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John Aubrey: biógrafo de minucias

AubreyA decir de Marcel Schwob, el arte del biógrafo consiste en la elección de vidas únicas, en la capacidad de crear incluso “sumido en un caos de rasgos humanos” y en la habilidad de iluminar con la misma energía tanto la vida de un pobre actor, como la existencia de Shakespeare (Schwob, 11).

Schwob le recrimina a los biógrafos, especialmente a los antiguos, su inquietud por exaltar la vida pública, a costa de ignorar datos preciosos de lo cotidiano, como aquel que consigna sobre la nariz chata de Sócrates. Para conocer la vida de los hombres de la Antigüedad, opina Schwob, no queda más que acercarnos a las obras de Ateneo, Aulio Gelio o Diógenes Laercio, antecedentes de las biografías escritas por John Aubrey.

Si bien censura el estilo de John Aubrey, Schwob advierte el instinto de este inglés, que logró en Vidas breves apuntar los rasgos únicos de cada uno de los hombres que biografió. Sin entrar en los pormenores de sus obras, pues “Casi nunca se sabe si habla de un matemático, de un hombre de Estado, de un poeta o de un relojero” (9), Aubrey —quien además de escritor fue un reconocido anticuario— consignó minucias de la existencia de grandes personajes como William Shakespeare, Francis Bacon o Tomás Moro. A través de los detalles de lo cotidiano que resguardó Aubrey —como ese que nos informa que a Erasmo de Rotterdam no le gustaba la cerveza de Cambridge—, los hombres de otros siglos nos parecen más cercanos.

Como ejemplo de la obra de este autor (sobre quien habré de volver en una próxima entrega), transcribo un fragmento de la biografía que le dedicó a Desiderio Erasmo, traducida por Augusto Monterroso.

Desiderio Erasmo

Su nombre era Gerard Gerard, que él tradujo por Desiderius Erasmus. De Rotterdam. No le gustaba el pescado, aunque nacido en un pueblo de pescadores.

Fue engendrado (como dicen) detrás de la puerta. Su padre tomó gran cuidado en enviarlo a una excelente escuela, que estaba en Dusseldorf, en Cleveland. Siendo un muchacho delicado, su madre no lo confió a una pensión, sino que tomó una casa cercana, y le preparaba cordiales.

Pertenecía a la orden de los agustinos, cuyo hábito era el mismo que usaba el encargado de la Casa de la Peste en Pisa, Italia, así que, caminando en esa ciudad, la gente le hacía señas de que se quitara del camino, tomándolo por el encargado de la casa, y como él no entendía lo que le querían decir, seguía su camino, hasta que uno le dio de palos. De regreso en Roma puso una queja y consiguió la dispensa del hábito.

Estudió un tiempo en el Queens College en Cambridge. Su habitación daba sobre el agua. Menciona su estadía ahí en una de sus Epístolas y condena la cerveza local (Aubrey, 31).

Bibliografía:

  • Aubrey, John. “Desiderio Erasmo” en La vaca. Augusto Monterroso (Trad.). México: Alfaguara, 1998.
  • Schwob, Marcel. Vidas imaginarias. Buenos Aires: Centro Editor de América Latina, 1980.
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