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Borges antes del Hipertexto

Por lo general, hablar de Hipertexto es hablar de algo tan cotidianamente desconocido: nada parece surgir como significado, quizás sólo algo relacionado con las computadoras. Digo que es algo tan cotidianamente desconocido porque todos los días tenemos acceso a el a través de los ordenadores personales, las tabletas y los teléfonos inteligentes, ya sea en modo on-line u off-line. Incluso han generado un sinfín de nuevos contenidos potenciados gracias a los nuevos medios como las aplicaciones (apps), los videojuegos, las series televisivas y el cine en este nuevo orden llamado Transmedia.

En 1995 justo después de la comercialización del Internet y la Web, algunos académicos comenzaron a reflexionar en torno a esta tecnología informática la cual derivó en el desarrollo de una “Teoría del Hipertexto”. La propuesta de George P. Landow es la de apuntar convergencias o interpelaciones entre la Informática (Hipertexto) y la Teoría Literaria (Kristeva, Bakhtin) ya que ambos campos tienen mucho en común.

El Hipertexto es una tecnología informática que consiste en lexias (bloques de texto, datos individuales) enlazadas entre ellas gracias a enlaces electrónicos.

La aparición de esta tecnología, producto del trabajo colaborativo de programadores a lo largo de 20 años, hicieron posible la construcción de una red informática mundial (Internet) y de un repositorio global donde toda la información generada por el ser humano converge  (Web).

La característica definitoria del Hipertexto es precisamente el enlace electrónico. Las formas de jerarquizar contenido, argumentos se vinieron abajo con la posibilidad de ir dando “saltos” de documento a documento. La textualidad electrónica trajo como consecuencia la ruptura de la lnealidad o la secuencialidad tradicional. El nuevo escenario habla de no-linealidad, de sistemas hipertextuales, de redes y multimodalidad; pero quizás de algo más interesante: el lector abandona su papel pasivo y se convierte en un activo co-autor de la obra gracias a sus desiciones y a los “saltos” que estas mismas ocasionan, exponiendo que el Hipertexto va mas allá de la información (texto, imagen, video…etc), también tiene que ver con enlaces lógicos y conceptuales destinados a asistir en la toma de desiciones.

Muchos señalan que el Internet y la Web trastocaron la “Galaxia Gutenberg” (McLuhan), cuando en realidad esta tecnología informática es la responsable de esta re-orientación de la realidad ofrecida por la lógica de la imprenta a lo largo de varios siglos.

Borges

Jorge Luis Borges. imagen recuperada de Culturedarm http://bit.ly/1WgZiOv

Sin embargo, el resto de este comentario va mas orientado a ese espíritu, al de realizar fuera de esa lógica lineal las convergencias o interrelaciones distantes, saltos entre algunos textos de Jorge Luis Borges que en lo personal, son de utilidad para comprender ese concepto tan cotidianamente ignorado: el Hipertexto.

Los académicos de los New Media y algunos programadores siempre refieren en sus epígrafes o textos introductorios a Borges, en particular “El Jardín de los Senderos que se Bifurcan”.

Características técnicas del Hipertexto, el Internet y la Web

La portabilidad, la metáfora de fichas, la construcción de sistemas y redes hipertextuales donde esté contenida toda la información a distancia de un sólo click, la no-linealidad en el “Aleph”:

(…) Todo lenguaje es un alfabeto de símbolos cuyo ejercicio presupone un pasado que los interlocutores comparten; ¿cómo transmitir a los otros el infinito Aleph, que mi temerosa memoria apenas abarca? Los místicos, en análogo trance prodigan los emblemas: para significar la divinidad, un persa habla de un pájaro que de algún modo es todos los pájaros; Alanus de Insulis, de una esfera cuyo centro está en todas partes y las circunferencia en ninguna; Ezequiel, de un ángel de cuatro caras que a un tiempo se dirige al Oriente y al Occidente, al Norte y al Sur. (No en vano rememoro esas inconcebibles analogías; alguna relación tienen con el Aleph.) Quizá los dioses no me negarían el hallazgo de una imagen equivalente, pero este informe quedaría contaminado de literatura, de falsedad. Por lo demás, el problema central es irresoluble: La enumeración, si quiera parcial, de un conjunto infinito.

