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La edad del amor

Machaut et le messagerSegún advierte Ovidio en el libro Amores, la edad adecuada para entregarse al amor es la que conviene a Venus, es decir, la juventud. Una joven linda, explica el poeta, necesita a alguien capaz de franquear los más altos montes, luchar contra los aguerridos mares y vencer a los enemigos que asedian a “la amiga” de su corazón.

800px-Ill-Matched_Lovers_by_Quentin_Massys,_Netherlandish,_c._1520-1525,_oil_on_panel_-_National_Gallery_of_Art,_Washington_-_DSC09936Aclara Ovidio que todo amante es un soldado, por ende, la edad propia para la guerra es la misma que conviene al amor: “¡Vergüenza al soldado viejo! ¡Vergüenza al viejo enamorado!” (Ovidio, 127), exclama el poeta, a la vez que alude a la figura del senex amans, el amante anciano, el viejo enamorado. 

El senex amans —representado muchas veces como el “cornudo” que es burlado por su amada y un hombre joven y viril— es un personaje tipo caracterizado por su fealdad, decrepitud, y por estar casado con una mujer joven a la cual cela de manera enfermiza, como el viejo Carrizales, protagonista de una de las Novelas ejemplares de Cervantes, El celoso extremeño, quien se casa con una hermosa joven, a la cual encierra para que nadie pueda verla. Sin embargo, aunque desde la Antigüedad la literatura ha tratado con dureza a casi todo senex amans, en Le voir dit, La historia verdadera, del trovador Guillaume de Machaut, poeta, compositor y clérigo, nacido hacia el año 1300, se presenta una imagen no desfavorable del anciano enamorado.

Le voir dit fue escrita por Machaut a petición de una joven, que ha sido identificada con Pérone d’Armentières, admiradora del poeta que le envió una canción compuesta por ella, la cual reanimó espiritual y artísticamente a Guillaume. A partir de este primer contacto epistolar, el poeta y la dama intercambiaron cartas y poemas que dan testimonio de una relación a larga distancia, y exhiben un luminoso ejemplo de amor cortés, no exento de tormentos y temores causados por la lejanía y la diferencia de edad entre los amantes.

Le voir dit certifica que cuando Pérone y Guillaume iniciaron su relación, el poeta era un hombre famoso, viejo, tuerto y enfermo de gota. Pérone, en cambio, era una joven noble, afecta a componer y a cantar escritos que trataran sobre el amor. En especial, la muchacha prefería entonar las composiciones de Guillaume, a quien sólo conocía por su obra y reputación: “Aquella que nunca os ha visto,/ pero que os ama lealmente,/ de corazón os hace este presente/ y dice que no ve nada de su agrado/ cuando no os puede ver asiduamente” (Machaut, 27), canta el rondel escrito por Peroné, que inició esta aventura amorosa.

El amor trovadoresco, la ficción de amor, explica Martín de Riquer, puede convertirse en amor real y apasionado; el homenaje del vasallo era, en ocasiones, una metáfora de situaciones sensuales, como el contacto de las manos y “sobre todo el osculum en la boca” (Riquer, 86). En Le voir dit el acercamiento físico ocurre de la siguiente forma:

Había allí un cerezo, al que mucho se debe alabar y apreciar, redondo como una manzana. Tenía follaje muy bonito y un porte tan bello como Naturaleza sabe crearlos. Así que nos levantamos y nos fuimos a sentar a su sombra, sobre la hierba verde. Allí nos dijimos muchas palabras, que no quiero referir porque serían muy largas de contar, pero la bella poseedora de toda dulzura se reclinó sobre mi regazo, y cuando estuvo recostada mi alegría se multiplicó. No sé si durmió, pero dormitó un poco sobre mí. Mi secretario, que estaba allí, se levantó y se fue a coger una hojita verde. La puso sobre su boca y dijo: “Besad esta hoja.” Entonces Amor, lo quisiera o no, me hizo agacharme riendo para besar esa hojita. Pero no me atrevía a hacerlo, aunque la quería mucho. En ese momento, Deseo me lo ordenó, pues a ninguna otra cosa tendía más; decía que me diera prisa en besar la hoja. Si embargo, ella tiró de la hojita, lo que me hizo cambiar de color, pues estaba algo miedoso por la culpa de mi mal de amor. A pesar de ello, di un toquecito cariñoso a su dulce boca, la rocé un poquito. No pasó nada más, es cierto, pero me arrepentí un poco, pues cuando advirtió mi osadía y atrevimiento me dijo con mucha dulzura: “Amigo, sois muy atrevido, ¿es que no conocéis ningún otro juego?” Pero al decirlo la bella sonreía con su muy dulce boca (Machaut, Voir 75).

El juego del amor cortés se funda, sobre todo, en las expectativas, en el deseo y no tanto en la consumación, pues “la dama es poco accesible amorosamente, y no es raro que le complazca hacerse inalcanzable, actitud propiamente femenina, pero también propia del gran señor que hace caro su favor” (Riquer, 86). Sin embargo, en Le voir dit se abandona la rigidez, y la dama se muestra asequible.

La singularidad de Le voir dit resalta no sólo en la combinatoria libre de géneros que la conforman (narraciones, cartas, baladas, rondeles, relatos mitológicos), sino también en la lectura que Guillaume de Machaut realiza de algunas de las reglas de amor cortés: en vez de amonestado, el senex amans es correspondido y éste se entrega de lleno a los vaivenes que causa la pasión; el amor, que debía mantenerse en secreto según la preceptiva del fin’ amor, se hace público gracias al dit compuesto por el poeta; el triunfo feliz del amor a pesar de los maledicentes, que observan con diversión la amistad entre el poeta y la joven; la aparición, como señala María Ángeles Solano Rodríguez, de un clérigo que juega a ser caballero, y que, a pesar de tener todo en su contra, triunfa en sus afanes y puede de nuevo cantarle al amor:

Bonitos lais no he elaborado

mucho tiempo ha,

porque de amor desnudo he estado.

Es momento ya,

compondré un bonito cantar,

estoy obligado,

porque al amor me he entregado

a siempre jamás.

Bibliografía

Machaut, Guillaume. Le voir dit (La historia verdadera). María Ángeles Solano Rodríguez (Int., trad. y notas). Murcia: DM, 2004.

Ovidio. El arte de amar. Madrid: Ediciones Ibéricas, 1965.

Riquer, Martín de. Los trovadores. Pere Gimferrer (pról.). Barcelona: Ariel, 2011.

Imágenes:

1. Machaut et le messager de sa dame

2. Ill-Matched Lovers, de Quentin Massys.

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