El Paraíso está adelante

???????????????????????????????Hablar una lengua, queramos o no, nos inserta en el devenir de lo que ese lenguaje es, ha sido y será a través de sus hablantes. Y más que en ese devenir histórico, nos identifica con un modo de constituirnos como individuos, pues son las palabras de nuestra lengua particular las que empleamos para nombrarnos, caracterizarnos e intentar definirnos frente a los otros y para nosotros mismos. Así como uno es lo que recuerda de sí, uno es también el lenguaje y las palabras de que dispone para contar su historia.

El color del tiempo. Poemas completos de Clarisse Nicoïdski (1938-1996) es una entrañable muestra de lo anterior. Escritos en sefardí y no en el francés habitual para la autora, los poemas incluidos en este volumen revelan la importancia del seguir expresándose en ese español antiguo:

“En esta lingua se hallaban el amor de mi madre, nuestra complicidad y nuestras risas.

Asi me atreví a escribir estos poemas para que quede la empresa de su voz. Cada vez que terminé un libro en francés me dediqué a escribir en muestru spaniol algo como un canto.

No se nada de religión, o cerca nada, ma quisiera que estas palabras en la lingua perdida sean para ella, mi madre, como un kadish repetido a menudo” (13).

La sonoridad de las palabras, el detalle guardado en las expresiones más sencillas, es lo que caracteriza este lejano y entrañable universo de Nicoïdski. Los poemas incluidos en “Los ojos Las manos La boca” (1978), refieren precisamente una historia de muertes, olvidos, felicidades y nostalgias, experimentados a través de la mirada, el tacto, los gritos, los silencios, las palabras. Ante todo, la memoria del cuerpo es la que procura guardar el pasado de un pueblo:

y cómo olvidaré

vuestros ojos perdidos

y cómo olvidaré

las noches

cuando los míos se cerraron

y los vuestros

se quedaron abiertos

cuando de espanto

se abrieron los de los muertos

para darnos esta luz

que nunca murió

di

cómo olvidaré (19).

A veces también son los episodios más turbios, los más dolorosos, los que pueblan estos poemas, todavía más contundentes por su brevedad:

tengo vidrio en la boca

por eso se abre

por eso

me río

hablo

y cuando el vidrio se adentra aún más

me parece oír

un jarro roto

tañendo

un canto de alegría olvidada (57).

Pero también está la nota dulce, el cuerpo que puede ser juego y espacio de comunión con los otros, como en estos poemas de “Los ojos” y “Las manos”, respectivamente:

cuéntame la historia

que camina en tus ojos

cuando los abres por la mañana

cuando el sol

entra con su aguja de luz

en tus sueños (25).

tus manos

supieron abrir la noche

mostrándome las estrellas

supieron calentar la nieve

tocando sólo las ventanas

supieron

sabrán

abrirme la tierra

arrancando la flor (41).

Una vez pasada esa larga historia de pérdidas, muertes, exilios y pequeños pactos como abrazos, vienen los “Caminos de palabras” (1980) con sus historias de amor sencillo, de un amor que nada tiene y nada ofrece, pero que está ahí con un silencio cómplice que sólo sucede entre los amantes:

esto

es sólo para ti para mí

no le diremos nada

nada a nadie

nos vamos a detener

bien quietos

como si no pasara nada

entre tú

y yo

¿y quién va a ver

mi mano

tu mano

mandarse un beso

que ni la boca ve

y quién va a oír

la loca mudez

de nuestro amor” (105).

En El color del tiempo. Poemas completos, Sexto Piso nos ofrece una edición bilingüe donde, además de conocer la propuesta poética de Nicoïdski, podemos adentrarnos en las texturas, sonoridades y matices del sefardí. Creo que el trabajo de traducción es mucho más que un trasladar los textos de un lenguaje al otro; creo que implica un compromiso genuino, una relación estrecha con el decir y con las implicaciones históricas de cada lengua. Creo que en este volumen el trabajo de traducción de Ernesto Kavi es un trabajo de restauración a partir de una lengua que algunos consideran muerta y, sobre todo, un trabajo hecho con amor y esperanza. Dejo como muestra algunas palabras del traductor en su nota introductoria titulada “La dulzura perdida”:

La poesía es una forma de restaurar el tiempo. […]

Esto no es un libro, sino un camino de palabras hacia la memoria. No hay aquí una traducción, sino una lengua intacta, una lengua salvada del exilio, de la desmemoria y de la destrucción. Otro español, otro ritmo, otro latido, antes acallados, antes silenciados y perdidos, y que ahora vuelven a ser nuestros.

Cuando la paz, cuando la precaria felicidad, cuando los nudos de la armonía terminaron por deshacerse, cuando, en 1492, la comunidad judía fue expulsada de España, nos dispersamos por el mundo, en el Este de Europa, en el Norte de África, y en América. ¿Qué hubo después? La guerra, los asesinatos, el exterminio de hermosas civilizaciones, la colonización, y el español se manchó de devastación y de sangre. ¿Qué hubo antes? ¿Qué dulzura perdida hubo antes? He tratado de imaginarla en las palabras que componen estas páginas. Tal vez lo he logrado. Tal vez aún es posible atisbar, siglos después, toda la dulzura acallada por la historia; tal vez, al leer estos poemas, logremos restaurar el color del tiempo. ¿Qué habrá después? No lo sé. Quiero creer que el Paraíso perdido no quedó atrás. Está adelante. (9-10).

Nicoïdski, Clarisse. El color del tiempo. Poemas completos. Ed., y trad., Ernesto Kavi. Madrid: Sexto Piso, 2014.


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