Reseña de Juegos de absurdo y risa en el drama

  El absurdo siempre ha estado presente en la historia del teatro occidental: se puede encontrar su huella en las formas arcaicas del arte escénico, como el mimo en siglo V a. C., y rastrear su trayecto hasta las formas teatrales contemporáneas. Para Claudia Gidi Blanchet, del Instituto de Investigaciones Lingüístico-Literarias de la Universidad Veracruzana, el absurdo ha sido una categoría estética muy productiva en Occidente y un medio idóneo para introducir la risa en el arte; por ello lo usa como eje para organizar una lúcida reflexión sobre las relaciones éticas y artísticas que el teatro establece con algunas facetas de la vida humana. La autora centra buena parte de su atención en estudio del Teatro del Absurdo, entendido como un fenómeno histórico complejo que responde a diversas condiciones sociales, filosóficas y estéticas.

Gidi inicia con “La presencia del absurdo en el teatro”, un breve repaso de algunas de las figuras que se han encargado de introducir, a lo largo de los siglos, el absurdo en las variadas expresiones artísticas, y especialmente en las formas dramáticas: el mimo, el tonto, el bufón, el loco, el bobo, el gracioso, etc. En cada una de estas figuras el absurdo adquiere tonos y matices particulares, ligados a la vida cultural que las engendró y las mantiene vivas. Pero, según Gidi, en el amplio repertorio de los juegos con lo absurdo siempre se encuentra, de forma patente o soterrada, una risa de inflexiones populares.

En el segundo apartado, “Absurdo y existencialismo”, la autora concede un espacio a la reflexión sobre esta corriente filosófica, por juzgarla inseparable de la noción de absurdo. El existencialismo, asegura Gidi, se ocupó de la vida en acto y, a diferencia de los grandes sistemas totalizadores, se ocupó de las experiencias concretas del miedo, la angustia y el vacío. Los pensadores existencialistas también “profundizaron en la idea de libertad y procuraron, mediante la acción y el compromiso, darle sentido a una realidad que parecía no tenerlo” (31). En este apartado, que explora la concepción del sinsentido de la vida, Gidi apela a Camus y Sartre, aunque igual a los antecesores de estos filósofos franceses (Kierkegaard, Schopenhauer, Nietzsche y Kafka), y entreteje los aportes de los “pensadores del absurdo” (38) con las circunstancias que propiciaron el estallido de las dos guerras mundiales en la primera mitad del siglo XX.

En el tercer apartado, “La dramaturgia del absurdo”, Gidi relaciona las preocupaciones filosóficas de los mencionados pensadores del absurdo, para quienes la angustia metafísica fue un importante eje temático, con las preocupaciones artísticas de los dramaturgos del absurdo, para quienes éste fue, además, una forma de expresión y una visión de mundo. Conviene recordar que algunos existencialistas, como Satre y Camus, también fueron dramaturgos.

En el cuarto aparatado, “¿Teatro del absurdo hispanoamericano?”, la autora recupera las opiniones de críticos que niegan o afirman la presencia del absurdo en el teatro hispano o latinoamericano. A continuación, Gidi revisa cuáles serían los rasgos distintivos de éste, en comparación con el europeo, e incluso pone sobre la mesa de debate la pertinencia de distinguir entre ambas tradiciones. Por último, presta atención al elemento social que suele entremezclarse en el teatro hispanoamericano calificado como “del absurdo”.

En el quinto apartado, “La risa y el absurdo”, Gidi explica cómo y por qué la risa es una fuerza organizadora del teatro del absurdo, así como la naturaleza del vínculo entre la libertad y cierto tipo de risa: una risa amarga, ligada al dolor; una risa paradójica nacida del asombro y la angustia. Es la risa que surge de la mirada lúcida enfrentada a la condición misma de la existencia; una risa que expresa la última desesperación.

En el brevísimo apartado final, “A manera de coda”, Gidi retoma su propuesta de pensar la risa como una fuerza fundamental ética y estética del teatro del absurdo, y con base en ello reflexiona sobre las diferencias entre el teatro del absurdo y el existencialista. La risa del teatro del absurdo, escribe, es una risa “compleja y problemática que nos puede salvar de la rigidez y el encarcelamiento, pero, sobre todo, nos permite mirar el mal sin hundirnos en él”.

Me gustaría concluir esta nota enfatizando dos puntos de la propuesta general de Gidi. El primero es el vínculo entre risa y absurdo, o entre éste y un tipo especial de la risa. Mientras que el lenguaje cotidiano suele conferir al absurdo un signo negativo, en la medida en que refiere a algo contradictorio, inconcebible o irracional, en el ámbito cultural y artístico, como bien lo observa Gidi, se ha sacado provecho del absurdo para construir visiones descentradas del mundo. El segundo punto es la dimensión histórica de este ensayo, que, sin ser propiamente de historia, mantiene un diálogo constante y estrecho con ella. Tal es, a mi juicio, uno de sus grandes aciertos: la dimensión histórica de las categorías sobre la cuales Gidi fundamenta la investigación y este libro, que forma parte del proyecto “Manifestaciones estéticas de la risa” (Conacyt núm. 80204), coordinado por Gidi y Martha Elena Munguía Zatarain.

 

 

Bibliografía

Claudia Gidi Blanchet. Juegos de absurdo y risa en el drama. México, Ediciones Sin Nombre / Conacyt / Universidad de Sonora, 2012, 109 págs. ISBN: 978-607-7955-63-4

 


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