Sobre Rama y la transculturación narrativa

transculturacionInjértese en nuestras repúblicas el mundo; pero el tronco ha de ser el de nuestras repúblicas.

José Martí

 

I

A casi tres décadas de su muerte, ocurrida en 1983, Ángel Rama sigue siendo una de las figuras más originales en el panorama de la crítica y la teoría literaria latinoamericanas. Lector voraz inclinado a la sistematización desde muy joven, su vida transcurrió siempre en contacto con dos de sus grandes pasiones: la literatura y el estudio de la expresión de América Latina. Lo primero se constata en un reportaje que El Universal de Caracas publicó en julio de 1978, en donde Rama sintetizó en estos términos el despertar de su vocación como lector y crítico literario:

Desde mi infancia, leer ha sido para mí una especie de felicidad privada para la que apenas han existido algunos sustitutos. Tena yo doce años cuando acudía a la Biblioteca Nacional a leer, y lo curioso es que las lecturas eran como jornadas de trabajo. Durante horas leía lo que entonces, en mi adolescencia, eran los autores preferidos, la literatura española. Llevaba una especie de cuadernito en el que anotaba lo que leía: el nombre del autor, el tema del libro y el comentario personal (Blixen 1986, 11).

Lo segundo lo confirma Susana Zanetti en su artículo sobre el trayecto vital e intelectual de Rama. Zanetti recupera esta imagen del lector ávido aunque reflexivo, ponderado, haciéndola coincidir con las exploraciones teóricas emprendidas por el uruguayo:

Reacio al encandilamiento de las teorías literarias de moda y sin enrolarse francamente en ninguna de ellas, atento cada vez más a las posibilidades interpretativas que abren a sus indagaciones otras disciplinas, especialmente la antropología, se mantendrá fiel a un trabajo critico empeñado en una perspectiva totalizadora capaz de articular sistemáticamente las diversas experiencias literarias latinoamericanas en función de los vínculos que ellas guardan con los múltiples estratos sociales configuradores de las culturas continentales (1992, 919-920).

El desafío elegido por Rama desde el arranque de su labor intelectual fue la construcción de una literatura latinoamericana y, desde algún punto más menos identificable de su trayecto, que enseguida señalaré, también lo fue la realización de Latinoamérica en cuanto tal.

En La novela en América Latina. Panoramas 1920-1980 (1982), uno de los últimos libros de Rama, dice: “Ocurre que si el crítico no construye las obras, sí construye la literatura, entendida como un corpus orgánico en que se expresa una cultura, una nación, el pueblo de un continente, pues la misma América Latina sigue siendo un proyecto intelectual vanguardista que espera su realización concreta” (1982, 15-16). Se trata, entonces, de un esfuerzo por definir la fisonomía general de Latinoamérica y de su expresión literaria. Y en un escrito titulado “Uruguay: la generación crítica (1939-1969)”, Rama describe los vericuetos que, estando a cargo de la sección literaria del semanario Marcha, lo indujeron a mirar la tarea del crítico desde una perspectiva nueva:

a mí me correspondió reinsertar la literatura dentro de la estructura general de la cultura, lo que fatalmente me llevó a un asentamiento en lo histórico y a operar métodos sociológicos que permitieran elaborar la totalidad, reconvertir el crítico al proceso evolutivo de las letras comprometiéndolo en las demandas de una sociedad y situar el interés sobre los escritores de la comunidad latinoamericana, en sustitución de la preocupación de las letras europeas. Fue también la lección del tiempo porque la revolución cubana, la apertura del nuevo marxismo, el desarrollo de las ciencias de la cultura, las urgencias de la hora, marcaban nuevos derroteros… (1985, 231).

Ahora, Rama le concede un lugar preeminente en su programa y su método a la crítica literaria, pero debe notarse que ésta no es una crítica cualquiera, sino una enteramente fundada en la investigación, como lo observa Nelson Osorio:

Para el modo como entendía Rama la crítica, la investigación no es una actividad independiente sino que forma parte sustancial y constituye el basamento de su ejercicio; y la resolución ensayística no era sino la modalidad de discurso en que esta crítica organizaba los resultados de su investigación, para convertirse en transmisión más amplia y fertilizadora (1984, 24).

