perspectiva que posibilite la evaluación estética. La representación del tiempo (temporalidad) y del espacio (espacialidad) tiene una enorme significación en la literatura. El eje espaciotemporal es fundamental para construir relatos narrativos, dentro y fuera del ámbito literario, así como para decir algo sobre la historicidad radical del ser humano, sobre nuestra propia condición histórica, como sostiene Ricoeur. Dada la relevancia de la temporalidad y la espacialidad, es necesario estudiarlas, pero no desde una concepción retoricista o teoricista (estructuralismo, semiótica, narratología, neorretórica, etc.), ceñida al análisis descriptivo de la espacialidad y la temporalidad de los relatos, ni tampoco desde una concepción historicista, que atesora datos y tiende a concebir el tiempo y el espacio como fenómenos abstractos. En mi opinión, el pensamiento estético ofrece una alternativa provechosa al retoricismo y al historicismo.

La segunda cuestión es la importancia de ubicar, a contracorriente del proceder habitual, en el centro de las reflexiones sobre esos escritos el estudio de los géneros, procurando siempre distinguir los géneros de la cultura (primarios y secundarios) de los artístico-literarios, y prestando especial atención a lo que ocurre en la zona de contacto entre ellos (frontera estética). Me atrevería a afirmar que buena parte de los textos virreinales incluidos en el corpus de “crónicas de Indias” y en el de las “primeras novelas” hispanoamericanas son géneros forenses que se organizan al modo de algún género artístico-literario; es decir, son géneros cuasiartísticos que contribuyen al desarrollo, la consolidación y la actualización de los géneros artístico-literarios. Por eso, me parece imprescindible estudiar cómo se han dado las relaciones entre estos tipos de géneros a lo largo de los siglos. La estetización de los géneros forenses es un fenómeno que no ha recibido la atención que merece.

La tercera cuestión es que en esa frontera estética también se dan los contactos entre seriedad y risa. Hace falta justipreciar el enorme provecho de pensar la risa en la literatura, no como un asunto puramente textual o de estilo, sino como una manifestación artística de la dimensión alegre, libre e igualitaria del mundo. La risa artística tiene el potencial de colocar su imagen y su palabra en una relación específica con la realidad, con los valores del mundo. La fuerza vivificante, transformadora y esperanzadora de su visión de mundo debilita o relativiza la visión de mundo propuesta por las estéticas de la seriedad, que aspiran a legitimar, en mayor o menor medida, la imagen de un mundo desigual, jerárquico.

Con esta última afirmación no pretendo sugerir que debamos privilegiar las estéticas de la risa por encima de las estéticas serias. Pienso que valorar unas por encima de las otras, sean cuales fueren las sobrevaluadas, conlleva el peligro de comprender mal la dimensión estética de la literatura. Las estéticas de la seriedad y las de la risa forman parte de nuestro mundo y, por ende, de los mundos de arte verbal, pero no como reflejo o copia pasiva de aquél. En la base de la literatura no está la reproducción acrítica, mecánica, de modelos preexistentes, ya dados; en su base está la imaginación, entendida como la libertad o la facultad de crear, a partir de la realidad, imágenes significativas para sintetizar y redescribir el mundo, para forjar nuevos esquemas para conocer la experiencia de ser humanos, de ser criaturas temporales, históricas, y transmitir y compartir esa experiencia con otras épocas y otras culturas.


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