El amor que se reinventa

A lo largo de los siglos el amor ha poblado incontables páginas de la historia literaria. Y más que el amor, diría el desamor o su imposibilidad, su interrupción o su final trágico. Si la celebración del amor se canta y vive en el mero instante de su plenitud, el amor no realizado permanece en la memoria de una manera un poco más obstinada, pues se repite y repite como una especie de conjuro, quizá para ver si redirige sus pasos hacia la consumación.

En medio de los recuerdos de infancia, el ámbito de lo onírico y una esperanza siempre vigente, el poemario Rõma de Susana Bautista, nos trae la historia de un amor que se reinventa a lo largo de varias facetas. Al principio, es una historia que inicia al modo de los cuentos infantiles, “Había una vez…”, pero poco a poco se transforma en un espacio habitado por múltiples recuerdos, añoranzas y, sobre todo, deseos. La niña cuya memoria se pone en juego, es también la persona adulta enamorada de la Mujer de Manos Suaves y Cuerpo Tibio, es quien atestigua la lluvia, la grisura de la tarde y el aleteo de un colibrí como expresiones de un paisaje interior: a veces tan triste como lleno de esperanza y vida. El amor que comienza con un beso es capaz, sin embargo de transformar ambos espacios, tanto el de la ciudad lluviosa y gris, como el interno:

El paisaje sonoro de esta noche es el callado beso de nuestros labios tímidos (7).

11078007_10203875413702293_461709334_nDespués de la alusión a la infancia, los poemas de Rõma van adquiriendo un tono más serio, enriquecido con referencias a una antiquísima tradición de textos líricos y de corte amoroso que fluctúan entre lo prehispánico (Nezahualcóyotl) y lo latino (Ovidio, Apuleyo, Petronio). Las palabras del amor deambulan ahora como personajes emblemáticos de historias aún vigentes después de muchos siglos: Cupido y Psique, Romeo y Julieta, el libro del amor es uno solo, pues cada historia viene sólo a prolongar un mismo asunto.

La Mujer de Manos Suave y Cuerpo Tibio habita el Libro Secreto de Mis Sueños: Ave Domina, amaturus te saluta. ‘Corcillium est quod omines facit, cetera quisquilia omnia’ (11).

El corazón es lo que hace al hombre, lo demás son cosas nimias, dice Petronio en estas líneas, sin embargo, en medio de las nimiedades el amor se ha ido diluyendo, como si la persistencia de la lluvia se estuviera llevando consigo.

Al final, el amor permanece flotando en medio de una incertidumbre que no sabe si la Mujer de Manos Suaves y Cuerpo Tibio ha sido real o no, si la fabulación surge de la memoria o del ensueño; al final lo que importa es que en esta ciudad el amor de algún modo ha llegado a ser y por eso se celebra y se reinventa.


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