Así, desde la óptica de Rama, la actividad crítica entrañaba siempre un sentido creador, renovador, audaz, y tenía licencia abierta para aprovechar los beneficios del ensayo. En palabras del catedrático Juan Guillermo Gómez: en éste Rama no sólo encuentra “un género, sino la manifestación particular de una cultura crítica, de su propia caracterización textual” (1985, 239).

Cierro este segmento con una cita de Tomás Eloy Martínez a propósito de la “heterodoxia” de Rama y su pasión por la crítica:

en la crítica encontraba una sensualidad (Barthes hablaría de “placer”) que alcanzaba su mejor nivel en los combates cuerpo a cuerpo: cuando era preciso refutar una idea, contestar a un desafío.

Si se observan esas operaciones en detalle, algunos leitmotiv saldrán de inmediato al encuentro de quienes leen. Porque en la obra de Rama, como en la de todo creador, hay constantes, obsesiones, estribillos que pasan de un texto a otro. Uno de los más notables es la refutación de las idées reçues, de esos lugares comunes consagrados como verdad por una larguísima tradición crítica. A la inversa de la mayoría de sus colegas, que parten de un cliché indiscutido y organizan sus reflexiones en tomo a él, el rechazo del lugar común es en Rama la consecuencia lógica del hilo de pensamiento que van siguiendo sus artículos. Elegir una vía no convencional desemboca, por fuerza, en postulados que tampoco son convencionales (1985, XXXIV).

 

II

En Transculturación narrativa en América Latina, publicado en 1982, Rama pone en juego, adecua y enriquece algunas de las categorías propuestas cuarenta años antes por Fernando Ortiz en su célebre ensayo Contrapunteo cubano del tabaco y el azúcar: desculturación, inculturación, transculturación y neoculturación. De entre ellas, la de transculturación le servirá como eje. Sin embargo, Rama no recupera de forma pasiva esta categoría, sino que expone su insuficiencia para dar cuenta de los criterios de selectividad e invención que “deben ser obligadamente postulados en todos los casos de `plasticidad cultural´, dado que ese estado certifica la energía y la creatividad de una comunidad cultural” (45).

Asimilando la categoría de transculturación, Rama la traslada al campo literario y la redondea con aportaciones propias, como el de “ciudad letrada”, también fundamental en la obra que nos ocupa; con las de otros antropólogos, como George M. Foster, de quien retoma las nociones de “selección” y “despojo” (“stripping down process”); y las de otros más, como los del filólogo Ángel Rosenblat en cuanto a la lengua y los lenguajes literarios, o los de José Luis Romero sobre la “ciudad ideológica”, etc. Atendiendo a este rico caudal de fuentes y al juicio con que los mezcla, Zanetti afirma:

Si revisamos las transformaciones que Ángel Rama opera con los materiales teóricos y la libertad con que los compagina para su trabajo critico —en ese constante diálogo que nutre las respuestas a sus interrogantes: el aporte extranjero y el propio de América Latina— creo que le cabe la denominaci6n de transculturador; que se lo puede incluir, para la producción critica, en ese eje productivo que elaboró y sustentó en su análisis de José María Arguedas, Rulfo o García Márquez, aunque es un parámetro que empieza a emerger en textos anteriores a los incluidos en Transculturación narrativa en América Latina y que impregna también sus últimos trabajos, La ciudad letrada, por ejemplo, en el que traza los lineamientos particulares de esa esfera propia, la de los intelectuales (1992, 920).

Por su parte, Gustavo Remedi destaca y valora las categorías espaciales empleadas por Rama para explicar la lógica dinamizadora de la producción cultural y su esfuerzo por captar la “estructura y mecánica espacial, la dialéctica espacial que pone en movimiento los procesos culturales” (1997, 97). Remedi llama la atención respecto a que

la transculturación, a la que con acierto recurre Rama, supone un conjunto de operaciones culturales en y a través del espacio. Primeramente, supone un agente cultural situado en un lugar x (centro, ciudad, villorrio) […], pero también habitante de una serie de otras zonas: comunidad, región, nación, continente, cultura europea o metropolitana, cultura universal (1997, 101).

En cuanto a las impugnaciones, se le ha objetado que adopte una posición ambigua frente a la modernidad y a la postmodernidad, lo cual para Brigitte Adriaensen no es necesariamente censurable:

Su tendencia a integrar ciertos elementos de ambos paradigmas, y a desechar otros (cf. el prefijo “counter”), se puede considerar como una puesta en práctica de la transculturación en el nivel teórico mismo. Efectivamente, el autor defiende una teoría híbrida, que integre los elementos más interesantes (siempre desde una óptica latinoamericanista) de ambas tendencias (1997, 62).

