Escribir, leer, imaginar: la aventura de El libro salvaje

MrEn ocasiones, al sugerir un libro siento tanto nerviosismo como al presentar a dos personas que me importan. Por una extraña razón me haría feliz que se entendieran. La preocupación se acrecienta cuando es a mis alumnos más jóvenes a quienes les recomiendo una lectura; varias preguntas me atormentan en esas ocasiones: ¿y si este autor no les cae bien? ¿Y si estas cosas ya no les divierten a los niños? Afortunadamente, los he visto conmoverse, entusiasmarse, y he descubierto textos que casi siempre son infalibles (“La noche de la gallina”, de Francisco Tario, es mi hallazgo más reciente).

No quiero presumir, mas El libro salvaje, de Juan Villoro, representa una de esas victorias que me llevaré a la tumba. La obra me la recomendó una alumna, porque en ella se aluden varios escritos que habíamos leído en clase. Emocionada, mi estudiante me relató que en la novela se hablaba de cosas como los cronopios dulces, que provocan ilusiones, saben al azúcar de los tiempos futuros, y los cronopios salados, que traen recuerdos y saben a lágrimas, o de un espacio que, repleto de cucarachas, había sido bautizado como el “Territorio Samsa”.

Historia que explora los artificios del amor libresco, El libro salvaje inicia cuando Juan y Carmen, de 13 y 10 años respectivamente, están viviendo drásticos cambios familiares. Un sueño escarlata le presagia a Juan situaciones difíciles: no sólo el divorcio de sus padres es inminente y la tristeza de su madre se acrecienta, sino que además deberá pasar el verano lejos de casa con su excéntrico tío Tito.

Tras llegar a su residencia de verano, Juan pronto descubre que, aparte de Eufrosia —el ama de llaves— y tres gatos —uno negro llamado Obsidiana; otro blanco de nombre Marfil; el hijo de ambos, un minino blanco con manchas negras conocido como Dominó—, el tío Tito llevaba una vida muy solitaria, y había convertido su hogar en una biblioteca laberíntica; un santuario en donde incluso los platillos que ahí se cocinaban referían al mundo de los libros:

—Yo soy Eufrosia. El señor Tito no me avisó de tu llegada. Vive en las nubes, metido en sus libros. Tu tío es una nube con pantalones. ¿Qué quieres desayunar: omelette Homero, avena Aristófanes, cereal Cinco Musas o Sándwich isabelino?

Todo sonaba extrañísimo. Pregunté cómo era el omelette Homero.

—Se hace con los mejores huevos y los ojos cerrados. Luego le pones un poco de queso griego y se sirve bañado en aceite de oliva (Villoro, 39).

Salvo Todo sobre las arañas, que ya había leído y consideraba estupendo, a Juan los libros le tenían sin cuidado. Sin embargo, Tito pronto le advierte que está rodeado de un millón de volúmenes escurridizos que desaparecen de repente o cambian de sitio a voluntad, y que la biblioteca es una colección de almas, pues cada libro es un espíritu eterno, dormido “hasta que lo despierta un lector. Dentro vive la sombra de la persona que lo escribió” (208).

Tito además le revela un secreto importante a Juan: su acervo necesita de un lector prínceps, es decir, aquel capaz de domar El libro salvaje, una obra mágica que vive escondida entre los anaqueles, un libro jamás leído, que sólo revelará su historia a quien pueda atraparlo, a un lector de verdad.

Acompañado de Catalina —la chica de la que se enamora por primera vez—, Juan inicia una aventura en busca de El libro salvaje. En esta hazaña, se confrontará con textos malignos; se apoyará en libros aliados; descubrirá que los libros revelan cosas que uno no sabía de sí mismo, y que pueden ayudarnos a sobrevivir los días más duros de nuestra existencia; aprenderá que los buenos lectores también saben leer a las personas; conocerá la diferencia entre la vana erudición y la verdadera sabiduría. Asimismo, Catalina le mostrará la fortuna de la lectura compartida y que los grandes lectores siempre mejoran los libros, los modifican para los demás y son capaces de detonar una “lectura en forma de río”, cuyas “aguas” están en constante cambio.

Viaje de aventuras e iniciación dentro del laberinto de una biblioteca, El libro salvaje también es un relato de amor a la lectura y la imaginación, de la existencia secreta de los espíritus inmortales que habitan en los libros y de las personas que se internan en ese universo: historia de algunos lectores prínceps, de ciertos lectores normales —aunque quizá muy esforzados— y de los raros domadores de fieras del papel en blanco, esos valientes que se arriesgan en la tarea de la escritura.

Para concluir, comparto un hermoso cortometraje, que es otro ejemplo de la vitalidad eterna de los libros y el amor que uno puede sentir por ellos.

Villoro, Juan. El libro salvaje. México: FCE, 2014.


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