O Fortuna: algunas caras de la suerte

Una de las formas estéticas más recurrentes en la historia de las artes occidentales es, sin lugar a dudas, la fortuna: a música, las artes plásticas, la escultura, la arquitectura, la literatura, el teatro y la danza se han ocupado de ella en alguna ocasión. En Cármina burana (erróneamente pronunciado “Carmina burana”) de Carl Orff tenemos un excelente ejemplo de entrecruzamiento de las artes: se trata de una colección de cantos goliardos de los siglos XII y XIII, compendiados en un manuscrito, y que por lo general se representan en el teatro, con música en vivo y bailarines. Recordemos rápidamente cómo va:

Oh Fortuna,
como la luna
variable de estado,
siempre creces
o decreces;
¡Qué vida tan detestable!
ahora oprime
después alivia
como un juego,
a la pobreza
y al poder
lo derritió como al hielo.

Suerte monstruosa
y vacía,
tu rueda gira,
perverso,
la salud es vana
siempre se difumina,
sombrío
y velado
también a mí me mortificas;
ahora en el juego
llevo mi espalda desnuda
por tu villanía.

La Suerte en la salud
y en la virtud
está contra mí,
me empuja
y me lastra,
siempre esclavizado.
En esta hora,
sin tardanza,
toca las cuerdas vibrantes,
porque la Suerte
derriba al fuerte,
llorad todos conmigo.

Quien desee refrescar su memoria puede ver aquí un video con este fragmento de Cármina de Orff, bajo la dirección de André Rieu:

En las siguientes líneas me gustaría centrar mi atención en las representaciones pictóricas de Fortuna, la diosa romana del destino y de la suerte, que distribuía a su antojo entre los mortales el bien y el mal.

Fortuna era el equivalente de la griega Tique. En Roma era considerada protectora de los hombres, patrona del destino, guía de los caminantes y diosa de los caballeros. Los romanos la celebraban el 24 de junio (Horacio: I, XXXV) y, según Pedro Chico de Guzmán y Salcedo, le “daban diferentes nombres: la llamaban Varonil, Pacífica, Virgen, Fortuna del pueblo Romano, Fortuna de Augusto &c., según las ocasiones en que la invocaban, o los atributos que la daban” (II, 116).

Las representaciones gráficas más características de Fortuna la muestran como una mujer de pie sobre una rueda o un globo, sosteniendo una vela, un timón, una cornucopia o un caduceo. Así aparece en La mythología explicada para la inteligencia de todos, en la traducción de Pedro Chico, y en grabados de diversos siglos. También podía llevar un sol, una luna o una estrella –la estrella polar– en la frente, en señal de que presidía el paso de los hombres sobre la Tierra (Noël: I, 563).

Pág. 114.
Pág. 114.
Grabado representando a la Fortuna (s. XVI). Fuente: Wikipedia.
Grabado representando a la Fortuna (s. XVI). Fuente: Wikipedia.

Así mismo, a veces la representaban calva, con alas, con los ojos vendados, con un caballo con su brida, o tambaleándose.

Fuente no identificada
  Autor: Durero. Fuente: http://www.britishmuseum.org/collectionimages/AN00027/AN00027744_001_l.jpg
Autor: Melchior Lorck. Fuente no identificada
Autor: Melchior Lorck. Fuente no identificada

En su versión de mala fortuna, o mala suerte, se ve a la diosa en el mar revuelto, en un barco sin timón y con las velas rotas.

Autor: Andreas Summer. Fuente no identificada
Autor: Andreas Summer. Fuente no identificada
Autor: Jacopo Caraglio
Autor: Jacopo Caraglio

Los acompañantes de Fortuna solían ser Hermes, quien por lo general es representado defendiendo a Fortuna, y Pluto, a quien ella suele traer en brazos.

Alciato, Emblematum liber.
Con Hermes. Fuente: Alciato, Emblematum liber.
Con Hermes y con Virtud. Fuente: Luciano, I dilettevoli dialogi
Con Hermes y con Virtud. Fuente: Luciano, I dilettevoli dialogi

Durante el Medioevo la rueda de Fortuna se hizo más y más grande –recordemos que antes la diosa estaba parada sobre una pequeña rueda o esfera–, que representaba los altibajos de la suerte de los hombres. Ya en el Codex Buranus o Cámina burana tenemos esta gran rueda:

Codex buranus
Codex buranus

El simbolismo de la rueda es, creo, fácil de percibir: a veces se está arriba, a veces se está abajo. En el poema alegórico Le Roman de la Rose, de Guillaume de Lorris y Jean de Meung, y en Facta et dicta memorabilia de Valerio Máximo hay una imágenes que sintetizan esta variabilidad.

F. 58r.
Le Roman de la Rosa, f. 58r.
Facta et dicta memorabilia, f. 37.
Facta et dicta memorabilia, f. 37.

Como se ve en este rapidísimo repaso, la iconografía de Fortuna se ha ido modificando con los años, en función del horizonte estético de cada época. Sería de lo más deseable que quienes nos dedicamos al estudio de algunas de las artes tengamos conocimiento, aunque sea más o menos básico, de las otras, pues los fenómenos artísticos suelen nutrirse de un modo u otro del mismo sustrato. Esto enriquecería nuestra interpretación y ensancharía nuestra mirada, brindándonos una oportunidad para comprender mejor el arte como un fenómeno complejo y de incontables aristas.

 

Bibliografía

 

 


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