Sin embargo, en 1990, Neil Larsen caracterizaba la transculturación como “una suerte de hegemonía putativa, una estrategia de contención de los sectores subalternos por un Estado que se escamotea detrás de un esteticismo populista; en otras palabras, la transculturación sería una de las manifestaciones ideológicas de la modernidad periférica” (cit. Trigo 1997, 148).

Con más argumentos y menos saña, pese a su “irrestricto respeto por Ángel Rama”, Cornejo Polar cuestionó la potencia de la propuesta de Rama. En Mestizaje e hibridez: los riesgos de las metáforas asienta:

la idea de transculturación se ha convertido cada vez más en la cobertura más sofisticada de la categoría de mestizaje. Después de todo el símbolo del “ajiaco” de Fernando Ortiz que reasume Rama bien puede ser el emblema mayor de la falaz armonía en la que habría concluido un proceso múltiple de mixturación. Aclaro que en modo alguno desconozco las obvias o subterráneas relaciones que se dan entre los diversos estratos socio-culturales de América Latina; lo que objeto es la interpretación según la cual todo habría quedado armonizado dentro de espacios apacibles y amenos (y por cierto hechizos), de nuestra América (1997, 867-868).

Otros de las réplicas a Rama van en el sentido de que no siempre logra superar los antagonismos binarios que reúne. En El conflicto entre letra y voz y los límites de la representación, Edicsson Quitián Peña formula así el problema:

Dos problemas surgen de la noción de transculturación de Rama: por una parte, el conflicto voz/letra es desplazado por la falsa reconciliación de los heterogéneos en una nueva cultura transculturada que, a pesar del deseo de borrar las diferencias, no suprime la historia y la actualidad de este conflicto. Por otro lado, la transculturación presenta un problema de representación: al ser los letrados los encargados de efectuar la transculturación narrativa, a través de relatos literarios, históricos, políticos —así Arguedas incorpora la oralidad quechua a su literatura—; son ellos quienes ejercen el poder de hablar por y hablar de los subalternos, práctica que produce y reproduce condiciones de subordinación (Spivak). Rama queda atrapado dentro de su propio argumento, ya que si La ciudad letrada mostraba el saber-poder de la letra como un sistema efectivo de jerarquización social, de exclusión, la inclusión que opera la transculturación narrativa realizada por las élites letradas como forma de superar la herencia colonial, se realiza igualmente desde una posición de poder representacional: la vanguardia intelectual, dentro del propósito nacional que constituye su deseo, decide cómo van a ser incluidos los “sin voz”. Paradójicamente, quienes carecen de “vocería” son los grupos preferentemente orales (2007, 143).

Los detractores de Rama igual sugieren que su visión adolece de “cierto esencialismo cultural” debido a su marcada preferencia por el polo autóctono americano, interior, y su rechazo de la cultura de masas de los Estados Unidos; que presenta la cultura latinoamericana como “una sola cultura homogénea”; que tiende al “reduccionismo cultural” al circunscribir la acción transculturadora a la narrativa, en detrimento de otras formas culturales (cine, música, etc.) y aun de la poesía y el teatro.

Cierro este apartado con una de las más feroces críticas: Alberto Moreiras ve en la transculturación

una máquina de guerra, que se alimenta de la diferencia cultural, cuya principal función es la reducción de la posibilidad de heterogeneidad radical. La transculturación debe por lo tanto ser entendida como parte sistémica de la ideología o metafísica occidental, que todavía retiene un fuerte poder colonizante con respecto de campos simbólicos alternativos en el campo cultura (1997, 218-219).

 

III

Las contribuciones de Rama han dado muchos y variados frutos, y todavía son motivo de polémica o revisión. Hoy por hoy algunos incluso se aventuran a crear nuevos términos derivados de sus conceptos. Por ejemplo, en su libro De la Ciudad Letrada a la Ciudad Virtual, Álvaro Cuadra sostiene:

Si bien, la ciudad letrada ha sobrevivido durante casi todo el siglo XX, sea a través de la prensa periódica, de los partidos políticos o como burócratas y funcionarios asociados al Estado; diseñando y administrando nuestro modelo cultural; en la actualidad, su supervivencia está en riesgo. En efecto, los patrones culturales latinoamericanos anclados en la langue, está siendo transformados aceleradamente por un creciente impacto de medios que privilegian la parole y la imagen: nace un nuevo diseño cultural, la ciudad virtual (2002, 114).

