El concepto de utopía en la obra de Juan José Arreola (Segunda parte)

adán y evaPreocupado por desnudar los valores de la cultura imperante, Arreola atrae un acervo que le ayuda a sustentar una lectura distinta de la mitología de Occidente. Vale la pena aclarar que esta lectura no se preocupa tanto por configurar individualidades, personajes e historias nuevas. A través de los arquetipos y de las figuras históricas, el autor muestra el absurdo y el agotamiento de los valores que sustentan la civilización contemporánea: “Como es posible y notorio, las mujeres transmiten la vida. Esa dolencia mortal. Después de luchar inútilmente con ella, no queda más recurso que volver a Orígenes y cortar por lo sano sobre un texto de Mateo[1]” (Arreola, Obras 198). En este relato titulado “Profilaxis”, la vida es una enfermedad mortal de la cual se debe proteger a las nuevas generaciones. La proposición paradójica, unión de vida y muerte, censura en apariencia a la mujer; sin embargo, la alusión a Orígenes —el Padre de la Iglesia que se autoemasculó— y la mención al texto bíblico de Mateo permiten vislumbrar una risa agazapada. En una mirada burlona hacia varias obras de las autoridades del pensamiento cristiano —“A Pacomio, que aisló focos de infección en monasterios inexpugnables. A Jerónimo, soñador de vírgenes que sólo parieran vírgenes. Salve usted de la vida a todos sus descendientes y únase a la tarea de purificación ambiental” (336)—, Arreola parodia la castidad promulgada por la Iglesia, la cual, a fin de cuentas, es una negación de la sexualidad y del carácter vital de la existencia.

En “Informe de Liberia” se presenta un acontecimiento increíble: los niños se rehúsan a nacer, los trabajos de parto no inician jamás y los infantes luchan extraordinariamente contra su llegada al mundo. Para contar la historia de esta rebelión de los niños, Arreola elige parodiar el discurso de los informes oficiales, el cual, al no configurar un personaje en específico, narra la historia de una colectividad en la que el lector puede sentirse incluido y que difumina los límites entre realidad y ficción. “Informe de Liberia” subvierte las formas tradicionales de la literatura, reorienta un discurso no artístico para develar que quizá no vivimos en el mejor de los mundos posibles. Liberia se convierte en la desesperanza humana y los infantes batallan por no romper el lazo que simboliza la unión con el todo.

Es de importancia reflexionar sobre la curiosa mención del psicoanálisis en “Informe de Liberia”: “los psicoanalistas son los únicos hombres de ciencia que han abierto la boca: atribuyen el fenómeno a una especie de histeria colectiva […] un psiquiatra afirma encantado de la vida que la rebelión de los nonatos, aparentemente sin causa, es una verdadera Cruzada de los niños contra las pruebas atómicas” (Arreola, 415). El texto recrea paródicamente varios conceptos culturales que, de una u otra manera, explican esa añoranza por retornar al seno materno, como las ideas de “la pulsión de muerte” freudiana y la imagen platónica de la unidad primigenia que albergaba los dos sexos.

Todo lo vivo muere y regresa a lo inorgánico, explica Freud en Más allá del principio del placer, porque “La meta de toda vida es la muerte. Y con igual fundamento: Lo inanimado era antes que lo animado” (Freud, 2526). La “pulsión de muerte”, advierte Freud excusándose por aún no poder sustentarla científicamente, tiene como precedente la idea platónica del andrógino, el cual indica que todo organismo se encamina a restablecer un estado anterior a la vida. El padre del psicoanálisis se pregunta si las pulsiones sexuales no son más que el anhelo de toda sustancia viva de reunirse con aquel todo de lo que fueron desgarrados. La hipótesis freudiana de la “pulsión de muerte” es, en palabras de Arreola[2], el impulso que “por encima del instinto de conservación nos hace desear la muerte: la necesidad de ser depositados en el seno de la Tierra” (Carballo, 571); por esto el amor es, según el autor mexicano, un símbolo del regreso a la gran madre, “el amor viene a ser una metáfora de la muerte, porque en una y otra situaciones nos sepultamos” (571).

La “pulsión de muerte” también representa la energía destructiva que existe en el ser humano, la cual, en vez de dirigir hacia al placer o bienestar, hace actuar al hombre de manera agresiva hacia sí mismo y hacia el exterior. En “Informe de Liberia”, se presenta una situación que caricaturiza todos los elementos de este concepto freudiano —la añoranza de la unidad primigenia; la ruptura entre hombre y mujer; la relación entre muerte y nacimiento—, incluyendo la fuerza destructiva de la humanidad, que encuentra una explicación en esta teoría psicoanalítica.

