La geografía del destino

WebEn más de una ocasión, y en especial en circunstancias cruciales, me he preguntado si geografía es destino. La pregunta vuelve una y otra vez, no para encontrar una respuesta, sino para reiterar que sí, lo es. Creo que el sitio en el que nacemos tiene todo que ver con el modo como aprendemos a ser y a relacionarnos con el espacio y con los demás. También creo que los otros sitios, si es que los hay, en los que fijamos residencia, afectan nuestra percepción de la vida aunque no siempre tengamos plena conciencia de ello.

Al igual que los individuos, los espacios viven atravesados por su historia, sus historias. Y esa impronta del pasado es la que se relaciona con nosotros al llegar a cada sitio. Hay en este vínculo cabida para la sorpresa, las coincidencias, la nostalgia, las comparaciones, los olvidos. Tal vez por eso, cada lugar visitado se queda con algo de nosotros y nos otorga algo de sí para llevarlo a todas partes o de vuelta a casa.

Esta suerte de cartografía personal es el mejor modo que he encontrado para hablar de la poesía de Wendy Guerra (La Habana, Cuba, 1970) en Ropa interior. Aunque el título no me parece de lo más afortunado, poco a poco le voy encontrando sentidos. El primero y más evidente es el epígrafe tomado de las cartas de Anaïs Nin: “… El editor me regresó el libro diciendo: <<Madame, llévese toda su ropa interior, no nos interesa su libro…>>”, el cual nos advierte que estamos a punto de entrar en el terreno de lo privado y lo íntimo, tal vez lo erótico. De hecho así es, la carga erótica expresada en el universo íntimo de lo femenino atraviesa todo el poemario no sólo como evocación del amor, sino como vivencia plena del cuerpo; pero también accedemos a otros ámbitos recónditos, como el de la memoria, la nostalgia, lo incomprensible que a veces resulta el pasado, el exilio: esos espacios que alguna vez nos determinaron y a los cuales sólo podemos volver a medias.

La poesía de Guerra se encuentra iluminada por una geografía de contrastes. De pronto aparece Cuba, la isla de la infancia y la adolescencia, la isla doliente del desterrado, la isla que uno se inventa o la que no comprende:

Tu nombre en todas partes

me persigue

tendiendo a la inestable tempestad

te dejo mis huesos sobre el barco

y me alejo en la regata del dolor

mirando

como Cuba se parece al garabato (33).

Aparece la isla, pero también la nieve imposible sobre Cuba, la nieve del destino parisiense (como en el poema “Nieve en La Habana”), y en medio de los opuestos, la memoria o la decisión de ser parte de ambos sin perderse a uno mismo en el intento. Así leemos en “Lejana como Cuba”:

            Lejana como ella         Aproximándose a tu salvación

Breve al norte voluptuosa al sur

Dormida sin tu nombre          Perseguida

Con la brújula al polo y las alas atentas a tus pies

Esperando por ti         con todos mis arraigos de tierra y luz

Sin esa lágrima que te duele y te despide

Aquí me tienes

Lejana como Cuba (55).

El poema que da título al libro, propone un sentido más de la imagen de la “ropa interior”: la vocación, casi necesidad, por la escritura entendida como medio de creación y salvación, como sitio donde uno puede encontrarse y ser, recrearse desde cualquier sitio, darse el nombre o todos los nombres que considere necesarios:

            Soy mi texto y lo que trato de ocultar en el peligro de la

supervivencia

ropa interior en frasco de otro baño   otra humedad

mucho frío

Los abrigos no existen                        se regalan a otra mujer que fui

en el ritual ajeno

no hay nieve en el país y aunque rompa a llorar

eternamente

Sólo en ropa    interior logro salvarme (28).

La “Ropa interior”, decía antes, es expresión del deseo y el amor, de la vivencia del cuerpo y la entrega total sin mesuras, sinónimo de pasión y de promesa. A pesar de la tristeza sutil derivada de cada espacio añorado, en la poesía de Guerra palpita con mayor intensidad esa voluptuosidad que igualmente habita en sus novelas y aquí entrelazada con las nostalgias inherentes a los múltiples destinos forjados en cada lugar habitado. Dejo aquí el poema titulado “Palabra de esquimal” a modo de ejemplo y de invitación a visitar estas otras geografías:

Por ti dejaré la nieve y esquiaré en la arena

no escribiré grafittis sobre el hielo

tendré acento de occidente y ropas de verano

mis dientes no ablandarán otra piel que la tuya

mi olor se diluye en tu lavanda limpia

así como el esturión pierde el caviar perderé mi nombre

olvidaré el rito del iglú la mujer y la presa

miraré el deshielo como agua de mi sexo

no regalaré al extraño lo que es tuyo al final de la noche

quedaré en tu cama toreando al fuego

borraré de mi boca el cebo y el pescado

dejaré en libertad los perros del trineo

intentaré olvidar el exilio del hielo

invernaremos juntos mientras duela el invierno

sobre el confín del iceberg      viajando en la isla blanca

sobreviven      una lágrima helada de mi madre

y el murmullo suplicante de tu padre

tal vez la amnesia sea lo mejor

aunque todo parezca de otro mundo

cazaremos juntos

palabra de esquimal (24).

Guerra, Wendy. Ropa interior. Barcelona: Bruguera, 2008.

Imagen: “Mascarón de proa” (1981) de Mario Carreño: http://es.paperblog.com/mario-carreno-la-mezcla-de-lo-puro-398927/


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