(…) En la parte inferior del escalón, hacia la derecha, vi una pequeña esfera tornasolada, de casi intolerable fulgor. Al principio la creí giratoria; luego comprendí que ese movimiento era una ilusión producida por los vertiginosos espectáculos que encerraba. El diámetro del Aleph sería de dos o tres centímetros, pero el espacio cósmico estaba ahí, sin disminución de tamaño. Cada cosa (la luna del espejo, digamos) era infinitas cosas, porque yo claramente la veía desde todos los puntos del universo. (…) vi en el Aleph la tierra, vi mi cara y mis vísceras, vi tu cara, y sentí vértigo y lloré, porque mis ojos habían visto ese objeto secreto y conjetural, cuyo nombre usurpan los hombres, pero que ningún hombre ha mirado: el inconcebible universo.

El Aleph (1949)

Jorge Luis Borges

Los enlaces lógicos y conceptuales del Hipertexto.

Destaca del “Jardín de los Senderos que se bifurcan” los distintos niveles a los que el lector, leyendo a otro lector que lee a otro lector presenta para ir dando “saltos”. De igual forma la descripción del laberinto, un laberinto de símbolos, un invisible laberinto de tiempo:

(…)Me detuve, como es natural, en la frase: Dejo a los varios porvenires (no a todos) mi jardín de senderos que se bifurcan. Casi en el acto comprendí; el jardín de los senderos que se bifurcan era la novela caótica; la frase varios porvenires (no a todos) me sugirió la imagen de la bifurcación en el tiempo, no en el espacio. La relectura general de la obra confirmó esa teoría. En todas las ficciones, cada vez que un hombre se enfrenta con diversas alternativas, opta por una y elimina las otras; en la del casi inextricable Ts’ui Pên, opta— simultáneamente—por todas. Crea, así, diversos porvenires, diversos tiempos, que también, proliferan y se bifurcan. De ahí las contradicciones de la novela. Fang, digamos, tiene un secreto; un desconocido llama a su puerta; Fang resuelve matarlo. Naturalmente, hay varios desenlaces posibles: Fang puede matar al intruso, el intruso puede matar a Fang, ambos pueden salvarse, ambos pueden morir, etcétera. En la obra de Ts’ui Pên, todos los desenlaces ocurren; cada uno es el punto de partida de otras bifurcaciones. Alguna vez, los senderos de ese laberinto convergen; por ejemplo, usted llega a esta casa, pero en uno de los pasados posibles usted es mi enemigo, en otro mi amigo. Si se resigna usted a mi pronunciación incurable, leeremos unas páginas.

(…) La explicación es obvia: El jardín de los senderos que se bifurcan es una imagen incompleta, pero no falsa, del universo tal como lo concebía Ts’ui Pên. A diferencia de Newton y de Schopenhauer, su antepasado no creía en un tiempo uniforme, absoluto. Creía en infinitas series de tiempos, en una red creciente y vertiginosa de tiempos divergentes, convergentes y paralelos. Esa trama de tiempos que se aproximan, se bifurcan, se cortan o que secularmente se ignoran, abarca todas la posibilidades. No existimos en la mayoría de esos tiempos; en algunos existe usted y no yo; en otros, yo, no usted; en otros, los dos. En éste, que un favorable azar me depara, usted ha llegado a mi casa; en otro, usted, al atravesar el jardín, me ha encontrado muerto; en otro, yo digo estas mismas palabras, pero soy un error, un fantasma.

El Jardín de los Senderos que se Bifurcan (1941)

Jorge Luis Borges

Ambos fragmentos exponen las características del Hipertexto fuera de la información y más allá de los enlaces, “El tiempo se bifurca perpetuamente hacia innumerables futuros”.  Marie Lauren Ryan ha trabajado en los últimos años el concepto del texto virtual, donde explora las posibilidades argumentases de Hipertexto en estructuras narrativas, pero esa será otra discusión en otro post. Al menos, con la lectura de estos textos de Borges ya no debe quedar el significado vacío o en blanco cuando hablemos de Hipertexto, al menos eso espero.

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Bibliografía

Jorge, Luis Borges. (2011) “Jorge Luis Borges. Cuentos Completos”, Lumen, México.

Landow, George. (1997) “Teoría del Hipertexto.” Paidós, España.

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