Arreola logró, a través de un cuidadoso tratamiento estético, incorporar discursos no literarios a su escritura como los partes de guerra o los instructivos[3]; su obra captó una diversidad de lenguajes, tonos y visiones de mundo que al confrontarse entre sí mueven los cimientos de la cultura. Preocupado por el destino de la humanidad, el escritor advirtió la necesidad de subordinar el espíritu, es decir, respetar la vida y hacer que el hombre recupere su “estatura natural”. Como si se viviera el final de los tiempos, varios de sus relatos presentan situaciones imposibles y apocalípticas que develan un urgente llamado para cambiar el estado de cosas; de otra manera, parece advertir, el futuro humano es muy incierto.

arreolaPara Arreola, es menester conciliar el universo masculino y femenino. Más allá de las relaciones amorosas, al escritor le preocupa entender la mitología desde otra perspectiva, por eso afirma, y lo hace con vehemencia, que la humanidad fue creada antes de Adán y Eva, basándose en la imagen fraterna del andrógino y en el periodo matriarcal. Sin tornarse dogmático, Arreola muestra el desgaste de los valores y apunta un posible camino, más fraternal y lleno de contrapuntos, donde la vida y el sentido festivo de ésta es celebrado. “Alarma para el año 2000” lo dice explícitamente: “¡Cuidado! Cada hombre es una bomba a punto de estallar. Tal vez la amada hace explosión en brazos de su amante… Tal vez… Ya nadie puede ser vejado ni aprehendido. Todos se niegan a combatir. En los más apartados rincones de la tierra resuena el estrépito de los últimos descontentos” (430). Ante esta situación, explica el narrador, “No hay más remedio que amarnos apasionadamente los unos a los otros” (430).

 

Bibliografía

Arreola, Juan José. Obras Ant. y Pról. Saúl Yurkievich, México: Fondo de Cultura Económica, 1995.

Bajtín, Mijail. La cultura popular en la Edad Media y en el Renacimiento. El contexto de François Rabelais, traducción de Julio Forcat y César Conroy, Madrid: Alianza, 1988.

Teoría y estética de la novela: trabajos de investigación, Traducción de H.S. Kriúkova y Vicente Cazcarra, Madrid: Taurus, 1989.

Beltrán, Luis. La imaginación literaria. La seriedad y la risa en la literatura occidental, España: Montesinos, 2002.

Carballo, Emmanuel. Protagonistas de la literatura mexicana. México: Alfaguara, 2005.

Freud, Sigmund. Obras completas. Tomo III (1916-1938) [1945], traducción de Luis López-Ballesteros y de Torres, Madrid: Biblioteca Nueva, 1972.

García Gibert, Javier. Sobre el viejo humanismo. Exposición y defensa de una tradición. Madrid: Marcial Pons, 2010.

Mora, Carmen de. “El dilema, la inversión retórica y la Chria. Tres aproximaciones retóricas a las minificciones de Arreola”, Francisca Noguerol Jiménez (ed.), Escritos disconformes: nuevos modelos de lectura, Salamanca: Universidad de Salamanca, 2004, pp. 225-240.

Munguía, Martha. “De la hostilidad a la exaltación: valoraciones históricas de la risa. Resonancias éticas y estéticas”, Claudia Gidi y Martha Elena Munguía (Coord.), La risa: luces y sombras. Estudios disciplinarios, México: Bonilla Artigas Editores/ Universidad Veracruzana, 2012.

Paso, Fernando del. Memoria y olvido. Vida de Juan José Arreola (1920-1947), México: FCE, 2003.

Pellicer, Rosa. “La con-fabulación de Juan José Arreola”, Revista Iberoamericana, 159, 1992, pp. 539-555.

Pico della Mirandola, Giovanni. Discurso sobre la dignidad del hombre. México: UNAM, 2004.

Romo Feito, Fernando. “La risa en Mijail Bajtín como hermenéutica”, Claudia Gidi y Martha Elena Munguía (Coord.), La risa: luces y sombras. Estudios disciplinarios, México: Bonilla Artigas Editores/ Universid

[1] Según la estudiosa Carmen de Mora, el texto de Mateo al cual se refiere el escritor mexicano es: “Si tu mano o tu pie te escandaliza, córtatelo y échalo de ti; que mejor te es entrar en la vida manco o cojo que con manos o pies ser arrojado al fuego eterno” (Mora, 231). Asimismo, de Mora aclara las otras referencias de “Profilaxis”: “Pacomio fue el fundador del cenobitismo”; “Jerónimo fundó un círculo de damas cristianas a las que incitó a la vida ascética.” (231)

[2] Existen diversos testimonios orales en los que Arreola aclaró elementos de su proyecto artístico. Entre las entrevistas notables se encuentran las realizadas por Emmanuel Carballo, uno de los primeros críticos que reivindicó la narrativa de este autor, y el escritor Fernando del Paso, amanuense de Memoria y Olvido. Vida de Juan José Arreola. También resaltan los libros Y ahora, la mujer y La palabra educación, colección de sentencias pronunciadas por Arreola en charlas, mesas redondas, talleres literarios y pláticas informales, recopiladas por Jorge Arturo Ojeda.

Arreola fue creador de diversos talleres literarios, ajedrecista, editor, profesor, actor, promotor cultural, declamador y hasta conductor de televisión; todas estas actividades le permitieron llegar a un público de lo más variado y extenso que aún le recuerda. Por esta razón, es posible encontrar infinidad de anécdotas sobre el autor, quien fue un humanista en todo los sentidos, y cuyos afanes le granjearon un espacio en la memoria no solo de la crítica especializada.

[3] Un ejemplo de estilización es “Para entrar al jardín”, escrito a manera de instructivo: “Tome en sus brazos a la mujer amada y extiéndala con un rodillo sobre la cama, después de amasarla perfectamente con besos y caricias. No deje parte alguna sin humedecer, palpar ni olfatear” (184). El relato breve “Armisticio” emula el discurso de los partes de guerra: “Con fecha de hoy retiro de tu vida mis tropas de ocupación. Me desentiendo de todos los invasores en cuerpo y alma. Nos veremos las caras en la tierra de nadie. Allí donde un ángel señala desde lejos invitándonos a entrar: Se alquila paraíso en ruinas” (409).


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