Asimismo, en su tesis doctoral titulada La crítica cultural latinoamericana y la investigación educativa, publicada en 2009, Víctor F. González propone el término postransculturación para “referirnos a los recursos teóricos puestos en juego para dar cuenta de los más recientes procesos de intercambio y de permeabilidad (hibridez, postcolonialidad, mestizaje, etc.) entre culturas que tienen lugar en las sociedades latinoamericanas, y por análogas razones en las culturas de los pueblos del Caribe contemporáneo” (2009, 111).

Como se ve, el pensamiento por Rama, aunque problemático, es lo suficientemente fértil como para seguir rindiendo frutos.

 

 

Bibliografía

  • Adriaensen, Brigitte. “`Postcolonialismo postmoderno´ en América Latina: la posibilidad de una crítica radicalmente `heterogénea´”, Romaneske: driemaandelijks tijdschrift van de vereniging van Leuvense Romanisten, 24.2 (1999): 56-63.
  • Blixen, Carina y Álvaro Barros-Lémez. Cronología y bibliografía de Ángel Rama. Montevideo: Fundación Ángel Rama, 1986.
  • Cornejo Polar, Antonio. “Mestizaje e hibridez: los riesgos de las metáforas”, Revista Iberoamericana, 68.200 (2002): 867-870.
  • Cuadra, Álvaro. De la Ciudad Letrada a la Ciudad Virtual. Chile: LOM ediciones, 2003.
  • Gómez, Juan Guillermo. “Ángel Rama: de la cultura de la resistencia a la renovación de la crítica literaria en América Latina”, Argumentos 10-13 (1985): 225-246.
  • González, Víctor F. La crítica cultural latinoamericana y la investigación educativa. Caracas: Fundación Centro Nacional de Historia, 2009. (Col. Monografías)
  • Martínez, Tomás Eloy. “Ángel Rama o el placer de la crítica”, en La crítica de la cultura en América Latina. Sel. y pról. de Saúl Sosnowski y Tomás Eloy Martínez. Cronología y bibliografía de Fundación Internacional Ángel Rama. España: Biblioteca Ayacucho, 1985: XXV-XLI.
  • Moreiras, Alberto. “José María Arguedas y el fin de la transculturación”, Ángel Rama y los estudios latinoamericanos. Ed. Mabel Moraña. Pittsburg: Instituto Internacional de Literatura Iberoamericana, 1997: 213-231.
  • Osorio, Nelson. “Rama y el estudio comprehensivo de la literatura latinoamericana”, Texto crítico 31-32 (1985): 24-32.
  • Quitián Peña, Edicsson. “El conflicto entre letra y voz y los límites de la representación”, en Mundos En Disputa: Intervenciones en estudios culturales. Eds. María Teresa Garzón Martínez y Nydia Constanza Mendoza Romero. Bogotá: Pontificia Universidad Javieriana, 2007: 135-154.
  • Rama, Ángel. La novela en América Latina. Panorama 1920-1980. Bogotá: Instituto Colombiano de la Cultura, 1982.
  • ——–. “Uruguay: la generación crítica (1939-1969)”, en La crítica de la cultura en América Latina. Sel. y pról. de Saúl Sosnowski y Tomás Eloy Martínez. Cronología y bibliografía de Fundación Internacional Ángel Rama. España: Biblioteca Ayacucho, 1985: 217-240.
  • Remedi, Gustavo. “Ciudad letrada: Ángel Rama y la espacialización del análisis cultural”, Ángel Rama y los estudios latinoamericanos. Ed. Mabel Moraña. Pittsburg: Instituto Internacional de Literatura Iberoamericana, 1997: 97-122.
  • Trigo, Abril. “De la transculturación (a/en) lo transnacional”, Ángel Rama y los estudios latinoamericanos. Ed. Mabel Moraña. Pittsburg: Instituto Internacional de Literatura Iberoamericana, 1997: 147-172.
  • Zanetti, Susana. “Ángel Rama y la construcción de una literatura latinoamericana”, Revista iberoamericana 58.160-161 (1992): 919-932.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s