“Cantar de espejos…”

CANTAR.portada_0001Al terminar mi primera lectura de los poemas incluidos en Cantar de espejos. Poesía testimonial chicana de mujeres, editado por Claire Joysmith, se cuajó en mi mente la imagen de la mujer chicana como una figura azarosa semejante a los cisnes de un poema de Jorge Esquinca (Descripción de un brillo azul cobalto):

Cisnes sin corona

entre la tierra calcinada

y el mar adivinado

monedas al aire de no saber

viajamos entre azoro y hastío

con una casa rota en la memoria.

Como una moneda siempre al aire, suspendida encima de múltiples fronteras, sin saber del todo de qué lado caerá -si es que se inclina hacia algún lado-, la poesía de estas mujeres se me presenta todavía más compleja al mirarla desde mi contexto actual. Si en primera instancia pudiera percibirse como un tipo de poesía quizás ajeno, o por lo menos lejano, a los referentes de esta península situada en el extremo opuesto del país; lo cierto es que la escritura chicana se desplaza por los mismos espacios simbólicos que a todos, en algún momento, nos son caros: el de la identidad y la memoria.

Para referir quiénes somos en el aquí y el ahora, es necesario remontarnos no sólo a nuestra historia personal, sino también a la del grupo o comunidad al que ya sea por elección o por destino, pertenecemos. Del mismo modo, lo asumamos o no, significa marcar pautas, perfilar rutas, por las cuales habrá de transitar nuestro futuro y el de nuestra gente. Los poemas incluidos en Cantar de espejos… discurren precisamente por estos laberintos memorísticos, donde la historia individual es parte de una comunidad en la medida en que apela y se nutre de mitos prehispánicos, geografías, episodios y figuras históricas del país, de nuestro país; al mismo tiempo que expresa una condición contemporánea signada por el exilio, la discriminación, las diferencias, pero también las similitudes, las esperanzas y los encuentros afortunados que miran hacia un mejor futuro.

Así, la poesía contenida en estas páginas se ve poblada de Fridas, Coatlicues, Aztlanes, Lloronas, Malinches, Marías; de desiertos, de ríos, de sitios de aquí y de allá que se recuerdan con nostalgia porque ya no nos pertenecen o porque han dejado de pertenecernos. Están también los recuerdos que se entremezclan con episodios de la infancia, con un presente a veces hostil o lleno de incertidumbre; están las mezclas de colores, sabores y texturas particulares de uno al otro lado de la frontera. Tal vez por eso en un poema de Cherríe Moraga leemos “soy una chica blanca vuelta morena al color de la sangre de mi madre hablando por ella” (118), porque la diversidad, lo heterogéneo, se lleva en la sangre y es parte de nuestra identidad.

Además de la memoria en la que se sintetiza este ser chicano, está la que aspira a la trascendencia; por ejemplo, en el poema “Marcada” de Carmen Tafolla (traducido por Claire Joysmith), se deja constancia de la importancia de la escritura, de la importancia de hacer estos poemas para permanecer a través del tiempo:

Nunca escribas a lápiz,

m’ija.

Eso es para aquéllas

dispuestas

a borrar.

Deja tu marca orgullosa

y abierta,

Valiente,

la belleza envuelta en

su imperfección,

Como una pieza turquesa

marcada.

Nunca escribas

a lápiz,

m’ija.

Escribe con tinta

o lodo,

o moras sembradas en

jardines sin dueño,

o, a veces,

cuando sea necesario,

con sangre.

Creo que en muchos sentidos, acercarse a los poemas de Cantar de espejos es asistir a un testimonio que es uno y muchos a la vez. Un testimonio que implícitamente da cuenta de la historia de un pueblo que se encuentra unificado por líneas invisibles de una misma memoria y un lenguaje compartido a través del cual se exploran las muchas facetas de un larguísimo exilio que poco a poco se ha apropiado de las palabras de los otros para nombrarse a sí. El sentido de lo testimonial viene a dar cuenta de un amplio espectro de referentes y posibilidades en el recuerdo de quienes viven tendiendo puentes, no sólo de un lado a otro de la frontera, sino de un lado a otro de todas las fronteras imaginables, sin importar el azar de ser monedas al aire, pues la casa rota que habita en la memoria es el sitio más genuino al cual llamar hogar.

Cantar de espejos… se presentará mañana martes 17 de marzo a las 12:00 hrs. en la Universidad Modelo. Los comentarios correrán a cargo de Fernando de la Cruz, Karla Marrufo y la editora, y habrá lectura de poemas por parte de los alumnos en Lengua y literatura modernas.

Joysmith, Claire. Cantar de espejos. Poesía testimonial chicana de mujeres. México: UNAM; Universidad del Claustro de Sor Juana, 2014.


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