Los adagios de Erasmo de Rotterdam

erasmo_de_rotterdamA decir de Horacio, el docente debe preferir la brevedad. Erasmo de Rotterdam siguió esta exigencia y escribió un conciso tratado en el que desarrolló su teoría sobre los proverbios bajo el título de los Prolegómenos, un texto que inaugura su obra Adagiorum chiliades (Millares de adagios), en donde el autor renacentista recopiló enunciados de autoridades como Plutarco, Diógenes Laercio, Platón, Aristóteles, Cicerón, Luciano, Tito Livio, Aulo Gelio, Virgilio, Horacio, Terencio, San Jerónimo.

Dividido en 14 catorce secciones, en los Prolegómenos Erasmo advierte lo que entiende por adagio, señala la relación de este género con otros enunciados sapienciales, aconseja cómo utilizarlos y menciona otras cuestiones relacionadas con los proverbios.

El adagio, según Erasmo, resguarda sencillas reglas o principios que pueden ser una guía para el buen vivir o, si se usan “en el momento adecuado”, pueden dignificar y embellecer el discurso (85). Emparentados con los gnomai o sentencias, los ainoi o apólogos, los apotegmata o dichos breves e ingeniosos, y los skommata o expresiones equívocas (73), los adagios o los proverbios —reliquias de aquella ancestral filosofía”, que se “habrían salvado en parte por su brevedad y concisión, en parte por su buen humor y por su ingeniosidad” (80)—, son dichos ampliamente conocidos que se distinguen “por cierta ingeniosa originalidad” (69).

En el libro Adagiorum chiliades Erasmo recopiló, con la finalidad de utilizarlos en su clases de retórica, más de cuatro mil adagios, esos enunciados que van y vienen “por todas partes en boca de los hombres”(69), como el que advierte que “de mal cuervo mal huevo” o “es sabio el discípulo del sabio”. Aunque algunos pueden “considerarla demasiado humilde además de facilona y casi pueril” (76), la rama del saber a la que pertenecen los proverbios no debe tomarse a la ligera, pues estos enunciados son vestigio de la más antigua filosofía y tienen gran utilidad “cuando se emplean inteligentemente en el lugar apropiado” (76). A manera de invitación a leer los Prolegómenos, recojo algunos de los proverbios que el autor de Elogio de la locura guardó para la posteridad:

“Porque no se puede ser selecto cuando se persigue la cantidad”; “Jamás hagas un favor a un viejo”: “Las cosas son comunes entre amigos”; “Es preferible recibir una injuria que infligirla”; “Porque no hay árbol bueno que dé fruta podrida, ni hay árbol podrido que dé fruta buena”; “Conócete a ti mismo”; “quien no es dueño de sí mismo quiere adueñarse de Samos”; “si eres un tonto, actúas como un sabio, mas si eres sabio, te portas como tonto”; “la verdad está en el vino”; “Ni el mismo Júpiter puede a todos juntos complacer, tanto si envía la lluvia como si la impide caer”.

Erasmo. Adagios del poder y de la guerra y Teoría del adagio. Ramón Puig de la Bellacasa (ed.). Madrid: Alianza Editorial, 2008.


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